La Torre
Bienvenidos a La Torre, un foro de rol progresivo basado en las Crónicas de la Torre, trilogía escrita por Laura Gallego García.

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Asedio al Palacio Élfico

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Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  La Diosa el Vie Ago 09, 2013 1:46 pm


~ Asedio al Palacio Élfico ~



El Anillo brilla bajo la luz de un sol naciente. Todo está en calma. El día acaba de llegar y la ciudad aún duerme. Hay guardias recorriendo las calles, son los que acaban el turno de noche, y se les suman los del turno de día. Alrededor del palacio, están apostadas las tropas, que vigilan el edificio en silencio.

Alrededor de la ciudad, entre los árboles, asoman picas plateadas y algunas lanzas y, a lo lejos, los arqueros prueban las cuerdas de sus arcos. Se hallan escondidos entre la maleza, pero no tardarán en advertir su presencia. Son demasiados ejércitos. Han venido de todos los puntos del continente duques y condes con sus respectivas tropas, conformando así los ejércitos élficos, que vienen del norte y del sur, del este y del oeste, para recuperar su reino.

También está presente el ejército de Zhanthé, casi al completo, y buena parte de las tropas del Concilio, aunque no llegan a la mitad. Los comandan tres archimagos: Rahnag Ahgóh, Marie Du Ciel y Lord Strord. A lomos de sus corceles, los tres recorren las filas de soldados y dan las últimas instrucciones del ataque.

Los nervios se pueden palpar en el aire y también la furia de los elfos. Se mantienen, silentes, ocultos entre los bosques de las montañas, y las copas de los árboles los protegen de miradas indiscretas. Pero son muchos y están deseosos de sangre.
La batalla está a punto de comenzar...











    NOTAS
    + Todos los que vayan a participar, pueden ir posteando en este tema.
    + Aquí se narrará la batalla general y su comienzo. En el caso de que sea necesario un encuentro aparte entre unos personajes específicos, se roleará en otro tema.
    + Los posts hechos con la cuenta de La Diosa servirán para manejar NPCs o para narrar lo que sea necesario.
    + Se puede sumar quien lo desee, esté inscrito o no, siempre que se justifique en el post la presencia del personaje en la batalla.


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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Felix Vonturin el Vie Ago 09, 2013 6:13 pm

El Anillo brilla bajo la luz de un sol naciente. Todo está en calma. El día acaba de llegar y la ciudad aún duerme o eso pensaban ellos,ser tan osados de mostrar todo nada mas llegar...eran muchos,demasiados,nos machacarían probablemente,pero si conseguía llevarme a algún archimago o muchos magos sería perfecto,habría cumplido mi objetivo,subí a la muralla que nos separaba del bosque mostrándome al descubierto como burlándome de ellos,es mas era lo que quería reírme en sus caras,pronuncie un par de palabras y mi vista se volvió como la de un halcón.

Pude reconocer a varias personas pero en especial a tres archimagos:Rahnag Ahgóh, Marie Du Ciel y Lord Strord.

Lord Strord...Vaya habían mandado a su gran estratega de guerra,pensarían que tenía un ejercito enorme,perfecto,todo salía bien por que apenas eramos unos 400,24 mago,el resto caballería,arqueros y guerreros y bueno un soldado que llegaba tarde,maldito Arthur,se había retrasado,mejor,si le cogían mientras luchaba le mataría yo mismo,el era mi pieza maestra de mi plan,esperaba que no se acercase por allí con sus indicaciones para realizar la invocación de Ymir era suficient.

Invoque seis alas a mi espalda las mas brillantes y angelicales que se habían visto nunca en todos los reinos,llamaría la atención del enemigo y baje de la muralla a la puerta del reino donde me esperaban mis fieles hombres y mujeres.

Me mantuve flotando con las alas agitándose mientras me preparaba para hablar.

-Hermanos,Hermanas...Hoy es el gran día,hoy moriremos por la causa mas fiel jamas vista,viviremos por la eternidad para nuestros sucesores,seremos grandes y cada vida nuestra formara una estrella y con todas una constelación ¡ UNA CONSTELACIÓN DE SACRIFICIO Y HONOR,UNA CONSTELACIÓN DE VIDA Y ESPERANZA PARA EL MUNDO !,nuestras vidas no se irán en vano,se irán por un futuro de igualdad para todos,por un mundo donde la gente no muera por sus dioses,una utopía de paz y armonía donde nuestros únicos dioses seamos nosotros mismos...HOY MORIREMOS EN CUERPO PERO NUESTRAS ALMAS SE MANTENDRÁN POR LA ETERNIDAD,POR NUESTROS HIJOS,AMIGOS O FAMILIARES MUERTOS POR LAS ABSURDAS GUERRAS DE SUS DIOSES,HOY VERÁN EL PODER DE LA RABIA Y DEL DOLOR,DEL SUFRIMIENTO Y LA GLORIA DE UNA MUERTE HONORABLE...¡¡¡HOY SEREMOS HEROES!!!-lo dije con todo el sentimiento que me fue posible,ver sus caras me daba fuerza y me provocaban no tener miedo a nada,que me respondiesen con sus gritos y vitoreos me demostraron que efectivamente hoy seriamos grandes,seriamos mas grandes y heroes de lo que habíamos sido nunca.

Me enfunde mi casco y sonreí por ultima vez a mis fieles,volé hasta detrás de las filas seguido por los magos,los guerreros y caballería se posicionaron en las puertas y los arqueros y subieron a la muralla y pusieron en funcionamiento las maquinas de guerra y cargaron sus arcos esperando el movimiento de los enemigos.

Mientras echaba la ultima vista atrás sentí pena,pude sentir algo,aquella gente luchaba por un sueño puro,incluso darían sus vidas por el mismo y aquello me enorgullecía tanto que decidí cambiar de planes,quería que viviesen lucharíamos por la victoria,pare de andar y llamé su atención.

-HOY LUCHAREMOS POR LA VICTORIA Y POR NUESTRAS VIDAS...-Dije mientras volvía a recuperar la marcha,esta bien,invocaría a Ymir y lo intentaría dominar,era una invocación muy difícil y no estaba capacitada para ella pero con otros 13 magos podríamos controlarlo desde el interior del palacio.

Cogí el organigrama y pusimos rumbo al palacio mientras 11 de los magos se dispondrían a cubrir al resto de los guerrero enemigos.

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Kvothe Assherai el Vie Ago 09, 2013 6:49 pm

El palacio Elfico. Hogar de Felix, el traidor. Allí es donde iba a ocurrir la gran ansiada batalla que muchos esperabamos. La batalla por la liberacion de el Anillo. Yo no estaba entre las filas del ejercito. Yo estaba en las murallas, oculto, junto a un guerrero y un mago de transformación. Nosotros seríamos los que nos ibamos a colar en el palacio y abririamos las puertas. Sería algo costoso y peligroso a la vez. Pues si nos encontraban, podriamos correr mucho peligro. Pero para eso estaba Relian, el mago de transformación.

Estabamos preparando las cuerdas para trepar por la muralla cuando Felix apareció en la muralla. Estaba a un tiro de flecha desde donde yo estaba. Pero no podía arriesgarme, no en ese momento. Miré a mis dos compañeros y empezamos a trepar por la muralla con las cuerdas. Por suerte, cuando llegamos, Felix estaba dando el tipico discurso de batalla. Bien, eso nos facilitaría las cosas.
Relian se acercó al guerrero y a mi y con un hechizo de transformación, los tres dejamos de ser nosotros mismos y nos hicimos pasar por guerreros del Palacio. Empezamos a caminar en dirección a las puertas, por suerte, estaban en unas almenas en las que no se veía absolutamente nada. Por lo que si había algún soldado, no podría dar la voz de alarma, no hasta que abrieramos las puertas.

Cuando llegamos a las almenas, había dos guardias vigilando las palancas de las puertas, les silbé y antes de que se pudieran dar la vuelta. Calleron bajo el acero de mi compañero y el mio. Nuestra apariencia volvió a ser la de antes, y sin tardar un segundo más. Abrimos las puertas y Relian dió la señal con una bola de fuego.

Era hora de la batalla

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  La Diosa el Vie Ago 09, 2013 9:14 pm


El archimago mantuvo los ojos fijos en la ciudad de El Anillo, en sus murallas y en las cumbres del castillo, que se alzaban hacia el cielo. Sobre los montes, muy lejos, se veían las torres de la Escuela del Bosque Dorado y, en otra dirección, las cúpulas blancas de la Fortaleza de Aryewïe. Su situación privilegiada en una colina elevada le proporcionaba una buena visión de la capital élfica.

El sol de la mañana incidía sobre su piel de ébano y le arrancaba destellos a su impoluta armadura blanca. Lord Strord avistó la figura de Félix Vonturin en la muralla, aunque estaba muy lejos, y supo que dijo algo, pero desde allí no se escuchaba. Tal vez sus magos del sonido habían tenido más suerte que él.

¿Está todo listo? —le preguntó a Marie, en voz baja.

Ella asintió. Solo quedaba esperar por la señal de Kvothe, que ya había sido enviado a El Anillo para infiltrarse y abrir las puertas. Y no tardó en llegar. Una bola de fuego se elevó hacia los aires y rasgó el cielo, dejando una estela anaranjada en su paso. Los comandantes de todos los ejércitos, dispersos por los alrededores de la ciudad, avistaron la bola casi al mismo tiempo y supieron que había llegado la hora.

¡AL ATAQUE! —exclamó Lord Strord, y su grito movilizó a las tropas en apenas unos segundos. No le hacían falta más palabras ni discursos; todos lo admiraban y respetaban a partes iguales, y su simple presencia bastaba para animarlos.

Eran miles de hombres y todos ellos se lanzaron hacia el interior de El Anillo sin saber qué recibimiento encontrarían dentro. Él se teletransportó hasta las puertas de la ciudad, junto con su caballo, y blandió la espada para combatir a los soldados, mientras su ejército avanzaba e iba abriéndose paso hacia el palacio. Vio fuego, fuego de Rahnag, a sus espaldas, y las armas probaron el sabor de la sangre. Conjuró una barrera para protegerse de las lluvias de flechas y centró todos sus sentidos en la batalla, como siempre hacía, y en buscar al traidor para apresarlo. Para que respondiera ante el Concilio.

Los ejércitos de las Casas Élficas atacaron las murallas con fuego. Buena parte de las tropas se quedó fuera, efectuando el ataque desde la distancia, o esperando por si necesitaban refuerzos, pero, en todo momento, lo que hacían era vigilar. Vigilar el transcurso de la batalla. Vigilar una posible huida si la hubiera. «Aunque contra eso no podemos competir», pensó Lord Strord, mientras aprovechaba un corte que tenía en la mano para emplear magia de sangre, deteniendo la circulación de dos soldados, que cayeron sobre el suelo, muertos.

La duquesa del Narciso, que era maga del sonido, se irguió sobre su yegua blanca y enfocó la vista en el reluciente palacio. Tomó las corrientes de aire e hizo que su voz resonara por toda la ciudad, para que Félix pudiera escucharla.

¡Ríndete, traidor! ¡Ríndete si quieres conservar la vida! —exclamó.

Los soldados del rey habían resultado ser menos de los esperados, pero peleaban con rudeza. Y así, mientras la mañana iba avanzando, siguieron sonando las espadas y los clamores y las agonías de los moribundos.

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Kvothe Assherai el Vie Ago 09, 2013 9:51 pm

Después de la señal de Relian, todos los ejercitos fueron directos a la puerta, empezaron a oirse los tipicos ruidos del acero chocando con acero y ese acero atravesando la carne. Sin dudarlo un momento más, salí de la almena, el espectaculo que se presentaba a mi vista era algo nuevo. Pues yo pocas veces, por no decir nunca, había participado en semejantes batallas. Saqué mi arco y apunté a uno de los muchos guerreros enemigos, disparé y la flecha le impactó en el cuello. Un tiro limpio, sin duda. Repetí aquellos movimientos unas cuantas veces más y entonces dejé el arco a mi compañero que me habia acompañado, salté de las almenas y aterricé en el suelo con la suavidad con la que cae una hoja.
Con gran rapidez, saqué mi espada, que brilló a la luz del sol con bastante intensidad. Me defendí de uno de los elfos que me atacó y acabé con su vida con bastante facilidad. Entonces me alejé un poco del combate, pero no por cobardía, si no para ir a ver a una compañera: Catherine.


-¿Que tal vas?

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Felix Vonturin el Vie Ago 09, 2013 10:28 pm

Y las puertas se abrieron y los míos apenas tuvieron tiempo para reaccionar,fuego por todas partes probablemente del Mago rojo,mis magos luchaban por parar ese fuego y vigorizar a los guerreros con conjuros y bendiciones,pero nada,todo era inútil las maquinas de guerra funcionaban y lanzaban grandes piedras contra sus ejércitos al menos caerían muchos soldados de los suyo,como había ordenado los guerreros ignoraban la mayoría de los ataques y centraban su atención en los archimagos a los cuales esperaba que hubiesen herido en algún momento,corrí hacía el palacio y junto a los magos que me seguían realizamos el dibujo de invocación con efectividad y rapidez.

-Bien,preparaos el hechizo es sencillo pero mantener a Ymir sera muy complicado.-invocar al Padre de los gigantes de escarcha,ya raza extinguida,casi un dios,aquello requeriría un poder abrumador pero con trece magos todo sería mucho mas sencillo ellos utilizarían todo su poder yo un pequeña parte para que me reconociese como su invocador y así fue,el palacio no pudo aguantar y el techo se derrumbo,protegí a los magos para que no sufriesen daño y Ymir se levanto,era colosal,enorme,demasiado,casi tanto como la torre,incluso a mi me sorprendió,Arthur dijo que sería grande pero no imaginaba que tanto.

La Piel era blanca nieve he incluso tenía pequeñas montañas en su piel,portaba un arma que me recordaba al Mjolnir de Arthur era un mazo de hielo y un acero de un color plateado demasiado extraña.

-Ymir...Ataca al enemigo...-Vi como una enorme risa salia de el.-No me digas lo que tengo que hacer Elfo Traidor,se que eres mi invocador y se lo que tengo que hacer-Sus ojos electrizantes y gigantes se fijaron en mi y pude observar como un resquicio de sonrisa en el ¿Parecía que me conocía?,Arthur...Seguro que era la persona que mas lo había invocado y probablemente hace poco lo hubiese hecho y le habría contado mis planes,maldito semi elfo,era muy listo y con un poder que asustaba,sonreí y vi como el coloso se empezaba a mover hacía el campo de batalla en apenas dos pasos se encontraba allí aniquilando enemigos a pisotones y mazazos,me fije en los magos habían dejado de utilizar su magia y aun el ser nos obedecía ¿Como era posible,acaso era capaz de pensar por si mismo y tener conciencia?

No lo sabía con exactitud tire,mi casco al suelo y lo mire con incredulidad todo al rededor de el estaba nevado,¿Acaso era tan grande como un titan y solo habíamos podido invocar una parte de el?Por que desarrollar un clima al rededor suya era la capacidad de algo mas que colosal,casi titanico,corrí con los otros trece magos al campo de batalla y al verme los guerreros se reagruparon para separarnos del enemigo,sonreí,se podía decir que feliz,y me recubrí de huesos y las seis alas blancas volvieron a brotar,ahora eramos al rededor de ciento veinticuatro guerreros pero teníamos a un ser Colosal a nuestra disposición.

-Me pedís que me rinda,no os voy a hacer el trabajo fácil-Y sonreí y todo lo muerto estallo en huesos un campo de espinas y huesos,un truco que ya había usado en la guerra de la muralla,mientras Ymir destruía en las afueras el camino que guiaba hasta mi se había vuelto un campo de afilados y puntiagudos huesos.

-VENID POR MI,VAMOS ME ABURRO-Dije mientras de mi mano surgía un escudo de huesos y de la otra un escudo del mismo material,mis magos estaban realmente agotados al igual que mis guerreros pero había algo que nos sobraba,valor y coraje y eso nos haría luchar hasta el ultimo aliento.

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Catherine el Sáb Ago 10, 2013 12:48 am

Era la primera vez que me enfrentaba a una batalla de tal envergadura. Estaba con el equipo de sanadores; habíamos utilizado las bendiciones sobre algunos guerreros, pues eran demasiados para hacerlo sobre todos, y en aquellos momentos aguardábamos nuestro turno para encargarnos de curar a los heridos que hubiera.

Con la señal de Kvothe comenzó la batalla y también la sangre. «Finalmente, incluso nosotros tendremos que matar», pensé, con amargura. Avancé con algunos compañeros hacia la ciudad, alzando barreras para defendernos de los ataques, y me acuclillé junto a uno de nuestros caídos para repararle la herida que tenía en el estómago. Pero no podría sanársela por completo. Había tantos y tantos heridos y tantas y tantas espadas que cercenaban vidas...

Sacudí la cabeza y me concentré en mi tarea. Por suerte, teníamos a nuestro lado algunos soldados que nos cubrían. En el fragor de la batalla, escuché una voz conocida, y vi a Kvothe, que me preguntaba qué tal iba. Yo alcé la mirada, con las manos ensangrentadas. ¿Qué podía decirle? Todos nos jugábamos la vida en aquellos momentos. Todos estábamos presenciando imágenes terribles que no se nos borrarían de la mente jamás.

Hago lo que puedo —dije, sin más, y me giré a tiempo para esquivar una espada.

Y lo que podía no era suficiente. Aún estaba en las puertas de El Anillo, pero cerca del núcleo de la batalla. Musité unas palabras mágicas y lancé al soldado a varios metros de mí, para luego girarme y correr hacia otro de los heridos, que se había caído del caballo. Lo teletransporté a la zona de la colina, donde estaba Helia para atender a los que le lleváramos; allí se encargarían mejor de él.

De nuevo, un estruendo rasgó el aire y se alzó por encima de todos los ruidos de la batalla. Casi por instinto, me cubrí con los brazos, y luego levanté la cabeza, solo para ver una figura enorme, un gigante, que alguien había invocado desde el interior. No había sido ninguno de los archimagos. El gigante nos atacaba a nosotros. «Que la Diosa nos guarde», recé.

Escuché voces entre los gritos. Voces que hablaban de huesos y de magia ósea. Solo esperaba que Lord Strord, que controlaba aquel tipo de hechizos, pudiera hacerle frente al enemigo. Seguí a mis compañeros entre la multitud, concentrándonos sobre todo en mantener las barreras, en guarecer a los soldados, en controlar la supervivencia de los comandantes y también de los archimagos. Nos detuvimos frente a una casa en llamas, con cuerpos calcinados en la puerta, y allí estaba Rahnag, soltando una maldición.

Eso es magia de chamanes —mascullaba—. Tiene un chamán a su servicio. —El gigante seguía agitando su maza y aplastando vidas. Despedía frío. A su alrededor, había nieve, y así lo hizo constar el archimago—. Puta nieve.

Como buen Mago Rojo, empezó a conjurar hechizos de fuego que derritieron el hielo. Parecía bastarse por sí mismo, pero necesitaría concentración para poder hacerle frente a aquella criatura. Me coloqué junto a él y estiré los brazos hacia el frente, levantando una barrera, y mantuve lejos a los atacantes. El elfo siguió con los ojos fijos en el gigante y, por un momento, me pareció ver el fuego en sus pupilas, agitándose. No dijo nada. No le hizo falta. En unos segundos, tres, o cuatro, o cinco... ¿Quién sabe? Las llamas de varias explosiones se confundían las unas con las otras y refulgían entre la nieve, buscando agotarla, buscando lamer los pies de la criatura y acabar con ella.

Todas las atenciones se habían centrado en el gigante, pero no podíamos olvidarnos de Félix. Si era una invocación, lo fundamental sería detener a los invocadores. Busqué a Kvothe con la mirada, pero lo había perdido de vista. «Hay que encontrar a los que hayan invocado a ese gigante. Deben estar dentro del palacio», le dije, telepáticamente. Yo tenía que quedarme allí, tenía que dejar fluir mi magia hacia las barreras.

Volví a rezarle a la Diosa y noté el calor del fuego a mis espaldas y el frío ante mí, no a muchos metros de distancia.

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Sulepeth el Sáb Ago 10, 2013 8:20 pm

Cuando recibí el mensaje telepático de Lucien pidiendóme que participase en la batalla lo primero que respondí fue una serie de palabras que ningún niño (ni cachorro de dragón) debería conocer, por lo que no las pondré por escrito. Sin embargo, yo había ido con Bast y Lucien cuando desaparecieron y era la única que sabía lo que había ocurrido, por lo que había tenido tiempo para hablar con Lucien y hacer una tregua, aún cuando ninguno de los dos pareciese muy dispuesto a cumplirla. Además, por lo que tenía entendido Bast iba a participar en esa batalla, de manera que acabé yendo, por mucha rabia que me diese satisfacer a Lucien.

Un dragón es sin ninguna duda una bestia terrible. Cuando esta bestia en concreto mide el doble que el resto y tiene como aliento un gas ácido que pasaba las barreras y armaduras dando una muerte increíblemente dolorosa, la gran mayoría de los humanos preferirían lanzarse a cualquier dragón de aliento de fuego normal que enfrentarlo.

Eso explicaba porque cuando me lancé como una rayo negro contra la retraguardia de los asediantes, barriendo a mis enemigos con la cola y cortando las armaduras como si fueran hojas con mis garras, la inmensa mayoría prefierese lanzar sus armas y correr, y eso que aún no les había lanzado mi aliento (aunque lo hice casi de inmediato).

La ventaja de tener alas es, basicamente, en que se puede volar, y la ventaja de volar es que te puedes transportar rápidamente por encima de obstaculos físicos como un ejercito. Mi fiero ataque contra la retraguardia ya había causado pánico, pero aún volé un poco por encima del ejercito lanzando mi ácido o cazando a dentalladas en lugares estratégicos, de manera que pronto gran parte del ejercito estaba desmoralizado y se retiraba donde podía. Los mataba como podía, sus flechas rebotaban en mi piel y me había encargado de matar a aquellos que estaban al mando de cada sección, por lo que nadie podía controlar ya a aquellos que corrían por su vida.

Volé tan alto como pude para contemplar mi trabajo. Las perdidas de los asaltantes en soldados no eran bajas, pero lo pero era que gran parte del ejercito que no había entrado aún en el Anillo empezaba a huir en desbandada. Si perdían a todos los que tan dispuestos parecían a huir los defensores solo necesitarían hacerse fuertes y los soldados de dentro de la fortaleza, sin apoyo de fuera, pronto estarían muertos. O aún peor, podían ser atacados también por la retaguardia, lo que dividiría las fuerzas atacantes en dos y los pondría entre dos fuegos (o un fuego y una montaña, viendo el gigante de hielo). Ademas, si los magos se concentraban tanto en tratar de acabar con el titan no podrían apoyar a los soldados de a pié, lo que bajaría aún mas sus números. Tenían que decidir entre tratar de acabar con la invocación y sacrificar parte de sus tropas o continuar con el plan original.

Satisfecha, seguí contemplando desde el cielo un rato mas. Quería pensar bien mi siguiente movimiento.
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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Kvothe Assherai el Dom Ago 11, 2013 6:33 pm

Cuando Catherine me dijo telepaticamente que había que acabar con los que habían invocado a aquella enorme criatura. Un dragón apareció de los cielos. Intimidando a los soldados de la retaguardia. Me teletransporté hacia los soldados más alejados. Cree una barrera invisible para evitar que cualquier soldado huyera, ya fuese humano o elfo. Lancé una bola de fuego al suelo provocando que dejaran de alterarse y se centraran en mi. Desenvainé la espada y me moví de un lado a otro.  

-¡¡SOLDADOS!! SE QUE ESE DRAGÓN ES PODEROSO, ESE GIGANTE TAMBIÉN LO ES. NO DUDEIS EN QUE PODAMOS MORIR HOY. INCLUSO YO PUEDO MORIR, LOS ARCHIMAGOS QUE ESTAN ALLÍ MORIRAN TAMBIÉN, NO LO DUDEIS... ¡PERO TODOS NOSOTROS MORIREMOS PELEANDO! ¡¡TODOS MATAREMOS ANTES DE MORIR!! NO OS PUEDO PEDIR QUE MURAIS POR MÍ, O POR LA PRINCESA. PERO PELEAD POR VUESTRAS FAMILIAS. EVITEMOS QUE NO VUELVA A HABER TIRANIA DESDE ÉSTE CONTINENTE HASTA EL OTRO. ¡¡¡MANDEMOS A TODOS NUESTROS ENEMIGOS AL INFIERNO!!!  

Entonces todos los soldados dieron su grito de guerra y supe que iban a luchar. Que no iban a mirar atrás pasara lo que pasara. Yo también grité, y nuestro grito intimidaria a nuestros enemigos. Nuestro grito daría un mensaje a nuestros enemigos: Nunca nos rendiriamos. Los soldados cargaron de nuevo, dispuestos a matar a cualquiera que se enfrentase a ellos. Y yo también lo hice, pero no hacia los elfos enemigos, si no hacia el dragón. Me hice un corte en la mano y me concentré en la criatura. Pronuncie las palabras del hechizo de aumentar la circulación sanguínea. Ese hechizo, al ser una criatura más grande, requería de más concentración. Pero también era muy eficaz, pues si ese dragón siguiera en el aire, el impacto hacia el suelo seria fuerte al estar débil. Y lo mejor de todo era mi tamaño: El dragón no sabría quien seria el causante.

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  La Diosa el Lun Ago 12, 2013 2:35 pm

El dragón sobrevoló el ejército y lanzó su aliento ácido sobre los soldados, acabando con muchos de ellos y desmoralizando a otros tantos. Marie lo contempló desde su posición en lo alto de la muralla y supo que tenían que matarlo o alejarlo de la ciudad si querían tomar el palacio. Las tropas necesitaban aliento, necesitaban una razón por la que luchar. Eso no era problema para las Casas Élficas, o al menos para la mayor parte de ellas, pues nada caracteriza más a los elfos que el orgullo de su raza. Se jugaban muchas cosas, entre ellas el prestigio, y lo único que deseaban era derrocar a aquel rey tirano. Y Kvothe Assherai se encargó de alentar a sus humanos

La archimaga no había tenido problemas a la hora de arrasar con buena parte de las tropas enemigas, pero todo se complicaba con el gigante y el dragón. Tendrían que combatir con algo que les hiciera digna competencia y ella, haciendo un pase mágico —y no sin desquitarse de un par de enemigos antes—, se teletransportó hasta el bosque, donde reinaba el tumulto y la confusión, donde unos huían y otros corrían hacia la ciudad. Allí estaban los magos, con sus túnicas rojas; allí estaban aquellos a los que la semi-elfa guiaba.

¡Tenemos que demostrar nuestra valía! —exclamó—. ¡Demostremos que todos estos años de magia, y de aprendizaje de magia, han servido para algo! ¡Por nuestras escuelas, por el Reino Élfico, por la magia!

Algunos corearon su voz, otros se mantuvieron en silencio, pero los que parecían dispuestos a arriesgarlo todo eran suficientes. En medio de los murmullos de hechizos mágicos, Marie vino a recordar el día que se enfrentó a la Prueba del Agua, en la Sala de Pruebas de la Torre, antes de los tiempos de Dana. «Agua es lo que necesitamos», pensó. Y entonces empezó a movilizar a sus magos y les pidió que dieran fin a su estrategia de hechizos cortos con los que librarse de unos cuantos enemigos. Necesitaba sus energías. Necesitaba sus mentes despejadas. Los necesitaba a todos.

Podían lanzar conjuros desde allí, desde el exterior de la ciudad. Eran suficientes para crear cosas terribles, y los capitaneaba una archimaga. Se volvió hacia ellos y sus cabellos rojos, largos, larguísimos, ondearon al viento, como una llama, como una bandera sangrienta.

¡CÍRCULO! —chilló—. ¡MAGIA DEL AGUA, MADERA DE LOS ÁRBOLES!

Todos entendieron las órdenes de Marie. Entrenados como estaban para la guerra, los magos se colocaron en círculo. Eran ciento veinte, o ciento cincuenta, o tal vez doscientos, o tal vez más. Algunos ya habían perecido, pero aún quedaban suficientes, y los guerreros los protegían, manteniendo a raya a los enemigos, que aún estaban, en su mayoría, dentro de El Anillo.

MàmAshDòhEwëReveAshDòhEwëLindurOblêvSaselAshReveBehvOblêvLindurEwëSaselPùtherReveEwëNänDòhEwëEwëNänLindurLindurAshMàmAshSasel

La letanía de runas arcanas, en boca de cada uno de los magos, fue ahogada por el sonido de las armas. Un círculo de luz brilló entre ellos, los árboles desaparecieron a su alrededor; o mejor dicho, sus troncos desaparecieron, porque solo quedaron las hojas sueltas. Las mayores fuentes de energías mágicas eran las de la archimaga y las de su compañero, un especialista en Magia Chamánica, que ayudó a dar forma a aquella criatura enorme, gigantesca.

La luz desapareció y descubrió una alta figura, de madera. Tenía forma de ángel femenino, con dos alas gigantescas a la espalda, dos alas extendidas, aunque no volaba. Marie Du Ciel se concentró para controlarla, para dar órdenes, y notó cómo mermaban un tanto sus energías. Por fortuna, contaba con suficientes magos para que su gasto energético no fuera importante.

Y así, condujo a la enorme criatura hacia El Anillo. Al verla, las flechas se clavaron en ella, pero solo pasaban a ser una parte más de su enorme cuerpo. Siguieron volando flechas en varias direcciones, algunas hacia el dragón, otras hacia el gigante de hielo y otras hacia el gigante de madera.

«Rahnag —Marie buscó telepáticamente al Mago Rojo—. Haz que arda». Él no le respondió, pero la había escuchado desde el interior, mientras maldecía al gigante de escarcha y al dragón del aliento ácido. Y de esta manera, cuando el ángel de madera ya estaba en El Anillo, la archimaga advirtió una estela de fuego enorme, colosal, que prendió por toda la madera, levantando una hoguera gigantesca, convirtiendo a la invocación en un ángel de llamas.

Marie Du Ciel hizo al ángel avanzar, hizo que atacara a un lado y a otro, que levantara los brazos ardientes para tocar el cielo, para buscar al dragón o que arremetiera contra el gigante para derretir su hielo, ese hielo que Rahnag tanto odiaba. Sabía que era peligroso, que morirían calcinados los enemigos y también sus propios soldados, pero esos eran los riesgos de la batalla. Había que sacrificar muchas cosas, incluso su propia vida.

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Arthur Angelus Darka el Lun Ago 12, 2013 6:42 pm

Y llegue a tiempo,surcando el cielo con Roc rápido,mas rápido que nunca,explosiones,un ángel de madera y fuego y un dragón,vaya Felix no me dijo que esto fuese tan interesante.

Mi primer impulso fue ir a proteger a Ymir de los ataques,pero me percate que era atacado en dos direcciones,la de un Mago rojo y por el controlador del Ángel de llamas,Ymir rugía mas furioso que nunca y congelaba todo con su aliento mientras aplastaba al enemigo con su enorme maza en busca del mago que le atacase.No mentiré quería matar a aquel mago que estuviese dañando a mi amigo pero tenía que pensar con lógica si hacía alguna acción que pudiese ir en contra del concilio me podrían condenar y tenía que sobrevivir a si se lo había prometido a Felix,pude observar que el ángel quemaba a ambas fuerzas a si que decidí actuar de una manera falsa,busque a la persona que manejase al enorme trozo de madera llameante y lo encontré una mujer,bien fin del juego.

-Roc avanzada hasta la mujer tan rápido como puedas-Y así lo hizo el poderoso Halcón fue abatido por varías flechas y conjuros pero cumplió su objetivo desapareciendo con un graznido victorioso y de furia y me mando volando en dirección a la mujer que controlaba el ángel y tirando a ella y un par de magos al suelo junto a mi,el golpe fue tremendo por lo cual estaba algo desorientado pero actué rápido y consecuente.

-No,no me ataquéis esperad,no podéis quemar a vuestros propios hombres,yo os puedo ayudar,soy maestro de chamanismo,puedo desinvocar a Ymir,digo al gigante,es una de mis invocaciones,solo dejadme tiempo,pero no le dañéis si no...atacará de una manera devastadora,si eso,atacara y ademas...inundara todo si eso también y morirán mucho inocentes.-tuve que mentir,Felix despreciaría ver desaparecer al gigante pero sabía que no lo estaba manejando y por lo tanto Ymir actuaba por voluntad propia con lo que me reconocería y podría desinvocarlo con facilidad-Puedo hacer desaparecer al Gigante,no esta siendo controlado,estoy seguro,el esta actuando por voluntad propia,si me dais la oportunidad de acercarme puedo... y de manera inmediata tuve unas ocho alabardas apuntado hacía mi cuerpo,simplemente esperaba que la mujer del ángel me creyese y alejase el ángel de Ymir,aquello era lo único que me importaba,aunque a Felix le molestase,pero el ya había cumplido su objetivo,matar a mucha gente y reducir de una manera impresionante las filas del concilio,ya podía morir tranquilo pero sabía perfectamente que lucharía hasta el final y que probablemente estuviese atrincherado en las ruinas del palacio detrás de su valle de huesos.

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  La Diosa el Mar Ago 13, 2013 1:48 pm

De pronto, entre el fragor de la batalla, mientras hacía andar al ángel de fuego, una figura se abrió paso entre la multitud. Marie lo vio venir: era un hombre pelirrojo al que no conocía, pero juró ser maestro de magia chamánica y dijo que Ymir era una de sus invocaciones. La archimaga no se fiaba de sus palabras, a pesar de su supuesta intención de hacer desaparecer al gigante. Varios de los guerreros apuntaron a aquel mago que había aparecido de improviso. «Si esa invocación es suya, ha colaborado con Félix». Para ella, era más que evidente. Aún así, decidió probar suerte. Fueran cuales fueran sus intenciones, si de verdad devolvía al gigante a su plano, les haría un favor a todos ellos.

Y si esa es una de tus invocaciones..., ¿quién eres? ¿Un traidor que se cambia de bando? —repuso, con una mirada dura. Pero luego sacudió la cabeza y continuó hablando—: Seas quien seas, si vas a hacer desaparecer a ese gigante de hielo, hazlo ya, antes de que lo calcinemos.

Los guerreros siguieron apuntándolo con las alabardas, pero Marie no les dio orden de que atacaran. Siguió controlando al ángel de llamas e hizo que extendiera las alas y los brazos hacia el dragón, alejándolo un tanto de Ymir, aunque manteniéndose cerca todavía. No se fiaba de aquel chico y sabía que la opción más inteligente era tenerlo vigilado.

En El Anillo, parte de las murallas se habían derruido y habían empezado a entrar las tropas de los Condes de las Margaritas, que se lanzaban al ataque y, también, a la muerte entre el fuego y el hielo. El sol ya había subido en el cielo y sus rayos incidían con más fuerza, iluminándolo todo. Desde allí se veía el humo que salía de algunas de las torres del palacio.

Marie sabía que, si era especialista en magia chamánica, también sabría colarse en mentes ajenas, por lo que afianzó sus barreras mentales para que el mago no pudiera inmiscuirse en sus pensamientos. Y así les dijo, por telepatía, a los magos que tenía cerca: «Vigílenlo de cerca. No sabemos lo que pretende. Si hace algún movimiento extraño, si se une al enemigo, atrápenlo».

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Arthur Angelus Darka el Mar Ago 13, 2013 3:52 pm

Sonreí y me comunique mentalmente con Ymir,pude notar el miedo en el gigante,todos tendríamos miedo si nos atacase una tormenta de fuego y ejércitos enteros,Ymir aporreaba las edificaciones destruyendo todo y arrojando los escombros sobre todos.<<Ymir,ya basta,amigo,esta bien soy Arthur,para,la guerra a acabado para ti vuelve a tu plano. >>Pude notar como Ymir dejaba de aporrear todo y me buscaba con la vista y al final me encontró y asentí con la cabeza serio y mirando su enorme figura,el gigante respondió con un rugido y desapareció dejando una estela de nieve y hielo.

-Ya esta,ya se ha ido no volverá aunque le llamen-respire algo mas tranquilo y me quede allí de rodillas mientras las alabardas seguían apuntando de nuevo hacía mi,mire a la mujer,esperando que diese la orden de que me dejasen de apuntar y pudiese echar una mano a todos sanando a la gente,nadie merecía realmente morir y menos aun los que apoyaban a Felix,no sabían realmente lo que querían y les seguía por que este les prometía una muerte digna,pero una muerte digna no era aquello.

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Catherine el Miér Ago 14, 2013 12:32 pm


No sé cuánto tiempo pasé sosteniendo la barrera que protegía al archimago. Fue mucho, fue demasiado. Cuando alcé la mirada, con los brazos temblorosos, vi más allá del fuego y del humo la figura del gigante, que había dejado de atacar. Y, de un momento a otro, desapareció sin más. Alguien lo había enviado de vuelta a su plano. ¿Significaría aquello una rendición? No, no era así. Los soldados de Félix seguían luchando, aunque era evidente que no los alegraba la ausencia de aquella enorme criatura que los había ayudado. Y el ángel de llamas seguía allí, pero sus esfuerzos se centraban, sobre todo, en el dragón.

«Deja esa barrera», dijo la voz de Rahnag en mi mente. Yo obedecí y deshice el conjuro, solo para que una lluvia de flechas pasara por encima de nosotros. Algunas me aruñaron la piel, pero pronuncié un conjuro de viento desesperado para desviar su trayectoria. Me giré hacia el archimago. Él estaba ileso, y se acercó a mí. Rebuscó entre sus ropas y me tendió un objeto:

Eh, niña, llévale eso a Marie —me ordenó.

Yo iba a hacerle una pregunta, pero él desapareció rápidamente y lo vi reaparecer a lo lejos, invocando nuevas llamas. Miré el objeto que tenía entre las manos. Era una piedra de cristal blanco. No parecía tener nada especial.

Pasé por el campo de batalla y pisé charcos de sangre y esquivé llamas de fuego. Tuve que conjurar otra nueva barrera para repeler los ataques, aunque temblaba cada vez que una espada chocaba con ella. No sabía cuánto tiempo podría mantenerla. Me acuclillé junto a los cuerpos caídos, junto a todos los que encontraba, y a los que todavía vivían les apliqué algunos conjuros de primeros auxilios y los teletransporté a donde se encontraba Helia. Vi los cuerpos de niños elfos sobre el suelo y se me partió el corazón. «Mente fría», me dije, y pasé por las calles, por los bordes de las calles, revisando su estado y salvando a los que podía salvar.

Después de haber cumplido con mi tarea, y aún conmocionada, me teletransporté a las afueras de El Anillo, donde Marie debía de estar. Allí las imágenes no eran tan terribles como en el interior de la ciudad, y vi a la archimaga rodeada por varios magos de túnica roja y un hombre pelirrojo al que apuntaban varios soldados con alabardas.

Marie contemplaba al chico con una mirada dura, pero luego miró a la ciudad, al punto donde poco antes había estado el gigante.

Déjenlo —ordenó, simplemente, y los soldados dejaron de apuntarlo—, pero no lo pierdan de vista.

Yo pasé en silencio por entre los magos, abriéndome paso hacia la archimaga. Mi túnica blanca, aunque manchada de sangre y hollín, me delataba como sanadora de Aryewïe. Y ella me conocería. Había estado presente en el juicio. «Rahnag me ha dado esto», le dije, por telepatía, mientras le tendía el cristal.

Marie lo cogió y lo miró a la luz del sol. Lo giró un par de veces y luego sus ojos se clavaron en el ángel de llamas. Después lo tiró al suelo y lo pisó, rompiéndose así el cristal en mil pedazos. Al principio no sucedió nada. Pero, a los pocos minutos, los trozos de cristal desaparecieron y un destello del mismo color brilló en la ciudad, envolviendo a la invocación.

Y el fuego terminó. La mole de madera cayó sobre una de las torres del palacio, hundiéndola. Contemplé la caída en silencio; solo esperaba que no hubiera nadie allí dentro.


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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Sulepeth el Miér Ago 14, 2013 11:56 pm

Mal las cosas, pintaban mal. La desmoralización inicial parecía haber sido controlada por la arrogancia de los elfos y los gritos de un joven humano, y encima después empecé a debilitarme. El chico parecía que por no ser mas que una hormiga para mí podría encantarme sin que me fijara en él, sin tener en cuenta como había llamado la atención con sus gritos. Además, no era una experta en magia, pero me había enfrentado a Lucien múltiples veces y ya había usado magia de sangre en mí. Reconocí lo que estaba haciendo y consideré que barrerlo con mi cola (a él y ya unos soldados desdichados que estaban demasiado cerca) era castigo suficiente. Sabía que al ser un mago se podía sacar algún truco de la manga para no morir, pero su hechizo de debilitamiento me dio demasiada pereza para perseguirle. Ademas, debía estar agotado de cansar a alguien tan grande como yo, si lo combinábamos con el coletazo incluso aunque sobreviviese estaría un rato fuera de combate.

Para recuperar energías simplemente me instalé en una torre cerca la puerta y me dediqué a lanzar mi aliento ácido para barrar el paso a los soldados enemigos. Al barrar la vía de acceso al interior del castillo aísle a los que estaban dentro, lo que significaba una muerte segura si no lograban una segunda vía para entrar.

Apareció el ángel de madera y fuego. Por un momento me planteé seriamente pelear contra él, pero aún estaba demasiado débil. Me tuve que contentar con mantener mi posición y plantearme que haría en una supuesta pelea con el monstruo "No es estable" pensé "y demasiado lento. Si le golpease con suficiente fuerza en una de sus rodillas lo derribaría".

Mientras descansaba llegaron los refuerzos que me había prometido Lucien. Además de a mi había dado instrucciones a la Guardia de la Noche para que ayudase a Felix en la batalla, una decisión sabia, ya que podía ganar mucho y la Guardia llevaba demasiado tiempo inactiva. Ya hacía tiempo que había dado la orden y la infantería no había llegado, pero si la caballería. Irónicamente, también acompañaban a la caballería maquinas de asedio, considerablemente mas lentas que la infantería, pero eso era porque al ser expulsados del palacio la Guardia no pudo llevarse los escorpiones y las catapultas y las escondieron en un lugar cercano, por si llegaba el momento en que tenían que atacar el palacio élfico. Irónico que ahora als usaran para lo contrario.

Pronto empezaron los ataques de los guerreros de negro. La caballería pesada envueltos en grandes armaduras de acero y con las lanzas de caballería, que concentraba toda la fuerza de la carga en un punto, arrollaron contra un flanco causando una destrucción sin igual. Luego se retiraron mientras eran cubiertos por la caballería ligera: los ejércitos normales usaban arcos, la Guardia era mas partidaria de las ballestas de repetición, la caballería ligera de la guardia combinaba ambos. Llevaban arcos compuestos en la espalda que usaron para disparar contra los enemigos mientras la caballería pesada cargaba, y de sus caballos colgaban ballestas de repetición con las que descargaron una ráfaga de saetas para cubrir su retirada y la de la caballería pesada. Todo usando flechas de aguja, flechas de punta increíblemente fina que podía perforar hasta la mejor armadura. Tras causar tal destrucción, se retiraron junto con sus compañeros los ingenieros de asedio.

La artilleria tampoco se quedó de brazos cruzados. Las catapultas lanzaban su lluvia mortal contra los soldados, y aquellos lo suficiente audaces como para tratar de acercarse donde estaban las maquinas recibían los virotes de los escorpiones, grandes como lanzas, que eran lanzados con tal fuerza que tras clavarse en un soldado continuaba su trayectoria ensartando a varios mas, creando grotescas brochettes humanas.

De mientras, yo ademas de impedir el paso por la entrada del castillo vigilaba a un mago, el que había incendiado al ángel de madera, ya que parecía peligroso. Vi como le daba una cosa a una chica y como esta marchaba al bosque. Poco después el ángel cayó, y como abrió una nueva vía al interior del castillo no tenía sentido seguir guardando esta. Fuí al lugar donde había id a la chica y me encontré con un gran grupo de magos, probablemente los convocadores del angel de madera. sabía que sería peligroso, pero la mayoría estaría cansado y yo ya había recobrado mis fuerzas, por lo que me abalancé contra ellos por sorpresa, destripando y matando con mi aliento. Sería peligroso...lo qual era sinónimo de emocionante.
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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Arthur Angelus Darka el Jue Ago 15, 2013 5:04 pm

Vi como el Dragón se abalanzaba por donde estaba no se lanzaba exactamente a por mi pero pude huir a tiempo escurriendo mi blanco cuerpo por debajo del dragón,corrí tan rápido como pude sin mirar atrás golpeaba a todos los soldados con los que me cruzaba y lanzando hechizos de curación con gran velocidad sobre los que estaban en el suelo,pero aquello se ponía feo,muy feo,mi velocidad no era muy alta al portar el pesado Mjolnir en mi bolsa y solo podía ver como del cielo parecían surgir unas flechas extremadamente finas,mi reacción fue casi inmediata lancé una masa de agua sobre mi y casi al mismo tiempo se congelo aquella masa bloqueando algunas flechas,otras lo atravesaban pero se desviaban al ser tan ligeras,o simplemente se rompían al chocar contra el solido hielo.

Cuando las flechas cesaron pude ver como mas adelante había caído una piedra enorme,genial,ahora maquinas de guerra,pero ¿de donde salía aquella lluvia? por que esas maquinas de guerra no eran del concilio,que yo supiese Felix no tenía tanta potencia ni de ejercito ni armamentistica,decidí ignorar aquello e invoque a Roc de nuevo aunque este aun estaba algo tocado valdría para huir y volver a casa,espolee a este con rapidez mientras cruzaba el cielo a eficaz y veloz.

Roc voló lo mas rápido que pudo mientras yo le sanaba y le ayudaba teletransportando no muy lejos ya que tenía que guardar energías para volver a casa,cuando ya salimos del campo de batalla mire atrás,miles de muertos,quizás mil o dos mil,negué con la cabeza con pena y lancé por ultimo el ultimo conjuro que realizaría allí,pensé en el Castillo del Mar Espectral y lancé el ultimo conjuro de teletransporte para volver a casa,lejos de allí tendría que prepararme para el juicio de Felix no quedaría muy tarde de la fecha.

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Catherine el Vie Ago 16, 2013 1:57 pm

El caos se desató. De la ciudad solo llegaban estruendos horribles y, aunque no podía ver demasiado desde mi posición, sí vi piedras y fuego y flechas romper el cielo. Era horrible. ¿Cuántas vidas se estarían perdiendo aquel día? Estaba desesperada, desesperada porque eran demasiados los muertos y los heridos, y porque me sentía una inútil. No podía hacer nada para salvarlos a todos.

Y pronto, el caos también llegó a donde estábamos. Todo sucedió muy rápido. El dragón se acercó a toda velocidad y se abalanzó sobre nosotros. No tuve tiempo de nada. En un instante, noté que tiraban de mí, que desaparecía... para volver a aparecer a unos metros de distancia. Fuera del alcance del dragón. Escuché un grito. Muchos gritos. Y un sonido desagradable que prefería no saber qué lo producía.

Un dolor me recorrió la mano izquierda y buena parte del brazo. Era un dolor agudo y punzante, casi me nublaba los sentidos. No podía dejarme llevar por mis emociones, no podía dar rienda suelta a mis debilidades. Giré la cabeza y posé mis ojos, humedecidos por las lágrimas que se me escapaban, sobre la herida... Jamás olvidaría esa imagen. Mi piel totalmente quemada, sangre por todos lados. La carne corroída por el ácido. No quisiera entrar en más detalles. Me mordí el labio hasta notar el sabor de la sangre en la boca y corrí, dando tumbos, hacia la protección de los árboles que aún quedaban en pie.

No podía perder mucho tiempo. Tenía que hacer un apaño como pudiera, algo lo suficientemente efectivo como para olvidar el dolor y evitar las distracciones que él pudiera producirme. Algo que durara suficiente. Algo que me permitiera salvar a los moribundos que veía caer a mi alrededor. Como en un sueño, me pareció distinguir la silueta borrosa de Marie. Quizás ella me hubiera salvado. Quizás ella había pronunciado las palabras del hechizo de teletransporte. Quizás estaba herida y yo...



Reve EwëChahlOblêvBehvReveAsh


Mis palabras fueron un susurro, pero noté cómo la energía curativa viajaba hasta mi brazo y apagaba el dolor. Y regeneraba parte de la piel y de la carne chamuscada. Era poco; interrumpí el conjuro antes de que terminara. Pero era suficiente para volver a concentrarme en los heridos. Eso era lo que importaba.

Sacudí la cabeza y corrí hasta Marie. Efectivamente, estaba a mi lado: había sido ella quien había tirado de mí. Y estaba cubierta de sangre, su piel también humeaba por algunas zonas. No dijo nada, pero temblaba. Miré en su dirección y comprendí por qué. El aliento ácido del dragón les había dado de lleno a buena parte de los magos, a aquellos que no habían conseguido escapar a tiempo. Y estaban sobre el suelo... Ni siquiera parecían elfos o humanos. Ni siquiera se podían reconocer sus rostros.

Yo posé mi mano sana en la archimaga. Iba a realizar otro hechizo más, pero ella volvió a tirar de mí, volvió a teletransportarnos a las dos a otro lugar, esta vez más lejos. Cuando reaparecimos, ya estábamos en la espesura.

Estáis... Estáis herida... —balbuceé.

Ella no dijo nada y yo no esperé. Retomé lo que había tenido intención de empezar y sané sus quemaduras. No era el mejor de mis hechizos curativos, pero no podía detenerme mucho tiempo. Había tantos esperando...


Catherine —dijo Marie, sosteniéndome por los hombros—, avisa a Helia. Dile que reparta a los grupos de sanadores; los necesitaremos en todos lados... Pero tú tienes que hacer una cosa. Aumenta la potencia de mis hechizos. Todo lo que puedas.

Yo asentí. Mi primer impulso habría sido lanzarme a curar a todo el que pudiera, pero sabía que solo era una persona, y que eso no cambiaría mucho las cosas. Ella sabía mucho más de batallas que yo y estaba dispuesta a obedecerla en lo que me ordenara, con tal de que aquel infierno terminara cuanto antes. «Helia, necesitamos sanadores donde están... o estaban... los magos de la invocación. Marie dice que debemos dispersarnos por varios puntos del campo de batalla, por los que podamos», le transmití mentalmente a mi Maestra. Me quedaba mucho más tranquila sabiendo que llegarían nuevas ayudas.

Sin tiempo que perder, me volví hacia la archimaga, reprimiendo un quejido. El hechizo que pesaba sobre mi brazo era pobre, muy rudimentario, y todavía me llegaban las punzadas de dolor. Fruncí el ceño y me concentré:



Dòh PùtherMàmIak


«Dóh, pathe, màm, iak. Roca, poder, valentía, vida». Mi energía fluyó hacia Marie y la bendición cayó sobre ella. La semi-elfa posó la mirada en mi brazo, pero no dijo nada.


Voy a entrar en El Anillo. Voy a despejar el camino que lleva al palacio. Dame todas las bendiciones que puedas. Pero guarda energías para una más.

Me mantuve en silencio y comprendí lo que pretendía. Abrir paso hacia el palacio, capturar a Félix y cumplir así nuestro objetivo. Tenía que ayudarla. Tenía que dejarme las fuerzas y la vida en ello. Pero sin gastar todo. Sería complicado.


Ash UvEwëIak


«Ash, uvd, ewë, iak. Calor, fuego, agua, vida». Mi siguiente bendición fue para protegerla del fuego. Y así continué, mientras, con cada conjuro, me notaba más y más débil. «Dóh, gaja, zyn, iak. Piedra, tierra, dragón, vida», y aumenté su resistencia. Sabía que Félix era mago oscuro. «Shaed, behv, revé, iak. Sombra, negro, luna, vida», para protegerla de la magia negra. Las energías me abandonaban, pero aún podía continuar. «Caeth, kaeth, pathe, iak. Cielo, aire, poder, vida», para aumentar la velocidad de sus conjuros.

Estaba muy cansada. Calculaba que solo me quedarían fuerzas para dos más. Dos. Eso significaba que la siguiente era la última... por el momento.


Iak IakIakIak


«Iak, iak, iak, iak. Vida, vida, vida y vida». Aquella bendición, compuesta de la misma runa, haría que sanaran más rápido sus heridas. Haría que se aferrara a la vida, dificultaría su muerte. Era una bendición costosa, no podía hacerse muy a menudo o sobre muchas personas. Pero, en aquellos momentos, intuía que sería necesaria.

Ya está. —Jadeé, agotada. El gasto energético había aumentado el dolor de mi brazo. No quise mirarlo, no quise comprobar su estado—. Ya... Ya solo me queda... Ya solo podré una más...

Marie Du Ciel asintió. La túnica dorada le daba porte de reina. Y su mirada era terrible, una mirada de furia, que se clavó en las cumbres destrozadas del palacio, en la guerra. «Espero que Kvothe esté bien. Espero que esté bien», deseé, en silencio. Y también deseé que ninguno de los de la Torre se hubiera sumado a aquella masacre.

Volvió a tomarme del brazo y desaparecimos.

Otra vez.


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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  La Diosa el Vie Ago 16, 2013 8:30 pm


~ Asedio al Palacio Élfico ~



En apenas unas horas, todo ha cambiado. El Anillo ha pasado de ser una ciudad preciosa a cubrirse de humo, de muertos y de llamas. A simple vista se ve que las bajas son demasiadas, excesivas, en especial teniendo en cuenta el poco tiempo que ha pasado desde que comenzara la batalla. Ya brilla en el cielo el sol del mediodía, pero el humo hace que todo parezca oscuro.

Los soldados del ejército de Félix ya son muy pocos, pero se les ha sumado la Guardia de la Noche. Las máquinas de asedio lanzan sus proyectiles hacia los soldados del Concilio, los ejércitos élficos y los de Zhanthé. Pero el ataque también se da a la inversa, y, por encima de las murallas derruidas de El Anillo, también rasga el viento la lluvia mortal de las catapultas del bando contrario.

Las tropas de dos duques elfos ya han sido arrasadas por completo y también han perecido buena parte de los magos y otros tantos sanadores. Rahnag continúa dentro de El Anillo, avivando los fuegos, pero no se sabe nada de Lord Strord, ni tampoco de Marie. Ambos pueden estar entre las tropas o entre las montañas, es difícil determinarlo entre el fragor de la batalla.

La caída del ángel de llamas ha abierto una entrada importante en el Palacio Élfico. Es una buena brecha para colarse en su interior, pero no exenta de peligros. El fuego y la madera calcinada están por todos lados, y el humo nubla el aire.

De la misma manera, la zona derecha de la muralla ha caído y los guerreros entran por allí saltando sobre las piedras. Pero eso no es todo. Dentro de la ciudad, los dos principales comandantes han muerto y Lord Strord está en paradero desconocido.  

A partir de ahora, cualquier cosa puede suceder.








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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Kvothe Assherai el Vie Ago 16, 2013 11:34 pm

Había tenido suerte al ver venir a aquel dragon. Justo cuando aterrizó y barrió la zona con su cola, corrí hacia ella. Si, a ojos de otra persona sería una locura. Pero tenía una idea. Cuando la cola de la criatura estuvo a punto de alcanzarme, me deslicé por el suelo, agachado, y cuando la cola estaba encima de mi y yo debajo de ella. Le hice un corte pequeño. Apenas lo notaría, pero tenia un plan, un buen plan. Entonces, cuando me levanté del suelo y me limpie el polvo. El espectaculo que se alzó delante de mi hizo que incluso yo me sorprendiera.

-Que la Diosa nos asista...

Recé, en bajo. Todo era un desastre, había muertos por doquier y heridos también. Gente sin manos, sin piernas... Un caos. Cerré los ojos y tomé aire, una, dos, tres veces. Cuando los volví a abrir, observé el castillo detenidamente. Había una entrada que se había abierto y en la que se podía entrar al palacio. Esa era mi oportunidad. Corrí hacia allí, decidido a entrar al Palacio e ir a por Zooey. Cuando llegué, todo estaba lleno de maderas ardiendo y humo que no permitía respirar. Solté una maldición y me alejé. Era hora de utilizar algo que sirviera. Me concentré y pronuncié las palabras mágicas del hechizo que tenía en mente:


-AshTótEwëUvQóth

Entonces, en mis manos se formó una bola de energía. Una bola que canalizó la energia del ambiente, esta empezó a crecer hasta hacerse grande como una cabeza de un humano adulto. Entonces, volví a repetir las mismas runas y la bola salió disparada hacia las maderas. Provocando una explosión que hizo desaparecer todas las maderas ardiendo. El fuego era lo menos preocupante, pues lo pude pasar dando un salto. Ahora, dentro del Palacio, tenía que encontrar a Zooey.

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Catherine el Dom Ago 18, 2013 5:07 pm

Reaparecimos en el núcleo de la batalla. De nuevo estábamos dentro de El Anillo, entre cadáveres y guerreros, y huyendo de la lluvia de flechas. Yo no hacía más magia, porque tenía que conservar mis energías, pero Marie iba delante de mí y me arrastraba por la ciudad. Las bendiciones le habían hecho efecto. Saltó sobre las llamas obteniendo como resultado nada más que un enrojecimiento de la piel; habría necesitado estar mucho tiempo en contacto con el fuego para quemarse. Sobre mí conjuró una barrera para protegerme de los ataques, pero yo ya estaba herida, y el hechizo que había utilizado para apagar el dolor de mi brazo amenazaba con desaparecer.

Ella hizo varios hechizos rápidos para acabar con los enemigos que tenía delante y hasta el mínimo conjuro tenía la suficiente potencia como para derribarlos. Se abrió paso hasta llegar a la entrada del palacio, donde debía estar Félix. Todo el camino estaba cubierto de huesos afilados, y la archimaga se vio obligada a detenerse en ese punto. Si allí se hallaban los huesos, el rey no podía estar muy lejos.

A una velocidad que no había visto nunca en otros magos, la semi-elfa conjuró fuego y agua y viento y tierra, y también hielo. Conjuro tras conjuro, partió las barreras de hueso y, aunque algunas se le clavaron en la piel, ella no emitió ningún quejido de dolor. La bendición de vida la protegía y haría que las heridas tardaran mucho más en volverse graves.

Instintivamente, me protegí con el brazo sano de la lluvia de huesos astillados que cayó sobre nosotras, pero no hacía falta. La barrera era buena y rebotaban en ella. El dolor me nublaba los sentidos y apenas pude prestarle atención a lo que hacía Marie: solo tenía la certeza de que cada vez estábamos más cerca del palacio y de sus enormes puertas. Cada vez más cerca.

Poco después, estábamos rodeadas de los soldados del Concilio que aún quedaban en pie y que cruzaban las espadas con los miembros de la Guardia. Las catapultas ya habían lanzado piedras pesadas sobre el palacio, y alguna de ellas había dado de lleno en la puerta, rompiéndola por la parte superior. No le costó mucho a la archimaga tirarla abajo con una ráfaga de viento, que emergió de sus manos y chocó contra la frágil puerta, que cayó hacia atrás con un sonoro estruendo.

Entonces noté como ella me tomaba, otra vez, del brazo y tiraba de mí, deshaciendo primero la barrera, y me condujo al interior del palacio. Se quedó callada unos segundos y luego me miró:


Ahora vendrá Lord Strord —me dijo, bajando la voz.

Algunos soldados habían sido aplastados bajo las puertas caídas, pero otros, los supervivientes, se abalanzaban sobre nosotras. Marie lanzó rayos y descargas eléctricas hacia ellos, tratando de mantenerlos alejados. Levanté la cabeza y vi que nos hallábamos en un vestíbulo enorme, de techos altísimos, donde cabrían cientos de personas. En otros tiempos, habría sido un lugar hermoso, pero la guerra lo había destrozado todo.

Entre la confusión que reinaba en el ambiente y los cuerpos de los soldados, apenas pude distinguir a Félix, aunque sabía que estaba allí, seguramente muy cerca. Por eso Marie nos había llevado hasta el palacio.

Y entonces, tras largos minutos en los que todo fue sangre, dolor y muerte, una figura oscura apareció discretamente en el vestíbulo. Venía de uno de los pasillos del palacio y estaba cubierto de hollín, sangre y cosas que preferiría no saber qué eran. Blandía una espada y, con total maestría, despejó el camino con ella hasta reunirse con nosotras. Su armadura blanca ya no era blanca, sino roja y gris, y tenía una fea herida que le cercenaba parte del rostro, y la armadura abollada. También advertí que le faltaba un guantelete y que tenía una flecha clavada en la rodilla.

No podréis resistir mucho más si...

No pude acabar la frase. Marie me interrumpió enseguida, poniéndose un dedo en los labios, y Lord Strord, tras clavar su espada en un enemigo, se volvió hacia mí. Presentaba un aspecto atroz y tenía quemaduras. Seguramente se había colado en el palacio a través de la torre en llamas, y eso le había pasado factura.


Bendice mi espada con la runa Jak. Que aumente mi poder, que lo aumente muchísimo. ¡Rápido! —me ordenó el archimago, extendiendo el arma hacia mí.

Casi se me paró el corazón cuando lo escuché. Casi todas las bendiciones acababan con la runa Iak porque estaban destinadas a proteger la vida. Las bendiciones acabadas en Jak apenas se usaban, porque eran muy peligrosas. Jak se traducía como "Muerte". Eran bendiciones poderosas y también terribles. Se alimentaban de la mayor fuerza de todas, que era la fuerza de la vida. Eso era lo que drenaban.

Pero yo solo era una maga consagrada y no tenía derecho a replicar. Posé una mano sobre la hoja ensangrentada y me sorprendí a mí misma actuando con toda firmeza. No temblé, ni siquiera percibí el miedo. Marie Du Ciel nos cubría. Yo reuní la energía mágica que me quedaba y dejé que fluyera hacia el arma...


PùtherPùtherPùtherJak
Me abandonaron todas las fuerzas. La espada resplandeció con un brillo negruzco y yo caí sobre el suelo. Percibí un dolor terrible en el brazo, un dolor que ya no podía aplacar, y dejé escapar una exclamación. Jadeé, respiré entrecortadamente, y luego noté como, sin poder evitarlo, empezaba a ser cada vez menos consciente de las cosas.

Después, todo fue sombra.



Última edición por Catherine el Mar Ago 26, 2014 1:33 pm, editado 1 vez

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  La Diosa el Dom Ago 18, 2013 6:32 pm

La chica perdió la conciencia y Lord Strord levantó la espada. La sostenía con ambas manos, pero las corrientes de magia llegaban a su cuerpo a través de la mano desnuda (y también herida). Ofrecía un aspecto terrible. Más que un humano, parecía un demonio. En el peto de su armadura, justo en el centro, aún se distinguía el sol de la Diosa, que era ya un sol sangriento y también oscuro.

Se volvió hacia Marie y buscó su mente. «Llévala con Helia —le dijo y ella lo hizo enseguida, haciendo desaparecer el cuerpo inconsciente de la sanadora, que en aquellos momentos recordaba vagamente a como la habían presentado en el juicio—. Ahora acabaremos con todo esto. Ahora acabaremos con esta locura...». Ella asintió.

Ten cuidado —musitó, y luego desapareció.

Lord Strord avanzó por entre los muertos y luchó con un par de soldados heridos, cuyas vidas segó a espadazos. Después, cuando despejó un círculo alrededor de él, clavó la espada en el suelo y cerró ambas manos en torno a la empuñadura. Buscó al Rey Elfo con la mirada, pero no lo encontró. De cualquier forma, no importaba demasiado. Tras hacer lo que estaba a punto de hacer, no tardaría mucho en encontrarlo.

LindurUvXénMàmOblêvReveTótEwëMàmDòhEwëSaselTótReveUvChahlTótIakOblêv

La retahíla de runas terminó y la espada empezó a brillar con más fuerza. El archimago notó cómo el hechizo se alimentaba no solo de sus energías mágicas, sino también de su fuerza vital, haciéndolo más poderoso. Pensó en la Diosa y le suplicó que lo ayudara. El suelo se resquebrajó y emergieron rayos de luz de todos lados. Sus manos descendieron desde la empuñadura hasta la hoja de la espada y se aferraron a ella. Le sangraron.

SaselOblêvLindurIakSaselSaselAshNänGaja

Combinada con la bendición de Jak, la sangre, aquel líquido vital, fluyó como si fluyera su propia vida, y cayó al suelo, fundiéndose con la luz. Lo que estaba haciendo era mezclar hechizos de sangre, que eran su especialidad, con un conjuro de luz. Él no era un experto en ese tipo de magia, pero aprovechó sus dotes de archimago para intentar conjurar algo parecido. Con un poco de suerte, la bendición aumentaría las posibilidades de éxito considerablemente.

La luz bañó los salones del palacio y, sin dejar de sostener la espada, utilizó la fuerza de su sangre para impulsar el hechizo. La luz se pegó a las paredes, se adhirió a ella como una parte más de la pintura, y muchos soldados se detuvieron para contemplar el llamativo espectáculo, impresionados. Era tal la magnitud del edificio que necesitó mucha energía para cubrir todos sus rincones. Félix era un mago oscuro y, por eso, si la magia lumínica incidía en su alma oscura, le causaría más daño que cualquier otro elemento.

Los latidos de su corazón fueron haciéndose más lentos a medida que fluía la magia y la energía vital. No era un experto en Magia de la Luz y, por eso, necesitaría ayuda para terminar el conjuro. Una ayuda elemental. «Rahnag —lo llamó, mediante telepatía—. Ven, ven rápido al vestíbulo del palacio». Tardó menos en aparecer de lo que había estimado. Supo de su llegada porque notó el calor del fuego a su espalda, y los gritos de varios soldados al ser calcinados. Rahnag Ahgóh se plantó a su lado, también cubierto de sangre, pero con una sonrisa en los labios, y los ojos entrecerrados.

Cuánta luz —comentó, sin más.

Lord Strord alzó la cabeza para mirar al elfo, notando un ligero mareo al hacerlo.

Convierte el palacio en una cárcel de fuego —le pidió—. Puedes... Puedes tomar la energía de la espada, si no tienes suficiente.

El Mago Rojo entendió al instante lo que su compañero pretendía. Hizo una mueca y recordó que había visto a Kvothe colándose por la abertura de una de las torres. Si estaba allí dentro, debería tener cuidado. «Kvothe, ven al vestíbulo. Busca a la rehén y ven al vestíbulo. Ah, y no toques las paredes. Bajo ningún concepto». Tras esa advertencia, dirigió una mirada a la espada, pero dedujo que aceptar la oferta de Lord Strord no era lo más adecuado teniendo en cuenta el estado del archimago.

Aún tenía energías suficientes para hacer aquello, aunque le supondría un gran gasto. Extendió los brazos y exclamó:

Chahl AshReveChahlEwëReveEwëMàm

El elemental Cárcel de Fuego se materializó delante de él. Muchos de los soldados se habían alejado de la escena, y los del Concilio trataban de retener a los de la Guardia. Al principio, el elemental era pequeño, la mitad del tamaño de una persona. Era cuadrado, una simple cárcel de fuego que cualquier mago consagrado, o incluso un aprendiz de cuarto grado, habría conseguido invocar.

Pero él era un archimago y, además, un Mago Rojo. Se fijó en las paredes bañadas de luz y en la sangre que corría sobre el suelo.

Solo a ti se te ocurre hacer un conjuro de una especialidad que ninguno de los dos tiene —dijo, con tono burlón.

Trabajo en Aryewïe. Se lo he visto hacer a Anaë'draýl más de una vez —respondió él, y, aunque siempre era un hombre serio, aunque cada vez se sentía más débil, sonrió. También estaba satisfecho con lo que hacía. También vivía por y para la guerra. Y sí, se estaba tomando aquel hechizo, con todos sus riesgos, como un nuevo reto que afrontar.

Rahnag ordenó al elemental que se expandiera y así lo hizo. Ambos se habían quedado prácticamente solos en el vestíbulo; fuera, en la entrada, seguramente seguía desatándose la guerra y el ejército del Concilio se volvía más y más pequeño. Marie debía de estar combatiendo en el exterior, cubriéndoles las espaldas.

¿Sabes? Una vez hice un elemental Cárcel de Fuego del tamaño de la catedral de Encrucijada. Lo malo es que se me descontroló un poquito y arrasó con un par de hectáreas de bosque y parte de la ciudad. Una pena. Si no se me hubiera ido de las manos, habría quemado treinta hectáreas, la ciudad entera y a todos sus curas dentro.

El fuego del elemental se mezcló con la luz adherida a las paredes y nadó por ella, extendiéndose.

Rahnag, céntrate —le espetó.

Hablar es lo que más me concentra, amigo. Recordar victorias y descuidos y esas cosas. Tú también deberías hacerlo. Te olvidarías de el peligro al que te has expuesto...

Él no contestó. Observó cómo las llamas ganaban velocidad y se extendían por todos los muros del palacio, por todos los que daban al exterior. Incluso crecían por las aberturas y las ventanas, cubriendo las salidas. Era un elemental gigante, un elemental que los encerraría a todos dentro... Ellos, Kvothe, Zooey, Félix y los suyos.

Espero que sepas lo que haces —le dijo Rahnag, visiblemente cansado. Finalmente, accedió y se apoyó en la espada, y utilizó parte de la energía que desprendía, la energía que venía de la sangre. Lord Strord se tambaleó un poco, y luego recuperó el equilibrio—. Usaste a la sanadora para una bendición de Jak, ¿no? Creo que es más de lo que merece ese mago oscuro. Aunque hay que reconocer que impone.

Sé muy bien lo que hago. He librado más batallas que tú.

Rahnag se rió y detuvo el conjuro. Las paredes del palacio ardían, en una enorme cárcel de fuego que se solapaba con la luz. Era las fuerzas de dos archimagos combinadas. Como bien señalaba el Libro del Fuego, nadie podría entrar ni salir hasta que el invocador devolviera al elemental a su plano. Por si el fuego no bastaba, la luz presionaría a Félix para correr hacia ellos. O para entregarse, si lo hacía.

Pequeño y joven humano, nunca subestimes a un elfo que ha vivido cuatrocientos... No, quinientos... Bueno, más años de los que tú vivirás nunca. —Examinó su obra con la mirada—. Por la Diosa, va a costar mucho reconstruir esto. —Se giró hacia Lord Strord y le quitó la espada de las manos. Él no ofreció resistencia: ya estaba débil y había perdido mucha sangre—. Anda, reserva energías. Aunque solo sea porque eres el Carcelero y necesitas apresar al traidor con ese báculo tuyo.

El crepitar de las llamas acallaba los ruidos de fuera. Los dos se quedaron de pie en el vestíbulo, mientras Lord Strord fruncía los labios y se sostenía a duras penas. No debían gastar más magia innecesariamente, así que Rahnag buscó la mente de Marie. «Haz alguna amenaza. Bien alto. Presiónalo». Ella no le respondió, pero, al poco tiempo, escucharon su voz, amplificada por algún conjuro.

¡Félix Vonturin, acusado de Alta Traición, ríndete y entrégate al Concilio, o esta será tu tumba y la de todos tus traidores! —exclamó ella—. ¡Depón las armas y dirígete al vestíbulo del palacio! ¡Entrégate a la ley del Concilio y a la ley de la Diosa!

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Felix Vonturin el Jue Ago 22, 2013 11:41 pm

Aguantamos mucho mas de lo que pensaba,apenas mis hombres,Ymir,un Dragón y La Guardia de la Noche había acudido en pos de ayudarnos,maldito Xerxes,aún de alguna manera confiaba en mi,ver aquello solo me empujo a seguir combatiendo. Mis lanzadas eran precisas y certeras asediando a los caballeros con una dificultad mucho menor a la anterior,mi vigor me ayudaba y el cansancio de estos era notable,con un golpe de escudo servía para desequilibrarlos,cierto era que siempre tuve un don con las armas,pero nunca decidí exprimirlo,siempre me intereso mas la magia y siempre quise ser mas y mas fuerte a toda costa para superar al autentico Aeglos,y así fue cuando me deje corromper por el dios mi poder se vio beneficiado de mis crímenes,del odio y de la rabia de mi corazón,y la luz que había aparecido por todo el lugar no hacía mas que joderme y haciéndome de rabiar.

Mis Alas angelicales ya manchadas en sangre y chamuscadas me arrastraron a la llamada del concilio tras aquél gran estruendo producido por la caída de la puerta,mi yelmo me permitía ver entre sus aperturas a Lord Strord y Rahnag uno mucho mas herido que el otro.

-Lord Strord,Rahanag y bueno...Maria du Ciel este donde quiera que este.-Hice un reverencia leve dejando ver toda la sangre que recorría mi armadura de huesos,también resquebrajada por algunos puntos y con negruras de haber recibido ataques ígneos-¿Que le trae por mi reino? y mucho mejor aun,¿que les hace pensar que me entregare?-Hice un pausa y deje caer mi yelmo al suelo desintegrándose antes de llegar a tocar el suelo.

Los mire con mirada férrea y eleve el vuelo con mis seis Alas brillantes como la plata y ensangrentadas-Esa justicia de la que tanto alardeáis no tiene jurisdicción aquí.-Dije ejecutando un movimiento con la lanza ósea quitando la sangre de esta-Odio recurrir a la violencia-Mis alas cargaron hacía atrás preparándose para cargar contra el enemigo.

Mi primera carga fue hacía Rahnag o al menos eso creerían debido a mi dirección-¡despierta... es hora de morir!-Justo cuando alcé la lanza para atacar a Rahnag sabía que Strord intentaría cubrirle y antes de impactar gire en el aire impactando en el lado derecho del pecho de Strord,no había dado en el corazón pero con suerte le mataría,empuje con mis piernas hacía el pecho de Strord tirando su cuerpo al suelo y retrocediendo volando,Rahnag...en cuanto a Rahnag,solo pude ver un destello de desconcierto en sus ojos.

Señale a Lord Strord con mi lanza-Tu eres el afortunado-Dije burlando repitiendo el movimiento de limpiar la sangre de mi lanza de la misma manera-¡La muerte se sirve siempre en plato caliente!-Sabía perfectamente que era mi fin a si que haría rabiar a mi enemigo y los hostigaría hasta el ultimo aliento que quedaba en mi,por mi vida,por los míos,por un mundo nuevo,por los secretos...

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  La Diosa el Vie Ago 23, 2013 7:47 pm

Finalmente, Félix Vonturin apareció ante los dos archimagos de la Diosa. Ambos se mantuvieron firmes, y Rahnag se permitió una pequeña sonrisa. Había llegado el momento que tanto esperaban. Había llegado el momento de hacer aquello por lo que estaban allí.

Pero el rey no estaba dispuesto a entregarse por las buenas y así lo demostró con sus actos y con sus palabras. Lord Strord se encontraba tan débil que no pudo defenderse del ataque de Félix y la lanza lo atravesó de lado a lado. Perdió la conciencia al instante. Tal vez la vida. Su compañero no podía saberlo. Solo sabía que no se movía y que ya  no podría contar con su ayuda. Durante unos instantes, los que tardó en asimilar que la lanza se había clavado en Lord Strord y no en él, se quedó totalmente inmóvil. «Que la Diosa se apiade de ti», pensó luego, en silencio.

El archimago se mantuvo en guardia mientras las llamas relampagueaban en sus ojos. No le faltaban ganas de enfrentarse a Félix, de atacarlo y de reparar las ofensas que le había hecho a la Diosa y al Concilio. No era un hombre muy dado al autocontrol, pero eran muchas las cosas que estaban en juego. No era una batalla cualquiera. No era cualquier disputa. Las órdenes eran claras: capturar al traidor y llevarlo vivo hasta el juzgado. Era un mago oscuro, pero era un elfo. Las leyes de Shewë dictaban un grado de piedad adicional para él.

Qué pena que te pidan vivo —comentó, volviendo a esbozar una sonrisa que nada tenía de agradable—. Me aseguraré de pedir para ti la muerte en la hoguera. No sabes lo divertido que me resultará encender el fuego.

El destello de las luces y de las llamas que provenían de las paredes iluminaban su rostro siniestro y manchado de sangre. Sus zapatos se cubrieron con la sangre que manaba del pecho de Lord Strord y percibió su fuerza. Casi podía notar cómo latían en ella, todavía, los restos de la bendición de Jak.

TótEwëMàmPùtherEwëReveIakEwëSasel

Para contener a su enemigo, se valió de un hechizo sencillo, el de elevar la temperatura, que era mucho más poderoso si él, Mago Rojo, archimago y nutriéndose de la sangre de Strord, lo conjuraba. Así, se concentró en subir la temperatura del cuerpo de Félix, a toda velocidad, a fin de causarle una fiebre que embotara sus sentidos y le impidiera ejecutar ningún otro intento de ataque. La furia que burbujeaba en su corazón lo ayudó a realizar el hechizo con mayor intensidad. Incluso estuvo tentado de entrar en el berserker.

Retrocedió un par de pasos y concentró su magia, ya cansada, en buscar con la mente a Anaë'draýl, que se hallaba en la Escuela del Bosque Dorado, protegiéndola de todo mal. «Lord Strord ha caído. Necesito el báculo. Ya». Después corrió hasta su compañero y se agachó junto a él, posando una mano en torno a la lanza y, aunque no estaba seguro de que sirviera de algo, pronunció un simple hechizo curativo. Y luego miró a Félix y vio cómo empezaban a aparecer los primeros signos de la fiebre.

«Ni se te ocurra hacer un mal uso de él», resonó la voz del Presidente del Concilio en su mente.

«Por favor, Anaë, soy un archimago, y como tardes...».

No le dio tiempo a terminar. A los pocos segundos, una luminiscencia comenzó a tomar consistencia a sus pies y se inclinó para recoger el báculo del Carcelero. Era la primera vez que lo empuñaba, pero sabía lo que tenía que hacer. Notó el poder en sus manos. Entre sangre, humo, ceniza y llamas, se acercó al rey de la armadura de huesos y posó sobre él una mirada que brillaba con destellos de locura.

Despídete de tu corto reinado, prisionero —dijo entre dientes.

Apuntó con él a Félix y los platos de la balanza que coronaban el bastón se balancearon. En cada uno de ellos, relucía el sol de la Diosa. Tardó unos momentos en recordar las runas arcanas y, cuando lo hizo, las pronunció con un susurro, y el báculo tembló. Al mismo tiempo, una araña de plata y hierro tomó forma en el pecho del mago oscuro. Aquello imposibilitaría que utilizara su magia y, de la misma manera, haría desaparecer las alas de su espalda.

No dijo nada más. «Marie—llamó a la archimaga—. Ven al vestíbulo y encárgate de Lord Strord. Todo se ha acabado. Félix es nuestro». Invirtió las runas del hechizo del elemental e hizo que regresara a su plano, notando un intenso alivio cuando lo hizo. Cansado y exhausto, pero aún con el báculo firmemente sujeto en sus manos, caminó hacia el prisionero y se lo llevó de allí, en dirección a Ekhleer y a la Prisión del Supplicium, donde debería esperar por el juicio.

Fuera, aún resonaban los estruendos de la batalla.

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  Aliwen el Sáb Ago 31, 2013 2:44 pm

Me materialicé en las puertas del palacio, pero, cuando miré a mi alrededor, creí que me había equivocado de lugar. Nada era como lo recordaba. Todo estaba derruido, o semiderruido. Las paredes antaño blancas y doradas, eran todas negras. Todo parecía calcinado. En algunas zonas, congelado. Los cadáveres se esparcían por el suelo. Aún quedaban guerreros que luchaban.

Distinguí a Marie Du Ciel a mi lado y la miré con los ojos muy abiertos. Ella se acercó a mí y noté cómo me protegía con un escudo mágico. Estaba atónita. Paralizada. «Mi pueblo se muere», eso era lo único en lo que podía pensar.

Hemos vencido —me dijo ella, con una sonrisa fiera—. Hemos expulsado al traidor.

¿Por qué no me dijeron nada? Todo esto es…

Vuestra seguridad era más importante, Alteza.

La suerte de la batalla ya estaba decidida. Decían que habíamos vencido, pero el sabor de la victoria era amargo. Una rápida ojeada a El Anillo me bastó para que se me helara la sangre en las venas. Por aquellas calles yo había corrido de niña. Por el jardín de aquel palacio había jugado tantas veces… Entre la nube de mis recuerdos, supe que varios guardas me conducían hacia el palacio.

«¡Larga vida a la Reina!», clamaban. Yo no prestaba atención a sus voces. Entramos al palacio y vi el desastre bajo la luz del día. Mi hogar estaba destrozado. Insultantemente vacío. La muerte se había adherido al suelo y a las paredes y se escondía en cada esquina.

Este es mi reino —musité.

Debieron interpretar mal el tono de mis palabras, porque empezaron a corearme. Me sentí desamparada. Estaba en mi hogar, ¿pero era ese mi hogar? Ya no estaban mis padres. Ya no estaban mis hermanos: unos muertos, otros desaparecidos, otros condenados. ¿Ese era mi hogar? ¿Ese era mi reino? ¿Quién iba a pagar por toda la sangre derramada?

Sobre la tumba de mi felicidad pasada, sobre las cenizas de mi agonizante pueblo, anduve hasta plantarme en el centro del ensangrentado vestíbulo.

Y lloré.

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Re: Asedio al Palacio Élfico

Mensaje  La Diosa el Sáb Ago 31, 2013 11:31 pm


~ Asedio al Palacio Élfico ~



Todo ha acabado. Tras la captura de Félix Vonturin, los mermados ejércitos élficos claman el nombre de su nueva reina y así lo hacen todos los que lucharon en su bando. El Anillo ha quedado devastado y solo se mantienen intactas la Escuela del Bosque Dorado, bien protegida por Anaë'draýl, que solo se dedicó a eso durante la batalla, y la Fortaleza de Aryewïe, cuyas defensas consiguieron repeler los ataques. La Catedral de los Tres Sauces ha sufrido algunos daños, pero, por fortuna, se han conseguido salvar las vidas de los árboles que la forman.

Ya no queda nada por lo que luchar y los soldados empiezan a partir y a cargar con sus muertos y heridos, y a llorarles. Un silencio fúnebre amenaza, cada vez más, con cernirse sobre la ciudad. El Anillo entero aúlla de dolor, pero aún queda en los ojos de los supervivientes la semilla de la esperanza. Y el fuego de la ira.

Soplan los vientos del cambio. Próximamente, se irán desvelando las consecuencias de la guerra y el mundo entero puede sufrir sus efectos. Pero eso es algo que no preocupa ahora a los soldados que sobrevivieron. Ahora es tiempo de dar gracias por quienes conservan la vida y de sufrir por los que se han ido.

La batalla ha terminado.








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