La Torre
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La muerte de un archimago

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La muerte de un archimago

Mensaje  Catherine el Dom Sep 01, 2013 7:28 pm

No quería pensar en nada. Mantenía todas las horas del día ocupadas en mis labores y procuraba no pensar. No quería recordar las atroces escenas de la batalla, las macabras muertes, cuán devastadora era una guerra. Prefería no pensar en nada, pero todo me recordaba a ello. Los ojos de cada herido al que sanaba en Aryewïe llevaban el terror impreso en las pupilas. Puede que yo también lo llevara.

No descansaba un solo segundo. Ninguno de los sanadores descansaba. Eran tantos, tantos los heridos… Pudimos salvar a muchos, pero cada muerte que se producía entre las paredes de la Fortaleza era una nueva carga que llevar a la espalda. Mi brazo izquierdo, a causa del ácido, seguía en un estado lamentable. Necesitaba todas mis energías para salvar las vidas que peligraban y no me había encargado de él. Tan solo le dedicaba un par de minutos por las noches, antes de caer rendida en los brazos del sueño (y de las pesadillas), lo justo para que no se infectara, para no perderlo.

Esa noche seguíamos trabajando a la luz de las velas. Le cure las piernas destrozadas a un niño elfo, apañándomelas como podía con mi mano sana, y me pregunté cuántos como él habrían sufrido los horrores de una batalla que poco o nada tenía que ver con ellos.

Catherine —me llamó un enfermero que acababa de entrar en la sala donde me hallaba—. Al fin te encuentro. La señora Shewë te espera abajo, en el sótano. Dice que no tardes.

¿Shewë? ¿Para qué querría verme ella? Eso no podía significar nada bueno. Y si aguardaba en el sótano… «Lord Strord», pensé, de inmediato, y un escalofrío me recorrió. Terminé el hechizo curativo que estaba aplicando y, molesta por la interrupción, salí de la estancia. De las paredes de piedra blanca colgaban antorchas que lo iluminaban todo. Conjuré un hechizo de teletransportación, habilitado en aquella zona, y reaparecí unas plantas más abajo, en uno de los pasillos del sótano.

El corazón me latía como un pájaro que revolotea en su jaula y en mi mente solo evocaba imágenes borrosas y fugaces de cuanto había sucedido en el campo de batalla. De los últimos momentos antes de gastar todas mis energías y perder la conciencia. Me paré frente a la puerta de la sala donde sabía que estaba la archimaga. Di un par de golpes en ella, haciendo notar mi presencia. Escuché un ahogado «pasa» y abrí la puerta.

Allí la luz era muy tenue. La sala era grande y, en el centro, había un lecho de piedra, donde reposaba Lord Strord. Tenía los ojos cerrados. El pecho inmóvil. Solo lo acompañaban Shewë, un par de enfermeros y algunos sirvientes.

Temiéndome lo peor, tragué saliva y avancé hasta el lecho. El rostro del archimago parecía cubierto por una máscara de calma fría. Las manos empezaron a temblarme. «La bendición de Jak…».

Aquí estoy, señora Shewë —anuncié con un hilo de voz.

Las puertas se cerraron a mis espaldas.

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Re: La muerte de un archimago

Mensaje  La Diosa el Dom Sep 01, 2013 7:33 pm

Shewë cerró las puertas con un simple conjuro cuando Catherine entró en la estancia. Como siempre, vestía de dorado. Su rostro afilado reflejaba la altivez y el orgullo de su rango y de su raza. Llevaba el cabello rubio suelto y cuidadosamente peinado, y sus orejas puntiagudas asomaban a cada lado. En sus ojos azules había sombras negras y examinó minuciosamente a la sanadora con una mirada que habría resquebrajado el mundo.

Tú fuiste la humana que utilizó esa bendición en Lord Strord.

Pronunció la palabra «humana» como si fuese el peor insulto del mundo. No era una pregunta: era una afirmación contundente. No hacía falta que respondiera, no hacía falta que asintiera ni que confirmara nada. Shewë ya lo sabía todo.

Lord Strord ha muerto. Félix lo ha matado y, ¿sabes qué? Tu maldito hechizo le impidió recuperarse de ninguna manera.

La alta archimaga agachó la cabeza para clavar una mirada cargada de rabia en la muchacha. La muerte de Lord Strord no solo significaba que eran once en lugar de doce en el Concilio y eso lo sabían todos. En el aire se respiraba un ambiente tenso. Bajo tierra, todo era oscuridad. Las luces de las antorchas oscilaban peligrosamente. El archimago dormía, sumido en su sueño eterno. Nadie le lloraba. Todavía. Pero tampoco habría hecho falta. La ira de Shewë, el remolino negro que pintaba sus ojos, era llanto suficiente, era suficiente elegía.

El silencio cubrió cada rincón de la estancia. La archimaga alzó la mano y le cruzó la cara a Catherine de una sonora bofetada.

Estúpida —escupió—. Estúpida tú y estúpida Marie. La vida de Lord Strord valía casi tanto como la de un elfo. No era un simple archimago. No era un archimago más. Era el Director del Coliseo. Era el Carcelero del Supplicium. Era mi carcelero. —Se señaló a sí misma. Los demás, los enfermeros y sirvientes, observaban la escena desde la distancia, sin atreverse a decir nada. No intervinieron, pero miraron con disimulo—. Tu misión era protegerlo fuera como fuese.

La Jueza se volvió hacia el cuerpo del archimago y pasó las manos por los bordes de piedra de su lecho y luego por las sábanas blancas. Aún podía notar su calor. Aunque fuera un humano, lamentaba su muerte. Había sido un sirviente leal. Había aplicado, sin dudar, todas y cada una de sus penas. Habría preferido ver allí a Rahnag o a Narshel o incluso a Alice.

Lamentaba su muerte, pero era demasiado orgullosa para llorar por un humano.

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Re: La muerte de un archimago

Mensaje  Catherine el Dom Sep 01, 2013 7:36 pm

La bofetada me pilló por sorpresa. Me llevé una mano, la mano sana, a la mejilla enrojecida. Me mordí el labio y escuché las palabras hirientes y heridas de Shewë. Efectivamente, mis temores se habían hecho realidad: Lord Strord estaba muerto. No quise mirar más su cuerpo. «¿Por qué tuvo que pedirme eso? ¿Por qué?». La archimaga me recriminó lo que consideraba mi error. Yo levanté la cabeza y le sostuve la mirada. Procuré mantenerme serena, aunque me temblaban ligeramente las manos. Procuré parecer firme, aunque se me mezclaban en el corazón las penas y las culpas.

Dijo que su vida valía casi tanto como la de un elfo. Aquellas palabras me ofendieron. Despertaron parte de mi enfado. ¿Pretendía pagar conmigo el odio que le tenía a nuestra raza?

En todo momento hice lo que me pidió. Lo que me pidieron Lord Strord, Marie y Rahnag. Sabía cuáles eran los riesgos que entrañaba el conjuro, pero él los asumió todos. Yo no podía hacer nada. Una guerra es una guerra. —«Y ojalá nada de esto hubiera sucedido. Ojalá no se hubieran perdido ni la vida de Lord Strord ni ninguna otra». ¿Qué sabía Shewë? Ella no había estado presente. Se había puesto a salvo mientras otros mataban por ella—. Podéis preguntárselo a quien queráis, señora. Lo único que he hecho… es cumplir con mi trabajo. Por duro que fuera. Si vos hubierais estado presente en el campo de batalla, sabríais que no es un lecho de rosas.

«Es un lecho de espinas». Estaba convencida de que el baño de sangre había sido innecesario. Estaba convencida de que, si los archimagos hubieran actuado todos en conjunto, se habrían salvado muchas más vidas. Pero no comenté nada de eso. Tal vez lo insinuaban mis palabras.

De pronto, percibí un frío gélido y oscuro. Era una sensación conocida. Recordaba haberla sentido anteriormente, no mucho tiempo atrás. «El Secreto de la Oscuridad», me dije, nerviosa. Odiaba aquel objeto. Pero… ¿dónde estaba?

Lo busqué con la mirada y no tardé en encontrarlo. La radiación oscura provenía de la propia Shewë. Del largo colgante que llevaba al cuello. Terminaba en una esfera dorada que tenía grabado el sol de la Diosa. Ya no estaba en el cofre en el que lo había visto la última vez, en el patio de armas. Ahora reposaba sobre el cuerpo de la Jueza del Supplicium y me pregunté cómo podría soportar llevarlo todo el día encima.

Pronto, mis ojos dieron con el cuerpo de Lord Strord. Yo no había estado presente en el momento en que fue atacado, pero en aquel momento me imaginé mil formas de las que pudo haberse salvado. Mil conjuros con los que podría haberlo protegido. ¿Por qué me pidió que hiciera algo como aquello? ¿Acaso no había otra manera…?

Lo siento. Nunca pretendí que sucediera esto…

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Re: La muerte de un archimago

Mensaje  La Diosa el Dom Sep 01, 2013 7:39 pm

La elfa escuchó a Catherine y contuvo parte de la ira que sentía y que avivaban sus palabras. El Secreto de la Oscuridad pendía de su pecho, encerrado en una esfera demasiado pequeña para él. Un aura negra la envolvía. Desde que se lo habían confiado, Shewë no se separaba de él.

En su rostro se leía el disgusto que le provocaba la respuesta de la sanadora. Sus ojos se posaron en el brazo herido de la muchacha. A pesar de estar cubierto por la manga de su túnica, se podían ver las vendas que cubrían su mano izquierda.

Pues ha sucedido —musitó y, sin mayores preámbulos, volvió a abofetearla—. Estoy harta de la ineptitud y de las insolencias de tu raza. Tú no sabes nada de la guerra. No eres más que una niña.

Estaba molesta. Sabía que lo que Catherine decía era verdad. Mientras otros se jugaban la vida en la batalla, ella se había refugiado en Ekhleer. Pero no se arrepentía. Era muy consciente de lo mucho que valía su vida. No iba a arriesgarla de ningún modo. «Bastante suplicio es ya que hayan perecido tantos elfos en esta batalla».

Shewë se acercó a la chica, hasta quedarse a una distancia en la que podría hablar en susurros y ella la escucharía. A causa de los golpes, tenía las dos mejillas enrojecidas. Probablemente la zona acabara poniéndose morada. No se sintió culpable. De haber podido, lo habría hecho con todo aquel que le replicara.

La sostuvo por el brazo herido y le clavó los dedos. Dentro de su pequeña cárcel, el Secreto de la Oscuridad se revolvió.

Si no fueras quien eres, haría que te cortaran la cabeza por esto —dijo, entre dientes—. Lárgate ahora mismo.

La soltó con un brusco movimiento y se volvió hacia el sereno cuerpo de Lord Strord y luego hacia los otros enfermeros.

Prepárenlo todo para el funeral por los caídos. Y ahora, ¡fuera de aquí!

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Re: La muerte de un archimago

Mensaje  Catherine el Dom Sep 01, 2013 7:41 pm

Volvió a golpearme, esa vez más fuerte, y casi se me saltaron las lágrimas, pero las contuve a tiempo. Me ardían las mejillas, pero no hice ningún movimiento. Alcé la cabeza y la miré. Si mis ojos reflejaron todo lo que sentía en aquellos momentos, no lo sé. Lo único que puedo confirmar es que procuré que no se me notara ni en la cara ni en la postura.

Al menos mientras pude. Después me tocó el brazo herido y me clavó los dedos en él. No pude reprimir un aullido de dolor. Prácticamente, aún lo tenía en carne viva, y fue como si, en un momento, volviera a revivir el instante en que el ácido me tocó la piel. Apenas escuché lo que dijo después y, cuando me soltó, dejé escapar un suspiro de alivio.

No le repliqué. No dije nada. Por un momento, al sentirla tan cerca, fue como si aquella maldita esfera que era el Secreto de la Oscuridad se hubiera incrustado en el centro de mi alma. Noté el miedo extenderse como un veneno y atraparme como una garra. Me quedé paralizada y tardé varios minutos en dejar de tener esa sensación.

Me habría encantado decir algo más, pero no me salían las palabras y tampoco era conveniente decirlas. Era mi superior en todos los aspectos. En la magia, porque era archimaga y yo maga consagrada. En la pirámide social, porque era duquesa y yo plebeya. Y, para colmo, era una elfa y estábamos en el Reino de los Elfos.

El resto de enfermeros y sirvientes salieron de la estancia en cuanto Shewë lo ordenó y yo los seguí en silencio. Anduve por los pasillos oscuros del sótano y todos me adelantaron. Finalmente, me quedé sola y me apoyé en una de las paredes, conmocionada.

Me dejé caer y me senté en el suelo. Enterré el rostro entre las manos y murmuré un hechizo muy sencillo para aliviar los dolores que me aquejaban. Mientras, me preguntaba cuánta verdad habría en las palabras de la archimaga y cuánta en las mías. Hasta qué punto había cometido un error. Cuán peligroso era el Secreto de la Oscuridad.

No hallé respuestas para nada.

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Re: La muerte de un archimago

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