La Torre
Bienvenidos a La Torre, un foro de rol progresivo basado en las Crónicas de la Torre, trilogía escrita por Laura Gallego García.

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Son más dolorosas las verdades que no se cuentan [Joseph]

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Son más dolorosas las verdades que no se cuentan [Joseph]

Mensaje  Catherine el Sáb Sep 07, 2013 12:31 pm

Resultó que una noche, poco después de la muerte de Lord Strord, descubrí cosas que habría de recordar el resto de mi vida, la cual, dadas las circunstancias, yo no estimaba muy larga. Esa noche aprendí una lección que ya había aprendido tiempo atrás, pero que se me había olvidado mientras me recostaba en los mullidos colchones de la esperanza.

La vida no es como una espera y todo lo que se va, regresa. Pero no siempre de la misma forma. No siempre de la forma que nos gustaría.

Ya no respira —susurré.

Acuné el cuerpo del niño humano y le aparté el pelo de los ojos. Las lágrimas me resbalaban, como gotas gruesas de lluvia, por ambas mejillas. Se llamaba Numa y tenía seis años. De mayor, quería ser médico. También quería tener el don de la magia y estudiar en el Bosque Dorado. Decía que le gustaba mucho el viento y que le habría encantado aprender a volar como un pájaro o como los grandes magos. Decía que siempre veía las torres de la escuela desde la casa del señor para el que trabajaba y que quería estudiar allí, aunque no sabía si tendría el don de la magia.

Me recordaba a mí cuando tenía su edad. Yo también soñaba con estudiar y con surcar el cielo, mientras hundía mis manos en la tierra que plantaba. En los tiempos de mala cosecha, soñaba desde los suelos que fregaba en la ciudad o desde las ropas que lavaba y que tintaba. Yo había cumplido mis sueños y le dije que él también podría cumplirlos aquella misma mañana, mientras sanaba sus pulmones perforados.

Pero, al atardecer, me obligaron a marcharme y tuve que dejarlo solo, a cargo de otros sanadores, en la planta acondicionada para los plebeyos humanos. Incluso allí, en Aryewïe, sobre todo en tiempos de urgencias, existía la disgregación social y racial. En aquella planta siempre había el número justo de sanadores, los pocos humanos que estudiaban en la Fortaleza, y casi todos se empleaban en los pisos superiores.

Era injusto. Y también fue injusto que Shewë volviera a llamarme para reprenderme por no haber asistido al juicio y por haber avergonzado al Concilio y a la eficacia de los sanadores de Aryewïe con mis insultantes errores de humana. Por lo visto, Félix los había dejado a todos en evidencia. Me habían llegado rumores de que incluso había amenazado a la Jueza y que, por eso, iba a morir de la peor forma posible, pese a ser un elfo.

Yo la escuché con gesto cansado. Me golpeó un par de veces, pero me complace decir que no me inmuté ni ante sus actos ni ante sus palabras. No fui la única en recibir su ira contenida. Nos convocó a todos los sanadores humanos y nos reprendió con el mismo discurso que me había dedicado a mí en privado. Abofeteó a quien le respondió y yo pude percibir el Secreto de la Oscuridad impreso en cada nota de su voz.

Pero no dije nada. Mi mente lo registraba todo, pero yo permanecía en silencio. Muy tranquila, en calma. Confiaba en que el tiempo pondría a cada uno en su lugar.

Al caer la noche regresé junto a Numa. Ya estaba muerto cuando llegué. Lo habían desatendido. Lo tomé entre mis brazos y le lloré, porque sabía que nadie más iba a hacerlo. Era como sostener a una flor delicada y yo esperaba que volviera a abrir sus pétalos al amanecer, pero no lo hizo, ni lo haría más nunca.

La luz anaranjada de las velas proyectaba sombras trémulas sobre el suelo. Todo era oscuro, hasta el silencio. Cerré los ojos del niño y lo deposité, con mucho cuidado, en la cama. Seguramente lo enterrarían al amanecer, junto a las demás víctimas de la guerra. Un enfermero advirtió la escena y tomó al chico en brazos. Los vi desaparecer tras la puerta y me sequé las lágrimas.

Y volví a mi trabajo. No hubo más muertos aquella noche, pero la pérdida de Numa para mí valía por todo. Empleé todas mis energías en los heridos que nos quedaban y me quedé allí incluso horas después de haber terminado mi turno, hasta bien entrada la madrugada. Supongo que buscaba reparar parte de mis errores. Supongo que buscaba olvidar mis penas y consagrarme a unas artes en las que, a pesar de las vidas salvadas, yo me consideraba una inepta, porque una muerte seguía siendo una muerte, aunque fuera una entre un millón.

Debí de acabar desmayándome de puro agotamiento, porque cuando desperté estaba de nuevo en mi cama, en la torre de mi encierro. Me costó un buen rato desprenderme de los lazos de mis pesadillas angustiosas, que eran afiladas como cuchillos. El cansancio me entumecía todos los músculos y el dolor de mi brazo era terrible. Se me había olvidado aplicar el hechizo curativo de aquella noche.

Me senté sobre la cama y abrí los ojos. Me temblaba un poco el cuerpo y tenía frío. Alguien estaba a mi lado. Llevaba una túnica dorada.

Joseph… —musité.

Hacía tiempo que quería hablar con él y, finalmente, había aparecido cuando menos lo esperaba. «En el momento más agrio», pensé, con tristeza. No alcanzaba a imaginar lo mucho que podían empeorar las cosas.


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Re: Son más dolorosas las verdades que no se cuentan [Joseph]

Mensaje  Joseph Winterose el Sáb Sep 07, 2013 12:39 pm


Fui a buscarla a su habitación, de madrugada, sin importarme si dormía o no, porque tenía que hablar con ella. Cuál fue mi sorpresa al encontrarme con un enfermero que cargaba con ella en brazos. Me explicó que había trabajado más horas de las que le correspondía y que ese era el resultado. Yo conservé mi gesto serio y le pedí que nos dejara solos. Luego entré en la estancia y cerré la puerta.

La velé un rato durante su inconsciencia, pero no tardó en despertar. Cuando lo hizo, se incorporó sobre la cama, y debo decir que no ofrecía un buen aspecto. Se la veía exhausta y aún llevaba el brazo vendado. Por no hablar de la sombra de un cardenal que descansaba, silenciosa, muy cerca de la comisura de sus labios.

No debes llegar a estos extremos —le dije.

Llevaba mucho tiempo sin hablar a solas con Catherine. En ese tiempo había pensado en muchas cosas. Sabía que la habían enviado al asedio, aunque yo no quería que fuera, aunque yo me sentía el responsable de su tutela. Dentro de poco, más pronto que tarde, partiría yo también hacia la guerra, hacia Gadrýl, y si regresaría con vida, eso solo la Diosa podía saberlo. Todos conocíamos ya la suerte de Lord Strord y sí, Shewë también me había recriminado que hubiera mantenido a la chica en Aryewïe.

Pero yo aún confiaba en ella. Yo sabía más cosas de las que decía saber.

Deberías haber estado presente en el juicio —le dije—. Sé lo que ha ocurrido con el tema de Lord Strord, sé muchas de las cosas que han ocurrido. No es conveniente para ti llevarte mal con una archimaga.

A veces, era importante contentar a los de arriba. Y ella no lo estaba haciendo, ni tampoco Kvothe, tras su intervención en el juicio.

Mañana debes partir hacia la Escuela del Bosque Dorado. Son órdenes directas de Shewë; no te permitirán continuar en Aryewïe. —Hice una pausa y la contemplé largamente—. Maldita sea, Catherine... Podrías...

Dejé la frase suspendida en el aire.

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Re: Son más dolorosas las verdades que no se cuentan [Joseph]

Mensaje  Catherine el Sáb Sep 07, 2013 12:55 pm


Hice un gran esfuerzo para ponerme en pie, aún tambaleante, y caminé hasta el candelabro con las velas. Parpadeé un par de veces y luego posé la mano sobre mi herida, para empezar a sanarla. Solo un poco. Pronto, el dolor cesó y pude devolverle a Joseph la mirada.

Yo no creo en la justicia que dicta una mujer que es capaz de condenar a toda una raza solo por tener orejas redondas. Escuchar un veredicto que provenga de sus labios sería para mí una actitud hipócrita. Espero que entiendas que no me haya presentado, Joseph, pero prefería emplear mi tiempo en mi trabajo. Y hacer todo lo que esté en mi mano para reparar, al menos en parte, los daños que se han sufrido en esta maldita guerra.

Caminé hasta el archimago y me detuve junto a él. No había lágrimas en mis ojos, pero por dentro lloraba. Era una de las pocas personas en las que creía poder confiar, al menos un poco, y, por eso, decidí no callarme nada, porque si seguía haciéndolo las palabras terminarían por desgarrarme la garganta.

En cuanto a lo de Lord Strord, yo solo hice lo que me pidieron. Siento mucho su muerte, igual que siento la de todos.

Nos sobrevino un silencio incómodo. Me mantuve de pie, erguida y muy seria. «Todo lo que se va, regresa». Si en algún momento durante mi estancia en Aryewïe llegué a pensar que todo podría llegar a ir bien, me equivocaba. Las penas que se van regresan en forma de otras penas.

Cuando dijo lo del Bosque Dorado, asentí con la cabeza. No sabía para qué me querían allí cuando podía ser más útil en Aryewïe. Pero decidí no replicar. Aceptaría descubrir qué me tenía preparado el destino y, sobre todo... Suspiré. Sobre todo, quería demostrarle a Shewë que no podría destruirme hiciera lo que hiciese.

Pero yo todavía tenía una espina clavada en mi pecho, una espina que me preocupaba más y que tenía el nombre de mis padres. Le había preguntado a Rahnag por ellos, porque Joseph me había dicho que él era uno de los participantes en su rescate, pero su respuesta fue de todo menos satisfactoria. Me respondió que no había ninguna partida de rescate preparada. Que nadie había atacado a la Inquisición en los últimos tiempos, aunque le habría gustado. Que no sabía nada.

Joseph, ¿dónde están mis padres? —dije y la pregunta tembló en mis labios—. Necesito una respuesta y necesito la verdad. He hablado con Rahnag y me ha dicho que no sabe nada del tema. Solo dime… Dime qué ha pasado. Fue la única condición que puse para colaborar con el Concilio en la captura de Riak.


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Re: Son más dolorosas las verdades que no se cuentan [Joseph]

Mensaje  Joseph Winterose el Sáb Sep 07, 2013 12:59 pm


Para no echar más leña al fuego, no hice ningún comentario sobre sus palabras hacia Shewë. No era necesario que lo dijera para que yo supiera cada una de las cosas que pensaba. Tengo que reconocer que no le faltaba razón en lo que decía y que la Jueza era, cada día, más y más radical, y lo mismo podía decirse de su marido y de sus actos en la Escuela del Bosque Dorado. No comentó nada sobre el hecho de que la enviaran a esa escuela, pero se podía leer fácilmente en su mirada que no entendía por qué ni para qué. Yo podía tener una ligera idea, pero guardé silencio.

Después me preguntó por sus padres y yo suspiré. Había hablado con Rahnag. Sabía que, tarde o temprano, llegaría el momento en que tendría que contarle la verdad, pero si se la había ocultado hasta entonces era, justamente, porque no le gustaría lo que tenía que decirle. Porque era demasiado doloroso. Y más…., después de las últimas informaciones que me habían llegado.

Catherine… —comencé. Detestaba dar aquellas noticias. ¿Pero qué sentido tenía seguir ocultándolo? Acabaría descubriéndolo de cualquier manera—. Verás, hice lo que pude. Hicimos lo que pudimos, pero… En fin, el Concilio no consideró que mereciera la pena el riesgo. Colarse en la Inquisición podría tener consecuencias nefastas para quienes participaran en esa misión. Era un riesgo que no podíamos permitirnos correr y menos en la situación en la que nos encontramos.

Intenté suavizar mis palabras todo lo que pude. Si hubiera hablado con total franqueza, le habría dicho que en ningún momento nadie había pensado en efectuar aquel rescate. Nadie habría arriesgado su vida por rescatar a dos plebeyos sin magia. Y yo le había mentido para que ella tampoco arriesgara la suya.

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Re: Son más dolorosas las verdades que no se cuentan [Joseph]

Mensaje  Catherine el Sáb Sep 07, 2013 1:07 pm


Mis temores se hicieron todos realidad en un segundo. Es difícil explicar lo que sentí entonces. Era como si el mundo entero se hiciera añicos. Era como recibir puñaladas por todo el cuerpo. Eran palabras que ya sonaban terribles por sí solas, pero que encerraban aún más significados atroces entre líneas.

Mis manos temblaron todavía más. No sé cómo saqué fuerzas para mantenerme en pie. Ni siquiera sé cómo conseguí reunir las fuerzas suficientes para negarlo, o para enfadarme.

¿Qué...? No puede ser. ¡No puede ser! —Caminé hasta Joseph y, dándome igual si era o no mi superior, lo agarré de la túnica con mis manos pálidas y débiles—. ¿Por qué...? ¿Por qué me has mentido?

Respiraba agitadamente. Todo apuntaba a que mis padres estaban muertos, pero yo me negaba a aceptar esa posibilidad. Era imposible. No podía ser. No era justo. No había tenido tiempo de despedirme. No podía ser. No, no, no.

¿Dónde están? ¿Dónde están, Joseph? Si siguen... Si siguen en garras de la Inquisición, yo... Si me hubieras dicho que el Concilio no..., yo habría podido...

Se me atragantaban las palabras. Me quedé inmóvil unos instantes, mientras se me formaba un nudo en el estómago. ¿Cuánto tiempo había permanecido engañada? ¿Cuántos meses? ¿Cuánto había pasado ya desde el momento en que encontré la casa calcinada? Yo daba por hecho que ya estarían a salvo, en Ekhleer. Pero ahora Joseph decía que no era así.

Los momentos siguientes, los momentos que tardó él en responderme, fueron los más angustiosos de mi vida.

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Re: Son más dolorosas las verdades que no se cuentan [Joseph]

Mensaje  Joseph Winterose el Sáb Sep 07, 2013 1:21 pm


Fruncí el ceño y aparté sus manos de mi túnica sin esfuerzo. Luego la sostuve por los hombros y la obligué a mirarme. «No hay nada más hiriente que la verdad». Y ella, al pedirme que se la contara, era como si me estuviera pidiendo que le clavara un puñal en el estómago.

Catherine —repuse, con voz grave—, si te he mentido es justamente para que no hicieras ninguna locura. No quería que supieras esto para que no sufrieras más. Pero, si tanto quieres oír la verdad, muy bien, te lo contaré todo. —Nuestras pupilas se encontraron y yo no aparté la mirada de sus ojos—. Tus padres están muertos. —Resultaba irónico decir eso—. Ya no hay nada que puedas hacer para remediarlo. Hace una semana supe que los habían ajusticiado en Las Horcas, junto a otros acusados de delitos relacionados con la brujería.

Que habían sido quemados en la hoguera era una realidad que venía implícita en mis palabras. Si quería oír verdades, oiría verdades, por más dolorosas que fueran y por más que a mí me pesara contarlas. Yo también llevaba mucho tiempo callándome demasiadas cosas.

Y no, eso no es lo único que ha pasado. Riak ha escapado de prisión, por lo que todo lo que hicimos no ha servido absolutamente de nada. Lord Strord está muerto y ahora somos once. William está en libertad. Cada minuto que pasa, alguien se muere dentro de esta Fortaleza. Muy pronto, volveremos a alzar las armas en Gadrýl y allí me jugaré la vida yo y otros tantos, entre ellos muchos de la Torre, y muchos amigos tuyos.

»Esa es la verdad. Esa es la razón por la que no quería contarte nada. El tiempo corre en nuestra contra y el mundo es un caos. Nada de lo que hagas va a cambiarlo y que tú lo sepas no hará mejores las cosas. Esta es tu vida actual. —Tomé aire—. Lo siento, Catherine. Solo espero que seas lo suficientemene fuerte como para afrontar esto sola.

Verla como la vi después de decirle aquellas palabras es una imagen que le habría desgarrado el corazón a cualquiera. Y más cuando sabía que ya no podría ofrecerle más mi apoyo, y más cuando sabía cómo era el Bosque Dorado para una humana en sus circunstancias. Ya no tenía razones para seguir mintiéndole, puesto que no iba a retenerla más en Aryewïe. Era mejor que conociera los peligros a los que todos nos enfrentábamos.

Nunca había sido un hombre cariñoso, pero en aquel momento la abracé. «Me encargaré de que todo esté bien en la Fortaleza. Ahora tienes que mirar hacia delante. Haz lo que el Concilio te pida y no te busques más problemas. La Torre, Ereaten... todo eso ya es pasado. Y es mejor despedirse del pasado y dejarlo dónde está», sonó mi voz en su mente.

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Re: Son más dolorosas las verdades que no se cuentan [Joseph]

Mensaje  Catherine el Sáb Sep 07, 2013 1:30 pm


Mis padres muertos. Riak y William libres. Más muerte y más guerra. Me quedé quieta unos segundos. Sin llorar, sin decir nada. Muerta y silente, como una roca.

«Todo lo que se va, regresa». Mi dolor también regresaba, más intenso. Joseph me abrazó y yo ni siquiera le recriminé más su falta de sinceridad. Apoyé la cabeza en su pecho. Algunas lágrimas se deslizaron por mis mejillas. Me temblaban los labios. Temblaba el mundo. «Ni siquiera pudimos decirnos adiós». «Han sido condenados a una muerte que me tocaba a mí». «Es mi culpa». «No es mi culpa». «Me han engañado». «Van a venir a por mí». «Van a morir». «Quiero morir».

Nada de lo que sucedía era justo. No había justicia en nuestro mundo. Joseph decía que todo eso era pasado. Yo no quería dejar atrás el pasado. El pasado era mi vida. Jamás podría olvidarlo. Jamás. Empezó a faltarme el aire y el corazón me latió, acelerado. Sabía que había conjuros para calmar la mente. Sabía que había conjuros para controlar la ansiedad. Pero yo no me sentía capaz de hacer nada. Ni siquiera estaba segura de que quisiera hacerlo o de que lo mereciera.

Pasados unos minutos, llegué a hacerlo de forma inconsciente. O quizás era que mi cuerpo se ataba desesperadamente a la vida. Estaba agotada. Me sentía como en una pesadilla. «Ni siquiera pudimos decirnos adiós». «Han sido condenados a una muerte que me tocaba a mí». «Es mi culpa». «No es mi culpa». «Me han engañado». «Van a venir a por mí». «Van a morir». «Quiero morir».

No dije más nada. Aún no terminaba de asimilarlo. Por dentro, me sentía vacía. A veces, ligera como una pluma. A veces, pesada como el plomo. ¿Me habían arrancado todo lo que llevaba dentro? ¿Me habían quitado todo lo que me quedaba?

Un último pensamiento brotó en mi mente. «No es cierto. Nada de lo que dice es cierto». Eso me consoló. No era cierto, nada de lo que decía era cierto.

Aquella noche aprendí una lección y esperaba que Joseph también la aprendiera.

Son más dolorosas las verdades que no se cuentan.


~ FIN DE LA ESCENA ~

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