La Torre
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Unas termas perdidas en las montañas

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Unas termas perdidas en las montañas

Mensaje  Elia Aerlikr el Vie Oct 04, 2013 11:00 pm

Necesitaba algo de descanso.

El aprendizaje de la magia había resultado ser algo más difícil de lo que yo me podría haber imaginado, teniendo en cuenta la facilidad de los exámenes en los que me examiné hasta ahora. Al menos, en cuanto a contenido, pues no sé qué ocurría con la magia del agua, pero aquellos hechizos, los del Libro del Agua, me resultaban más complicados de dominar. Y, si esto seguía así, los hechizos del fuego serían mucho más difíciles, pero la sensación tras haber conseguido por fin mi flamígera túnica sería, quitando todo el dolor, maravillosa.

Pero, sin embargo, reconocía que tras más de un mes de solo estudiar y apenas obedecer a mis necesidades vitales, necesitaba un descanso. De unos días, quizá. Incluso una semana o dos. En fin, me lo había ganado, ¿no es así?

Así que el primer día de mi auto-regalado descanso me dirigí a las montañas, pues había escuchado a unos aprendices decir que había unas magníficas termas que te quitaban todo el cansancio y el estrés que tendrías en el cuerpo. Y eso sonaba a gloria, con toda la sinceridad del mundo.

Al llegar a mi destino, sonreí al ver el paisaje: Se trataba de una pequeña bañera semi-circular a ras del suelo, posiblemente creada mediante la magia por el primer mago que descubrió ese lugar. Una pequeña cascadita caía a uno de los lados de la bañera, y el agua que se desbordaba fluía montaña abajo por un pequeño riachuelo que se perdía entre los árboles.

Sin dudarlo apenas unos segundos, me quité la túnica, quedándome en un simple vestidito de color blanco que acostumbraba a llevar bajo las túnicas, y entré en aquella bañera, introduciendo lentamente un pie, para luego meter la pierna entera, y luego la otra pierna... bueno, me entendéis: Entré gradualmente en aquella bañera de aguas perpetuamente cálidas y relajantes.

No sé cuanto tiempo había pasado, pero el vapor que se alzaba de la superficie del agua comenzaba a formar figuras extrañas en el aire, mecidas por el viento y las brisas. Al notar que comenzaba a hacer más frío, pues pronto iba a oscurecer, me sumergí completamente bajo el agua, sacando mi cabeza unos segundos después para poder respirar. Pero, sin embargo, hacía mucho más frío tras haber hecho eso, por lo que decidí volver a hacerlo, pero esta vez permaneciendo más tiempo bajo el agua. ¿Cómo haría eso? Mediante un hechizo.

HirùlDòhUvReveZyn

Entonces, esta vez, al sumergirme, sentía como si pudiese permanecer bajo el agua eternamente, pues no me ahogaba. Y me quedé bajo el agua durante unos minutos, disfrutando de la calidez.

Sin embargo, cuando salí a la superficie, avisté una figura entre la niebla.
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Re: Unas termas perdidas en las montañas

Mensaje  Amy Lackless el Vie Oct 04, 2013 11:30 pm

Esta vez, me aparecí entre las montañas que bordeaban el Valle de los Lobos, pensando que, en esta escuela tan... especial habría una persona especial que pudiese verme. Y aunque me paseé varias veces por el interior de la Torre, ningún aprendiz con el que me topé, ningún maestro con sus túnicas marrones ni ninguno de los trabajadores de la Torre se dieron cuenta de que estaba ahí.

Esperaba que esta vez me encontrase con alguien que sí me pudiese ver. Alguien que pudiese engañar y robarle el cuerpo. Alguien con tetas, a petición de Riak.

Así que esta vez, en vez de pasearme por la Torre como hacía a menudo decidí pasearme por el Valle, buscando algún aprendiz o mago inocente que mirase en mi dirección y me viese, alguien que pudiese influenciar y engañar, finalmente, robarle el cuerpo. Y si lo encontrase de una vez sería maravilloso.

La forma que adopté era parecida a la que tenía en vida, o la que adopté cuando hablé con el Dios, pero... más viva. Mi rostro era sereno y el vestido que portaba era inmaculado y no estaba raído, y, aunque flotase por el aire como hacía un fantasma, mi cuerpo parecía emamanar un aura de... de bondad. En fin, esperaba no tener que mantener esta farsa durante mucho tiempo.

Así que pronto me acerqué a uno de los manantiales, y, ante mi sorpresa, me encontré con una mujercita, que miraba mi dirección general, como si hubiese algo que no cuadraba ahí.

Me acerqué a ella con una triste sonrisa en el rostro.

No temas, criatura, no voy a hacerte daño... —Dije con una voz fantasmal, un susurro arrastrado por el viento hasta sus oídos. Esperaba que me escuchase.

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Re: Unas termas perdidas en las montañas

Mensaje  Elia Aerlikr el Sáb Abr 12, 2014 4:39 pm

Era un fantasma. Lo supe al instante. Había aprendido a reconocerlos desde muy pequeña, cuando empecé a ver personas que se deslizaban por el mundo sin que nadie más pudiera verlas, sin que nadie supiera que estaban ahí; seres y personas a los que solo yo podía ver. Todos los que yo había visto acostumbraban a ser almas errantes, perdidas en un mundo que ya no era para ellos y buscando abrazar el reino de la Madre Svea. Poco había podido hacer yo por ellos hasta la fecha, pero ahora todo era distinto. El Libro del Agua enseñaba a abrir puertas entre dimensiones, y, tal vez, en un futuro podría investigar más sobre el tema.

Mi sencillo vestido flotaba, tan húmedo y tan blanco como mi cabellera, sobre las aguas de las termas. La mujer fantasmal susurró unas palabras que besaron mis oídos con delicadeza: no quería hacerme daño. Yo, sin embargo, retrocedí ligeramente. Era una joven hermosa, de cabellos rojos como la sangre y un rostro cargado de bondad infinita.

¿Quién eres? —le pregunté—. ¿Estás perdida?

Mi voz era también un susurro. La mujer parecía tan triste y tan buena que su sonrisa me pesaba en el alma. Era como la sonrisa de alguien que ha perdido muchas cosas y que llora todas sus pérdidas. Como la sonrisa de quien ha perdido durante la rápida carrera del tiempo fugaz decenas de sueños.

Y yo conocía tales sentimientos, había tenido la oportunidad de degustarlos.

Una brisa ligera sopló, trazando ondas en las cálidas aguas de las termas, y un ave de alas negras escapó del interior de la copa de un árbol, y se perdió en el cielo.
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Re: Unas termas perdidas en las montañas

Mensaje  Amy Lackless el Mar Abr 29, 2014 10:12 pm

Bonito comienzo: había dado con una chica ingenua. No me sorprendía. Ciertamente, en la Torre y demás escuelas de la Diosa la picardía brillaba por su ausencia; todo era inocencia, ingenuidad y bondad, y demás inutilidades.

La jovencita me preguntó si estaba perdida y yo la observé con la mejor de mis caras y con la más inocente de mis miradas, si es que podía haber algo de inocencia en mis ojos, y, aprovechando la coyuntura, me deslicé lentamente hasta sentarme (o sentar mi espectro de muerta) en la orilla de las termas. En ese momento, voló un cuervo y se alejó en la distancia. «Muy apropiado. Igual hasta es una señal tuya, querido Dios, aunque no sé si para apoyarme o para recordarme mis promesas». No iba a serme difícil cumplirlas en esta próxima vida, de eso estaba convencida.

Pequeña, todas las almas estamos perdidas, ¿sabes? Este mundo no es el nuestro... —Estiré los dedos inmateriales de mi mano inmaterial para traspasar el agua de las termas—. Pero lo fue...

Bajé la mirada, en un gesto de melancolía infinita. Esperaba que la tonta niña cayera rápido en el engaño; cuando una ha tenido que apañárselas para resucitar tantas veces, el proceso se vuelve terriblemente tedioso.

No podré descansar hasta que no solucione mis asuntos pendientes, pero hasta hoy nadie podía verme, ni escucharme, ni sentirme. ¡Oh, era tan desesperante! Yo no puedo vivir con esta angustia, no puedo...

Las lágrimas se deslizaron por mis mejillas. No eran lágrimas materiales, puesto que no tenía cuerpo que las produjera, pero, cuando una está muerta, puede hacer con su imagen espectral lo que le plazca. Y llorar siempre era efectivo.

Solo... tenía quince años cuando me mataron... Y yo... Yo solo quiero...

Me interrumpí y bajé la cabeza, con un gesto dramático. «Vamos, niña, compadécete de mí, rápido. Tengo una escuela que rescatar de la barbarie».

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Re: Unas termas perdidas en las montañas

Mensaje  Elia Aerlikr el Sáb Mayo 10, 2014 2:53 pm

Ver a un fantasma llorar, sin un cuerpo que pudiera producir tales lágrimas, era una experiencia sobrecogedora, como si aquellas lágrimas que yo estaba viendo caer de sus ojos fueran, en realidad, fruto de la tristeza más honda que hubiera podido anidar en su alma; el llanto era el fruto mismo de su esencia más profunda.

Conmocionada por la imagen, avancé hasta la orilla y salí del agua, para luego acercarme a ella, aunque manteniéndome a unos cuantos pasos de distancia. La brisa ligera, combinada con mi vestido empapado y mi piel húmeda, sopló y sopló, produciéndome escalofríos. Hacía frío, un frío acentuado por la niebla baja, pero no me importó: quería escuchar la historia de aquella mujer, aquella muchacha, que había muerto con tan solo quince años. ¿Quién habría podido cometer un crimen tan atroz?

¿Cómo fue? —pregunté.

A mis palabras las sucedió el silencio y el frío perpetuo. Pronto, la noche cubriría el cielo.

Soy Kin-Shannay y, aunque en lo que respecta a la magia solo sea una aprendiza de tercer grado, si puedo ayudarte, lo haré.

No me atrevía a pedirle que dejara de llorar, porque era lógico que lo hiciera ante su tragedia personal. Pero aquellas lágrimas me conmocionaban y me incomodaban; eran las lágrimas de un alma en pena, de una joven errante, y desdichada...
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Re: Unas termas perdidas en las montañas

Mensaje  Amy Lackless el Lun Jun 16, 2014 9:29 pm

«Querida niña, muy rápido has caído en mis manos...». No sonreí, pero quise hacerlo, para felicitarme por mi buena suerte y por mis grandes dotes de actriz. De esta manera, las lágrimas continuaron en mis ojos y en mi rostro, y la niebla continuó envolviéndonos, creando así la ambientación perfecta para lo que estaba a punto de realizar.

Todo empezó cuando me enamoré —El amor, siempre tan terrible, era un sentimiento que despertaba compasiones en todos—. Era un hombre mayor que yo, dueño de un palacete en las afueras de mi villa. Nos conocimos en el Baile de Primavera y, desde entonces, ya no pude olvidarlo.

»Nos amamos muchas veces, perdidos en el bosque, y me prometió que me haría su esposa. Pero...
—Ahogué un quejido—. Al poco tiempo, cuando descubrió que estaba embarazada... Entonces me abandonó. Me quedé sola. No solo rompió mi corazón y mis sueños, también destrozó mi honor y me condenó al exilio y a la vergüenza...

Me acerqué a ella y mis manos tocaron las suyas, traspasando sus dedos. «Qué historia tan estúpida», me dije a mí misma. Pero, como supuse analizando la expresión de la muchacha, estaba resultando convincente.

Cuando mi hijo nació, a los pocos meses, fui a su palacete, a buscarlo. Si hubiera podido elegir, no lo habría hecho, ¿sabes? Pero no tenía nada para comer, nada... Tenía que regresar y regresé. ¡Ojalá no hubiera ido! Entonces sucedió, me separó de mi hijo, me lo arrancó de los brazos y a mí me echó, pero no me fui, no podía dejar a mi niño en brazos de ese hombre.

Volví a llorar, aumentando progresivamente la intensidad del llanto.

Cayó la noche y... me mató. Aún recuerdo los cortes de su espada, cómo se hundía en mi vientre...

Se hizo un silencio. Lentamente, fui poniendo fin a mis nervios fingidos y, con más calma, añadí:

No pude despedirme de mi hijo. No pude volver a sostenerlo entre mis brazos. Hoy tiene dos años, ya camina y dice algunas palabras. Vive con una familia adoptiva, creyendo que los padres que lo acogieron son sus verdaderos padres... De mí no sabe nada y no quiero que lo sepa.

»Solo hay una razón por la que mi alma no descansa. No es la venganza. No son los celos hacia su nueva familia. No, nada de eso importa. Lo que me ata a este mundo es algo que nunca pude cumplir, algo que me desgarra el alma cada vez que me detengo en su jardín y lo veo jugar y crecer...

»Lo que me ata a este mundo es el deseo de abrazarlo una última vez.
—Alcé los brazos e intenté tocar el rostro de la muchacha; no obstante, mis manos pasaron a través de sus mejillas, como una corriente de aire—. Pero no tengo cuerpo para hacerlo, ni brazos materiales con los que brindarle el calor que necesita...

Ahora solo tenía que decirlo, solo tenía que ofrecerme su ayuda y, entonces, no tendría que recurrir a métodos peores para hacerme con su bonito cuerpo.

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Re: Unas termas perdidas en las montañas

Mensaje  Elia Aerlikr el Lun Jun 16, 2014 10:05 pm

La escuché en silencio. Su historia era realmente conmocionadora y el suyo, un objetivo noble. Pero, ¿qué podía hacer yo para solucionarlo? ¿Cómo podía ayudarla? Si fuera una maga consagrada, habría podido ayudarla mejor. Buscarle, quizás, un cuerpo que ella pudiera poseer. Desde mi posición, sin embargo, me veía muy limitada. Y quería ayudarla, fuera como fuera, porque yo conocía el dolor que causan las penas del amor y podía imaginarme cuál era la magnitud de su sufrimiento.

Buscaré... Buscaremos una solución.

No dije nada más. Cuando su mano intentó tocarme, sentí un ligero aire frío. «Qué tristes se ven siempre los muertos y qué solos, cuando fallecen jóvenes y no hay nadie para acompañarlos». Entonces llamó a mi puerta el miedo, un miedo ligado a la empatía: era el miedo a verme yo un día así, igual de sola, siendo un espíritu que erra por un mundo, en busca de recuperar su tesoro más preciado, la vida que ya nunca podrá tener.

Sentí escalofríos y no se debían solo a la presencia del fantasma.

No importa lo que tenga que hacer. Buscaré en la biblioteca de la Torre, le preguntaré a quien sea necesario, pero conseguiré que vuelvas a abrazar a tu hijo —dije, con determinación. Luego, me quedé en silencio, tan solo unos instantes, y una luz brilló en la cabeza: era la luz de una idea temblorosa e insegura, una idea a todas luces imposible, pero que podía ser la solución—. Aunque si... Hay espíritus capaces de poseer cuerpos. Yo estaría dispuesta a ofrecerte el mío, durante el tiempo suficiente para que abraces a tu hijo. Nunca lo he hecho, pero estoy convencida de que no será difícil. ¿Sabrías cómo hacerlo?

Tomé aire y una brisa gélida sopló. Tenía la esperanza de que funcionara, quería sentirme útil ayudando a aquella pobre alma perdida y haría lo que estuviera en mi mano para conseguirlo.

Levanté la cabeza y miré a la joven mujer a los ojos. Eran unos ojos rojos, tan rojos como la sangre, los ojos de un demonio perdidos en el rostro de un ángel. «Qué ojos tan rojos para un alma tan blanca y tan pura...».
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Re: Unas termas perdidas en las montañas

Mensaje  Amy Lackless el Lun Jun 16, 2014 11:01 pm

¿Que si sabía cómo hacerlo? ¿Le estaba preguntando a Amy Lackless cómo poseer un cuerpo? Oh, sí, aquello estaba siendo realmente divertido. Había llegado el momento. Ella acababa de cometer el error de confiar en mí y lo iba a pagar muy caro.

Yo... podría intentarlo... Hace tiempo, leí en un libro un ritual que servía para estas cosas. No sé si funcionará, pero podemos intentarlo...

La muchacha estaba completamente decidida a ayudarme, y creía que mi mente era tan ingenua como la suya. Era la hora de empezar con el proceso. «Hoy vas a aprender, dulce niña, que no está bien hablar con desconocidos. Sobre todo, si estos están muertos».

En un susurro casi inaudible, la primera runa del ritual escapó de mis labios.


~ o ~


Al cabo de unos minutos, o quizás unas horas, yacía en escena el cuerpo inerte de una mujer con el vestido húmedo y los cabellos del color de la plata. Cerca del cuerpo, a pocos pasos, un espíritu, idéntico al cuerpo, flotaba, contemplándose los brazos y con los ojos muy abiertos. Hizo ademán de preguntar algo, pero la sorpresa era superior a su capacidad de enunciar palabras, o de llevar a cabo alguna acción. Estaba paralizada; era la primera vez que moría. Tal vez fuera la última.

Me coloqué sobre el cuerpo y la observé. Entonces, me permití una sonrisa cargada de malicia.

Gracias, querida, por tu generoso regalo. Y por confirmarme que los seguidores de la Diosa son tan estúpidos como pensaba.

No le di tiempo a responder, pero su rostro se había contraído en un gesto de espanto. Rápida como el rayo, poseí el cuerpo de la muchacha, deseosa de guarecer mi alma, de nuevo, en el calor de una materia cálida.


~ o ~


Abrí los ojos lentamente, como si hubiera despertado de un largo sueño. Al principio, permanecí inmóvil, acostumbrándome al calor de la sangre y dándole tiempo al cuerpo para aceptar el poder de mi alma de nigromante. Pasaron los minutos y, poco a poco, fui notando el cosquilleo de la sangre al correr por mis dedos. Noté el frío, el pelo pegado a la espalda, el vestido adherido a mis formas femeninas.

Me levanté y di los primeros pasos con mi nuevo cuerpo. No importaba cuántas veces lo hiciera: cambiar de cuerpo era siempre una experiencia emocionante. No muy lejos, graznó un cuervo. No había señales del espíritu de la muerta, tal vez porque ya no estaba, tal vez porque yo no podía verla.

Anduve despacio hasta la orilla de las aguas y estas me devolvieron, obedientes, el reflejo de mi nuevo rostro: una cara hermosa, de facciones regulares, cabellos plateados y unos preciosos ojos rojos que estaban dispuestos a devorar el mundo.


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