La Torre
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Ficha de Crescent [Renovada]

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Ficha de Crescent [Renovada]

Mensaje  Crescent fon Wolfkrone el Mar Jun 24, 2014 3:49 pm




~ Crescent fon Wölfkrone ~

~ Datos personales ~



~ Nombre y apellidos: Crescent de los Vulfengard, o Crescent fon Wölfkrone.
~ Edad: 22.
~ Sexo: Masculino.
~ Condición vital: Vivo.
~ Bando: La Diosa.
~ Raza: Humano, Señor de los Lobos.
~ Profesión: Guerrero Exaltado, Mago Consagrado, Maestro de la Torre (magia y lucha física).
~ Escuela: La Torre.
~ Clase social: Príncipe de Wölfkrone y de las Provincias Unidas.



~ Gustos y aficiones: Ama el silencio, la lectura (en especial, cantares de gesta, aunque también algún que otro grimorio) y observar la luna, preferiblemente la luna llena. También disfruta con la equitación, la esgrima y los lugares fríos. Y el aguamiel.
~ Cosas que detesta: La mentira, la deslealtad, la falta de disciplina y la falta de honor. Detesta, además, sentirse abrumado por las circunstancias y equivocarse o fallar en sus objetivos.
~ Virtudes y defectos: Como virtudes, podemos señalar su lealtad, su sentido del honor y su capacidad de mando. Es un hombre que destaca por sus habilidades y por sus éxitos.
Con respecto a sus defectos, Crescent suele ser frío y distante, llegando a veces al individualismo. Adora presumir de sus méritos.
~ Manías: Suele cuidar su aspecto, llevando siempre que es posible una apariencia impecable.
~ Curiosidades: Es ambidiestro.
~ Objetivos y metas: Ninguna que no quiera reservarse para sí.
~ Otros datos de interés: Nació el 1 de diciembre.

~ Descripción física ~


Crescent es un joven alto y atlético, con un cuerpo que hace justicia a su condición de guerrero y al entrenamiento constante que ello conlleva. Como todo nórdico, su piel es blanca y pálida, muy propia de tierras donde rara vez las nubes dejan espacio al sol. Esta es, generalmente, suave, salvo en los dedos y en las palmas de las manos, donde su piel se ha vuelto más ruda y áspera a causa de la empuñadura de diversas espadas. Por algunos puntos de su cuerpo, aún conserva cicatrices de magia negra que le recuerdan, día a día, cuál es su bando y su posición.

Su cabello es de color negro puro, muy oscuro, como la misma noche. Durante muchos años lo llevó largo, hasta media espalda y casi siempre suelto o atado en una coleta, pero no hace mucho tiempo decidió cortárselo por razones de comodidad. Desde entonces, su pelo antes liso se le ondula ligeramente, sobre todo en ambientes húmedos.

El rostro de Crescent es el rostro de un hombre regio, nacido para gobernar imperios. En él todo es majestuosidad y la corta barba negra que le crece lo hace parecer aún más imponente. Bajo unas cejas anchas y densas, destellan dos ojos llamativos enmarcados en pestañas oscuras. Sus ojos son la única parte demoníaca de sí mismo, unos ojos rojos, muy rojos, tan rojos que parecen ser dos gotas de sangre que hubieran caído accidentalmente sobre su piel de nieve. Cualquiera que se topara con tales ojos podría sentir miedo, o querer huir, pero no es algo que suceda a menudo: la forma de mirar de Crescent es, para sus amigos y conocidos, amable y sosegada, aunque no exenta de cierta severidad. Para aquellos que desconocen su historia, los dos rubíes que encierran su alma son toda una extrañeza, producto del capricho de la naturaleza. Y, si es cierto que los ojos son los espejos del alma..., ¿cómo es el alma de Crescent? Es una pregunta cuya respuesta haría temblar al ser más temerario.

Si seguimos descendiendo por su fisonomía, encontraremos un cuello ancho, con nuez ligeramente pronunciada; de su garganta escapa una voz grave y varonil, muy entrenada para dar elocuentes discursos (sobre todo en el campo de batalla). Su espalda también es ancha y sus músculos, marcados. Sus brazos son fuertes y vigorosos, y su pecho, sólido, de lisura solo interrumpida por las cicatrices y por un fino y escaso vello que apenas es visible.

También en sus piernas hay algunas marcas, menos de las que tendría si no pudiera sanárselas con la magia. Tiene algunos lunares pequeños repartidos por algunos puntos de su piel, pero es casi imposible verlos cuando lleva piernas, torso y brazos cubiertos. Sus pies son proporcionales al resto de su cuerpo y más suaves de lo que cabría esperar en un hombre acostumbrado a andar por senderos escarpados.

En cuanto a su forma de vestir, prefiere los colores oscuros. Le gusta llevar puesta su armadura, pues considera que le ofrece una imagen favorecedora y principesca, y, por eso, no es extraño verlo de esta manera aunque se encuentre paseando por los pasillos de la Torre o por los jardines de su palacio. Y cierto es que este aspecto le favorece, pues aumenta aún más su atractivo y su porte masculino y regio, que combina a la perfección con su andar elegante, muy típico de la nobleza.

Cuando se transforma en lobo, se convierte en una criatura de pelaje negro y colmillos afilados; un lobo grande y fuerte, de ojos rojos, casi iguales a los que conserva en su forma humana. Pero solo a primera vista. Si uno se fija en ellos, advierte entonces un brillo salvaje, sanguinario, un brillo que hace recordar que estamos ante una fiera. Ese brillo salvaje es el contrapunto ideal a su serenidad y saber estar de humano, lo que nos hace intuir, solo con analizar su aspecto, cuál es su personalidad, marcada por un amplio abanico de contrastes que contribuyen muchas veces a la imprevisibilidad de sus acciones.


~ Descripción psicológica ~


Efectivamente, su personalidad esta marcada por fuertes contrapuntos. Salvaje y educado, impulsivo y sereno, condescendiente y fiero... Aunque en la mayor parte de las situaciones su perfil psicológico se muestra inalterable, existen ocasiones en las que esta estabilidad se difumina dando lugar a un Crescent sustancialmente distinto al que todos acostumbran a ver.

Como ya señalamos anteriormente, este joven es, al menos en apariencia, frío y distante. Nunca se ofusca demasiado, nunca se ríe demasiado, nunca llora, ni tampoco parece ser capaz de sentir algún tipo de pena o de dicha en su corazón. En apariencia. Pero las apariencias engañan, y este es un claro ejemplo de ello.

Pese a su capacidad para mantener la calma en situaciones tensas, su sangre hierve como una olla al fuego ante aquello que lo altera y, ante fuertes presiones, el volcán estalla en una explosión de furia y frenesí como el que lo domina en el centro de alguna batalla especialmente cruenta donde no tiene la responsabilidad de dirigir a nadie. Sin embargo, puesto que esto sucede en muy pocas ocasiones, la apariencia que Crescent ofrece es la de una mente que lo tiene todo bajo control y que busca y busca estrategias para conseguir cumplir con sus obligaciones.

Las obligaciones son muy importantes para él, y las acepta con mayor o menor resignación. Su condición de Príncipe de Garnalia Norte y sus altos cargos en el mundo mágico lo han llevado a tener demasiadas, por lo que siempre está inmerso en sus ocupaciones, aunque casi nunca disfruta con ellas. No siente un gran entusiasmo ante la guerra, pero sí es conocedor de estrategias y de discursos para infundir ánimo en sus tropas; asimismo, le gusta esgrimir armas.

A nivel profesional es, por tanto, un hombre disciplinado, que no duda a la hora de hacer avanzar un ejército, ensartar una espada en el enemigo o regar los campos con sangre si es por una causa justa o provechosa para su Diosa y para su Reino. Desea impartir justicia y no se puede negar que disfruta con las victorias, que son, quizás, el único momento de la batalla donde se siente realmente realizado. El elevado número de estas últimas ha conseguido que muchos le den el calificativo de héroe, que él porta con orgullo y del que le encanta alardear.

Es orgulloso y recto, habitualmente serio aunque también amistoso con su entorno más cercano. Instruye a sus alumnos en valores que él considera esenciales, como el honor, la lealtad, el Bien o el rigor. Esto lo convierte en un maestro estricto, pero también dispuesto a prestar su ayuda siempre que se lo piden, independientemente de que tenga que arriesgar su vida o su integridad física para ello. De la misma forma, le gusta dirigir a los demás y llevar el mando.

En sus relaciones personales, puede llegar a tener un gran sentido del humor. Por las circunstancias de su vida, esta cualidad se ha ido deteriorando, pues la situación del mundo en el que se encuentra no suele dar pie a demasiadas bromas. Es amigo de sus amigos y enemigo de sus enemigos; sobre las capas de hielo que lo recubren, late un corazón cálido, dispuesto a acoger a otras personas. No obstante, no es nada expresivo en sus sentimientos y rara es la ocasión en la que dé una muestra de cariño. Es reservado y se suele guardar sus pensamientos más íntimos para sí mismo, por lo que es difícil, a veces, determinar las causas profundas de su comportamiento.

Siente, ama y odia, pero su actitud ante los demás suele ser bastante pasiva. No suele dar los primeros pasos, ni pronunciar las primeras palabras en las conversaciones que entabla. Es paciente y no se apresura, no suele negar el cariño de los demás pero tampoco toma la iniciativa de darlo. Descuida a menudo sus relaciones, lo que se relaciona en gran medida con sus numerosas ocupaciones, pero no suelen deteriorarse sus sentimientos por más tiempo que pase.

Sin embargo, el contraste más claro en su personalidad es desconocido, quizás, incluso para él mismo. Dentro de su alma, en la parte más oculta, esconde un ser sanguinario e irracional, que lleva mucho tiempo encadenado dentro de él. Sus ojos son un símbolo de ello, así como su forma de lobo, donde más patente está esta característica. Esa oscuridad interna, casi inexplicable en un fiel guerrero de la Diosa, podría ser la causa primera de todas sus reacciones, o su verdadero ser. De dónde la heredó o qué sucedió para que esto fuera así tiene que ver con asuntos oscuros, asuntos que él calla y que lo han hecho cambiar tanto desde sus diecisiete años —edad con la que ingresó en la Torre—, tanto y, a la vez, tan poco, que nadie se explica cómo pudo ser posible semejante metamorfosis.

Él tampoco. O, al menos, no lo explica a los demás. ¿Y quién sabe? Puede que algún día, en un futuro no muy lejano, esa parte profunda y salvaje de su ser salga a relucir y desvele los secretos más ocultos de un hombre que calla más de lo que habla, que sabe más de lo que dice y que encuentra en sus silencios cargados de misterio el reposo ideal para sus tranquilas o tempestuosas reflexiones internas.


~ Historia ~


Crescent es oriundo de Wölfkrone, la fría capital de Garnalia Norte, en la que pasó gran parte de su infancia. De niño, fue siempre muy despierto; se crió en los círculos de la nobleza nórdica, teniendo a su alcance grandes comodidades pero sin los lujos excesivos que son propios de las tierras del Centro. Recibió una educación muy cuidada en armas y en letras, como corresponde a un buen caballero, y encontró gran disfrute en ambas cosas, aunque sus habilidades en esgrima fueron siempre más destacadas.

Es hijo único y, por tanto, único heredero de un reino tan vasto como complicado. Inteligente y vivaz, nunca trajo mayores problemas a sus padres que alguna pataleta infantil, y sus primeros años estuvieron repletos de alegrías y prosperidad. Al llegar a la adolescencia (sobre los doce años), se trasladó con su madre (noble de Ereaten) a la casa de sus tíos en esta ciudad, con el fin de instruirse en la capital de capitales y de aumentar sus conocimientos contactando con otras culturas.

Aprendió muchas cosas y todas muy diversas, pero, a medida que iba creciendo y tomando conciencia de su alrededor, empezó a darse cuenta de cuán diferentes eran las cosas en Ereaten. Dados los altos círculos en los que se movía, no tuvo la ocasión de ver demasiada miseria, pero no le pasaron desapercibidas ni la represión ni la intolerancia, mucho más acusadas allí que en el Norte.

En comparación con otros magos, el don de Crescent se manifestó de forma tardía. Tuvo la fortuna de que sucediera delante de su madre, que, de mente más liberal en asuntos mágicos, no sintió miedo alguno. Sus padres decidieron, por tanto, enviarlo a algunas de las escuelas mágicas cuya existencia conocían, y le dieron elegir al joven muchacho, a la edad de diecisiete años, si prefería acudir a la prestigiosa y esotérica Escuela del Lago de la Luna o a la lejana y solitaria Torre.

Inexplicablemente, el joven príncipe prefirió la segunda opción, tal vez porque había escuchado en algún viejo cantar de gesta las leyendas que corrían en torno al recinto o los episodios épicos que había vivido en tiempos pasados. De cualquier modo, terminó ingresando en la Torre y es en este punto de la historia cuando empieza a vivir las experiencias más notables de su corta existencia.

Fue un estudiante ejemplar, que se graduó en seis meses y tres días, justos, con calificaciones excelentes. Se convirtió en mago consagrado y luego en Maestro de la Torre; la mismísima Diosa reconoció sus aptitudes para la lucha física y lo eligió entre sus guerreros. Fundó la Escuela de Lucha de la Torre y ayudó a decenas de aprendices, cosa que aún hace.

Las peripecias que ha vivido desde entonces son infinitas. Fue parte de una profecía, por la que murió y resucitó. El mundo entero le sonreía por aquellos tiempos..., hasta que todo cambió. Cuando estaba a punto de cumplir los dieciocho años, hubo un suceso que marcó un punto de inflexión en su vida, en su aspecto y en su personalidad. Ocurrió en una parte inhabitada del mundo, en uno de los bosques más densos de cuantos pueblan la tierra, en un círculo bordeado por nueve columnas de mármol.

Entonces, Crescent cambió para siempre. Cuando regresó, todos sabían que ya no volvería a ser quien fue. Su familia volvió al norte y él marchó hacia allí a cumplir con sus obligaciones. Libró numerosas batallas, derramó litros incontables de sangre. La furia del lobo se instaló en su alma, y en sus ojos, que se convirtieron en ojos de sangre. El silencio cubrió sus labios como una losa, más pesada de lo que había sido nunca.

El último lustro ha sido un período intenso en su trayectoria vital, un período donde ha triunfado, fracasado, amado, odiado, reído y hasta llorado. No obstante, todo apunta a que lo que ha sucedido no es nada en comparación con lo que queda por suceder.


La primera regla de una Escuela de Alta Hechicería es que un aprendiz no debe traicionar a su Maestro.





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Crescent fon Wolfkrone
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Nombre : Crescent fon Wölfkrone
Escuela : La Torre
Bando : La Diosa
Condición vital : Vivo
Cargo especial : Maestro de la Torre (magia y lucha física), Maestro de Guerrero Angelical (La Torre)
Rango de mago : Mago consagrado
Rango de guerrero : Guerrero Exaltado, Especialista en Guerrero Angelical
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Re: Ficha de Crescent [Renovada]

Mensaje  Lady Admin el Mar Jun 24, 2014 3:50 pm

Ficha aceptada, Crescent fon Wölfkrone.

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