La Torre
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[P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

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[P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Oráculo el Sáb Oct 04, 2014 2:55 pm






Ha pasado una semana desde que Lumière y Umrae escaparan con éxito de la Cueva de la Dama. La ciudad de Aleketh, una metrópoli tan animada como siempre, no es menos ruidosa a la luz de la tarde que reina sobre el cielo. A las afueras, junto a la zona del oasis más alejada de la ciudad, los ruidos son apenas un murmullo, y no llegan hasta allí los mercaderes.

En este lugar se encuentra la taberna de Mihaíd el Caminante, que, más que una taberna, parece la casa pequeña (y abandonada) de algún noble. El letrero con el nombre del recinto se ubica encima del arco de la entrada. Altas palmeras y alta vegetación cubren los alrededores de la supuesta taberna, por lo que, desde cualquiera de sus ventanas, tan solo se alcanzaría a ver de Aleketh su famosa Torre del Oro.

Aunque el edificio resultaría llamativo para cualquier plebeyo, por algún extraño motivo, no hay nadie en la taberna ni en sus alrededores. Al estar cerca la llegada de la noche, no hace tanto calor como durante el día, pero no corre ninguna brisa. La puerta del edificio está cerrada y, junto a la entrada, entre dos plantas, hay un cofre de madera.




INDICACIONES: El primero en postear es Kvothe, y le siguen Eva, Alahé y, por último, Lumière Noire.

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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Kvothe Assherai el Mar Oct 07, 2014 8:52 pm

Había partido con Eva y aquel unicornio herido desde el Fuerte Oeste, teníamos que ir al sur, hacia el Desierto Eterno. Por lo que decidimos coger uno de mis barcos y partir hacia Garnalia Sur. Por supuesto no podíamos hacer todo el viaje desde el Fuerte hasta el Reino Enano, donde tenía parte de mi flota. Por lo que tuve que optar por usar un hechizo de teletransporte que nos llevara a mi y a la criatura. Eva no necesitaba hacer uso de aquello.


Cuando ya tenía en mis manos el control de mi barco, ordené a mis hombres lo típico que tenían que hacer. Sin embargo no terminaban de trabajar del todo bien, ya que habían visto al unicornio y no habían hecho menos que sorprenderse. Sin embargo no tenía tiempo para explicaciones. Aquel animal tenía que volver cuanto antes a su hogar y recuperar energías antes morir de cansancio.


Pasaron varias jornadas, quizás más de unas cuantas... Semanas podría atreverme a decir. Y al fin estábamos en Aleketh, donde pararíamos a descansar uno o dos días antes de proseguir con nuestro camino. Me acerqué al unicornio y le susurré unas palabras al oído:

-Será mejor que no estés por aquí... Tengo entendido que la princesa de este reino es una nigromante... Debemos pasar desapercibidos...-Esperaba que me entendiera, era esencial que lo hiciera. No podía venir con nosotros, no podía entrar a la ciudad... Tenía que ocultarse en los bosques de alrededor. 
Finalmente miré a Eva y asentí, preparado para seguir con el camino. Estaba orgulloso de tener a alguien a mi lado, a alguien que pudiera guiarme. Y un Kai es lo que más necesitaba en aquellos momentos.


Comencé a caminar en dirección a una multitud de edificios a las afueras de la ciudad, cerca de una especie de oasis. En uno de ellos vi un cartel con el nombre de una taberna: Mihaíd el Caminante. Ahí sería donde pararíamos a tomar algo y a buscar un alojamiento. Caminé decidido a aquel edificio. Pero entonces, cuando lo tuve delante de mi, no supe exactamente qué hacer: La puerta estaba cerrada y no parecía haber nadie dentro ni fuera de la taberna. Suspiré y miré a mi alrededor, en busca de alguna otra taberna. Entonces Eva me señaló algo, se trataba de un extraño cofre que había entre dos plantas. Alcé una ceja, curioso, y me acerqué a él. Mirando cómo se abría.

-Eva, avísame si viene algo, por favor.

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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Eva Blake el Miér Oct 08, 2014 11:37 pm

Fue un viaje largo, y no tanto por el tiempo transcurrido realmente como por la lentitud con la que este pasaba. Contemplar la debilidad y las cicatrices de la unicornio era desolador, pero lo único que podíamos hacer por ella era llevarla a su lugar de origen, a su templo, que debía encontrarse en algún lugar recóndito del Desierto Eterno. La Diosa me lo había dicho: nuestro deber era conducirla hasta allí. Pero, aunque a medida que nos acercábamos a las tierras del sur, la criatura parecía mejorar un poco, todavía estaba herida, y no funcionaban con ella los hechizos curativos habituales. «La Diosa nos guiará hasta su cura, para eso estamos aquí...».

Por lo demás, estaba contenta de haber conocido por fin a mi Kin-Shannay, quien me ofrecía una compañía a la que llevaba mucho tiempo sin estar acostumbrada. Estaba intentando cumplir con mi papel de Kai de la mejor forma posible, pero, en ocasiones, me asaltaban las dudas, me creía incapaz de cargar con una tarea tan importante, y pensaba que la Diosa se había equivocado al elegirme a mí. «No, Eva, Ella nunca se equivoca».

Cuando llegamos a Aleketh, Kvothe pensó que sería buena idea descansar en la ciudad. Puesto que no tenía un cuerpo material, yo no necesitaba dedicarle horas ni a comidas ni al sueño, pero no sucedía así con los que todavía estaban vivos.

Nunca había estado en Garnalia Sur y todo lo que se revelaba ante mis ojos era sorprendente para mí. Las grandes extensiones de arena, las edificaciones de la gran ciudad que se alzaba ante nosotros... Todo era nuevo, era un paisaje bonito a pesar de su aridez, y, como yo no podía percibir ni el calor ni el frío, no me afectaban los cambios de temperatura entre la noche y el día.

Kvothe le dijo al unicornio que debía ocultarse, pues era peligroso que alguien lo viera, y más en una ciudad dominada por una princesa nigromante. Allí, en el oasis, había vegetación que podía servirle de escondite, pero, aún así, era un riesgo dejar a la criatura sola. Y también era un riesgo llevarla a Aleketh.

No podemos separarnos de ella —dije—. Si entras en la ciudad, me quedaré yo a su lado, e iré a avisarte si sucediera algo...

Era la única opción que se me ocurría. Andamos por el oasis evitando los edificios y casetas de los que procedían voces humanas, hasta llegar a una zona alejada, donde había suficiente soledad, silencio y vegetación como para pasar desapercibidos. A falta de un lugar mejor, podría quedarse allí el unicornio, aunque no estaba convencida.

Quiso la casualidad que, tras la vegetación y las palmeras, nos encontráramos con una taberna que no tenía aspecto de taberna, y cuyo letrero rezaba Mihaíd el Caminante. No sabía si Kvothe pensaba detenerse allí, pero no había nadie, ningún ruido, nada. Tal vez el establecimiento estuviera cerrado. Y eso fue lo que debió pensar él, pues se volvió en busca de algún otro lugar donde hospedarse, sin tener que entrar en la ciudad de Aleketh.

Casi por instinto, yo también miré a mi alrededor, y fue en ese momento cuando descubrí, entre dos plantas, un cofre, y se lo señalé a Kvothe. Él fue a abrirlo y yo lo seguí, con curiosidad y, al mismo tiempo, con cierto temor por lo que pudiéramos encontrar. Miré a nuestro alrededor. No venía nadie; la vegetación nos protegía de todas las miradas indiscretas. Entre las sombras provocadas por las plantas podía ver asomar un pequeño destello de plata, que tal vez fuera el cuerno del unicornio.

El cofre se abrió y observé, decepcionada, que estaba vacío.

Era de esperar —comenté—. No creo que nadie deje algo de valor en un lugar donde cualquiera podría robarlo.

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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Alahé el Vie Oct 10, 2014 6:13 pm

El mago le dijo a Alahé que sería mejor que no estuviese por allí, dado que la princesa de aquel reino era una nigromante, pero ni la unicornio ni su Kai, Eva, pensaban lo mismo. Y así se lo hizo saber el fantasma, avisándole de que se quedaría al lado de la criatura, ya que no podían separarse de ella.

A continuación, empezaron a andar y la yegua les siguió, sigilosa.

Finalmente, llegaron a una zona alejada donde podrían pasar desapercibidos y alejados de la población.

Tras la abundante vegetación hallaron una taberna con un letrero en el cual se podía leer: Mihaíd el Caminante. Tras mantenerse en silencio unos instantes, no oyeron nada. Ni voces, ni ruido. Nada. A la unicornio aquello le pareció una mala señal.

Entonces el joven se acercó a un rincón y halló un cofre sencillo, sin ningún ornamento ni nada que pareciese indicar su procedencia. Lo abrió rápidamente, pero su interior estaba vacío.

Alahé se acercó hasta donde estaban ambos y relinchó, tratando de llamar su atención. Tenía un mal presentimiento y, a pesar de sus heridas, quería advertiles del peligro a sus acompañantes.

Realmente sólo era eso, un presentimiento, pero la criatura pensó que no debían correr riesgos y que era su deber protegerles.
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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Lumière Noire el Lun Oct 13, 2014 8:40 pm

Ya era la quinta noche en la que Lumière paseaba por las calles de Aleketh.

Llevaba días esperando al Orador de Yehnév. Realmente, ese era el único motivo por el que había decidido, finalmente, venir. Los primeros dos días había pensado en olvidar todo aquello y continuar con su rutinaria vida, pero luego se vio, nuevamente, consumida por la curiosidad (puesto que el individuo le prometió explicaciones), y a partir de la mañana del tercer día decidió ir a Aleketh, como cuando se fue a la Cueva de la Dama.

Con la excepción de que esta vez el óculo le había enseñado la ciudad y no se había pasado horas y horas buscándola en el desierto.

Su cometido principal era acudir a la cita del Orador. El problema era que él nunca parecía estar en el lugar que buscaba. Había localizado la taberna de Mihaíd el Caminante desde el primer día que llegase a Aleketh, y, aunque la visitase casi cada hora, siempre la encontraba vacía, y cerrada. Realmente en eso consistió su rutina durante los últimos cinco días. Cuando no estaba junto a la taberna, paseaba por la ciudad. El idioma era bastante parecido al centrogarnálico, pero manteniendo sonidos y vocabulario propio de los idiomas autóctonos, por lo que más o menos lo entendía.

Como ciudad era un lugar aglomerado, lleno de calles y callejuelas estrechas que se cruzaban y cruzaban entre si formando un plano laberíntico en el que cualquiera sin mapa o sin magia se perdería. Estaba llena de cosas desconocidas para Lumière, como olores, o comidas. Un día vio a gente vendiendo serpientes clavadas en una vara delgada de hierro, sazonadas con miel y una especia rojiza, y luego asadas. Le pareció raro, pues no sabía quién, en su sano juicio, se comería una serpiente en vez de matarla.

Sin embargo, llegó a la conclusión de que, pese a ser una ciudad que tenía como princesa a una nigromante, no estaba tan mal.

Apenas había acabado su último paseo de aquel día, y se decía que ese sería el último. Si el Oráculo no se apareciese por la noche, tras una semana desde que la llamase, entonces debería suponer que bien había llegado tarde y que debería haber acudido a la taberna el día después del encuentro (lo cual explicaría el hecho de no haber coincidido ni una sola vez con Umrae, su compañera, aunque eso podría ser explicado por el hecho de que ella hubiese decidido no venir) , o que simplemente no vendría. Siempre tenía que considerar esa posibilidad.

Andaba con paso ligero, su cuerpo oculto por una capa ocre, un tanto gruesa. Por la noche en el desierto hacía frío, pese al calor irradiado por las arenas y las rocas, por lo que, aunque la capa ayudaba un poco a mantener el calor, decidió activar un hechizo térmico. Como todas las veces que iba, no esperaba encontrarse a nadie. O al menos, nadie relevante.

Esta vez, desde la lejanía, alcanzó a ver a una persona arrodillada, y a lo que parecía ser un caballo blanco. El hombre no parecía ser el Orador, y ciertamente tampoco parecía serlo el caballo, aunque esperaba que alguno de ellos lo guiase hasta él, como hizo el zorrito del desierto. Continuó andando lentamente hacia ellos, en silencio.

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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Kvothe Assherai el Mar Oct 14, 2014 8:34 pm

Cuando abrí el cofre, esperaba que hubiera alguna trampilla secreta que se abriera o algún botón dentro del mismo, pero no había más que polvo y telarañas. Suspiré y negué con la cabeza, algo indignado. Tenía que descansar, necesitaba descansar... Y para ello, si aquella taberna no estaba abierta, tendría que entrar a la ciudad. Y Eva me había dicho que no podíamos dejar al unicornio allí solo.
Escuché al animal, que relinchó para llamarnos la atención a mi Kai y a mi. Le miré de reojo y negué con la cabeza, no podía hablar con él, pero era evidente que pretendía avisarnos de un posible peligro.

-No hay nada cerca... Ni siquiera está habitada la taberna...-Me tuve que tragar mis palabras, pues pronto sentí que algo se acercaba. Un aura mágica, llevé mi mano a la empuñadura de Suplicio y lentamente me levanté, mirando detrás del unicornio. Se acercaba una persona, una mujer para ser más exactos. Iba tapada con una especie de capucha y unos ropajes algo gruesos, pero sin embargo estaba seguro de que se trataba de una mujer... Miré a Eva de forma algo acusadora, ya que no me había avisado de que aquella mujer se acercaba. Sin embargo no me enfadé en absoluto, no tenía tampoco motivos. 
Hice un rápido gesto con la mano y cerca del unicornio crecieron hierbas lo suficientemente grandes como para taparle. No había olvidado que aquella criatura no podía ser vista en aquella ciudad por nadie, y tenía que evitar que aquella persona la viera. Me puse en mitad del camino para evitar dar pistas y di un par de pasos para que la mujer se parase antes de llegar al pequeño escondite del unicornio.

-¿Hola?

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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Rodia V. Radimir el Mar Oct 14, 2014 10:49 pm

El Orador de Yehnév esperó varios días a que llegaran las dos mujeres citadas en la peculiar taberna. Lumière tardó tres días en aparecer, y, a la quinta puesta de sol, se cansó de esperar por Umrae, y decidió que ya era el momento de recibir a la invitada. Todo esto lo observó desde un óculo muy simple que invocó en algún lugar, y fue Schede quien, harta de la espera, le sugirió aparecer de una vez en la taberna, aunque fuera con los planes trastocados.

De modo que Rodia, la sacerdotisa y el zorro aguardaron escondidos tras las paredes, alejados de todas las ventanas y manteniendo un silencio sepulcral. Aun estando en el lugar de la cita, mantuvo el Orador su óculo, para que le mostrara todos los movimientos del exterior, y cuál fue su sorpresa cuando vio acercarse a un hombre joven, de pelo blanco, a la taberna. No dijo nada, pero lo miró con atención, preguntándose qué hacía allí, qué podía haber fallado para que estuviera allí.

Y encontró enseguida la respuesta: lo acompañaba una criatura blanca, reluciente, que tenía forma de caballo, pero que era mucho más que eso. Era un unicornio, sus ojos no lo engañaban. Schede y él se miraron, sorprendidos, y hasta el zorro, sin prestarle ninguna atención a la imagen del óculo, parecía notar que algo extraño sucedía.

El hombre divisó la presencia de alguien, cubrió con plantas al unicornio, y se dirigió a ese alguien que se acercaba. La imagen del óculo no le permitía ver más allá; el cuenco donde estaba contenida el agua no era lo suficientemente grande, ni el dominio de Rodia sobre la Magia del Agua era lo suficientemente elevado.

Así que, puesto que era inútil mantener el conjuro y más valía presenciar la escena por sí mismo, deshizo el óculo, se colgó el hacha en el cinto, se colocó bien el sombrero, cogió al zorro y le dio la mano a Schede, y entonces se teletransportaron a la parte exterior de la taberna.

Se aparecieron justo delante de la puerta. Los dos humanos llevaron inmediatamente sus ojos hasta la vegetación que escondía al unicornio. El zorro, por su parte, saltó de los brazos del Orador, y, como si fuera el más sociable de los perros, fue corriendo hasta Lumière Noire y la rodeó varias veces, hasta sentarse a su lado.

Schede, enfundada en un vestido blanco muy propio del sur, fue la primera en moverse. Apartó la vista del lugar donde sabía que estaba el unicornio, y dio un par de pasos hacia delante, decidida y con la cabeza alta. Llevaba el pelo recogido, la piel morena le brillaba bajo el sol poniente, y parecía muy seria.

¿Quién eres? —le preguntó al hombre, con desconfianza.

Y Rodia apoyó la espalda en la puerta cerrada, miró el cofre abierto como si fuera la primera vez que lo viera y sonrió, y luego centró su atención en Lumière y en el desconocido..., que tal vez no le fuera tan desconocido.

Ha querido la casualidad... —comenzó el Orador— que, después de tanto tiempo sin recibir visitas, se reúnan hoy en esta taberna dos magos y un unicornio. Y al menos dos no son del sur. O tal vez no lo sean los tres. ¿Quién me lo dirá?


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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Lumière Noire el Miér Oct 15, 2014 10:22 pm

Lumière se acercaba, y el hombre agachado junto al cofre pareció darse cuenta del hecho. Se llevó una mano a la empuñadura de su espada. ¿Era su intención atacarla, o solo era un gesto intimidatorio, para su propia defensa? Se separó del cofre y ocultó al caballo aquel mediante un hechizo. En dos gestos demostró que sabía luchar y que podía hacer que las cosas comenzasen a arder. El hombre de cabellos blancos clavó la mirada durante un instante en un punto, según parecía, aleatorio, como si intentase ver algo en la distancia, y luego comenzó a acercarse a Lumière.

Anduvo un par de pasos, y Lumière se paró. También lo hizo el hombre, que la saludó, algo dubitativo. Aún había bastante distancia entre ambos.

Lumière iba a saludar, aunque se vio interrumpida por el hecho de que tres figuras, dos humanas y una animal, se materializaron justo en frente de la puerta de la taberna. Frunciendo el ceño, Lumière los observó. Eran el Orador de Yehnév, su mascota, el zorrito que guió a Lumière y su compañera hasta el orador, y la prisionera de la hidra, cuyo nombre, si recordaba bien, era Schede, la hermana de un archimago.

El zorrito saltó de los brazos del Orador y corrió velozmente hacia Lumière, rodeándola unas cuantas veces antes de sentarse junto a ella. La mujer sonrió, y, agachándose un poco, acarició la cabeza del animal, antes de devolver su atención a las dos figuras humanas. Mientras tanto, Schede se acercó al hombre de cabellos blancos, y le preguntó quién era. Observó que se encontraba mucho mejor que la última vez que la vio, aunque decidió no comentar nada al respecto, porque el parloteo no tenía lugar en ese momento.

Y, luego, vio al Orador de Yehnév, que recordaba que se llamaba Rodia, o Rodión, o algún otro nombre parecido.

Mientras este hablaba, Lumière reemprendió su marcha, esta vez en dirección al Orador y a la Prisionera, con el zorrito siguiéndola. «Al fin os aparecéis —pensó—. Estaba a punto pensar que me quedaría sin mis explicaciones...» No era algo que le hubiese gustado, y menos tras haber dedicado cinco días de su vida en un país lejano de su patria, en una ciudad extraña, esperando a un par de gente que, aunque ya la había visto antes, aún eran, esencialmente, desconocidos para ella.

El Orador mencionó el hecho de que en las cercanías había un unicornio. ¿Así que aquel corcel era un unicornio, en realidad? Nunca había visto uno tan de cerca, aunque tampoco sabía que pensar. Los unicornios, supuestamente, eran criaturas elusivas, que rehusaban de aparecerse ante los humanos y los elfos si no fuera para consagrarlos como archimago. Dudaba que ese fuera el caso, aunque tampoco podía hacer nada que no fuese formular hipótesis, dado que el hombre escondió al unicornio, y suponía que posiblemente no se tomase bien el hecho que se acercase para observarlo de cerca.

Ahora, más cerca tanto del hombre de cabellos blancos como de Schede y del Orador, respondió a su pregunta.

No voy a ser yo. No los he visto en toda mi vida —se quedó en silencio un instante, intercambiando miradas entre el hombre de cabellos blancos, Schede, la hierba que escondía al unicornio y, finalmente, el Orador, y puso los ojos en blanco—. Aunque por algún motivo me imagino que ya conoces quienes son.

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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Kvothe Assherai el Miér Oct 15, 2014 11:03 pm

La mujer se paró a varios metros de mi, entrecerré los ojos al ver que la mujer miró hacia otro sitio, detrás de mi exactamente. Pensaba que estaría mirando hacia donde estaba oculto el unicornio. Pero entonces vi que algo pasaba por mi lado, rápido, le seguí rápidamente, esta vez agarrando la espada completamente. Se trataba de un zorro, que se había puesto a dar vueltas alrededor de la mujer y después se paró a su lado. Entonces escuché una voz detrás de mi, una voz femenina, me di la vuelta rápidamente, haciendo que la larga chaqueta que llevaba ondulase en el aire al hacerlo.
Aquella mujer me preguntó que quien era, pero no me fijé en ella, si no en el hombre que estaba apoyado en una de las paredes de la taberna con un sombrero negro. Entrecerré los ojos y me tensé al sentir una presencia oscura, una presencia que provenía de cerca, y no se trataba de la primera mujer, si no de los nuevos individuos, de alguno de ellos.

El hombre habló, y formuló una pregunta. A la que la primera chica respondió que ella no sería la que diría quienes eran los que no venían del Sur. Pero yo tampoco lo haría. Sin embargo lo que me puso en alerta era que el hombre sabía que el animal que estaba oculto en las hierbas que había hecho crecer era un unicornio. Tenía que tener cuidado.
Miré de reojo a Eva y la hablé telepáticamente:


-"Que no se acerquen al unicornio... Si alguno de ellos, incluido ese zorro, lo hace, avísame."

Finalmente me crucé de brazos y miré a la mujer que me había preguntado, suspiré y respondí:

-Me llamo Kvothe... ¿Y vosotros quienes sois? Uno de vosotros es un mago oscuro...

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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Eva Blake el Jue Oct 16, 2014 11:34 pm

Me sentí culpable por no haber advertido la presencia de la mujer antes de que Kvothe la viera, ni tampoco la de los dos individuos que se materializaron de repente en la entrada. «Así no podré ser una buena Kai», pensé, con cierta tristeza. Y entonces me quedé quieta, entre mi Kin-Shannay y el unicornio, mirando constantemente a mi alrededor, por si veía venir a alguien más.

Ante las indicaciones de Kvothe, me desplacé junto al unicornio, y se quedó mi imagen fantasmal entre las hierbas que lo rodeaban. No aparté los ojos ni un segundo de los cuatro extraños: la mujer de la capa ocre, la de la piel morena, el hombre del sombrero y el zorro. Sobre todo el zorro. No sabía a ciencia cierta si los animales podían ver a los muertos, pero era, quizás, demasiada casualidad que estuviera mirando en mi dirección.

El hecho de que el hombre supiera qué se escondía tras las hierbas no contribuyó a tranquilizarme, como tampoco lo hizo la posterior afirmación de Kvothe: uno de ellos era un mago oscuro. Eso solo podía traer problemas, aunque todo dependía de quiénes fueran las otras dos mujeres, y a quién apoyaban. «Deben conocerse. No tendríamos que haber venido hasta aquí...». Pero era inútil lamentarse: acercarse a la ciudad era necesario, ni siquiera un mago puede hacer todo el camino por el corazón del Desierto Eterno sin descansar en algún lugar apropiado.

Ten cuidado —le dije—. Si son enemigos, lo primero será poner a salvo a la unicornio.

Y entonces volví la cabeza hacia ella. El sol se ponía, pronto vendría el frío que tanto molestaba a los vivos y que para mí no era nada.

¿Te encuentras bien? —le pregunté.

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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Rodia V. Radimir el Vie Oct 17, 2014 12:40 am

El Orador no perdió su sonrisa y, cuando habló Lumière, se encogió de hombros, en un gesto que mostraba cuán cierta era su afirmación. El zorro, por su parte, no se separó de la mujer, pero se quedó mirando con atención un punto entre las hierbas crecidas, tal vez buscando al unicornio que habían visto en el óculo.

¿Quién no conoce a Kvothe, rey de Zhanthé? —dijo Rodia, lanzando su pregunta al aire.

Schede lo miró, sorprendida por la revelación, y luego regresaron sus ojos al presunto rey, de cuya identidad no estaba muy convencida. Antes de responder, le lanzó también una mirada fugaz a Lumière, y esa mirada constituyó su único saludo; le estaba agradecida por haberla rescatado de la hidra y, aunque no la conociera, confiaba más en ella que en el propio Orador. «Si de verdad es el rey de Zhanthé, entonces no está en malos términos con la magia de la Diosa». Pero seguía sin explicarse qué hacía allí el unicornio.

Soy Schede El-Ahdzev, sacerdotisa del Templo de Yéhnev. Y no soy maga oscura. De hecho, te resultará sencillo comprobar que no poseo aptitudes para la magia.

Así que solo quedaba una opción. Rodia se separó de la puerta y, con paso tranquilo, se situó junto a la sacerdotisa, sin llevar en ningún momento sus manos al hacha, ni hacer ningún movimiento que pudiera ser considerado digno de sospecha.

El mago oscuro soy yo —admitió—. Algunos me conocen como el Orador de Yéhnev, y otros no. También me llaman Mihaíd el Caminante. Me preguntaba qué traería a un rey y a un unicornio a las puertas de mi taberna. —Y se volvió hacia Lumière, y se quedó callado unos instantes, como pensando, hasta que reaccionó—: Bienvenida. Pensábamos que vendrías acompañada. Tenemos... mucho de lo que hablar, Umrae y tú fueron muy valientes al enfrentarse a la hidra, ¿pero por qué estaba Schede allí? ¿Por qué ustedes dos? Bien, tenemos muchas respuestas. Pero no sé si el rey... debería escucharlas.

No escondas al unicornio, ya lo hemos visto y espero que tus intenciones sean buenas para con él; nosotros no le haremos daño —intervino Schede, aunque no estaba tan segura de que el unicornio no fuera a hacerle daño a ellos, o, al menos, a Rodia—. Mi hermano era archimago... Sé que no es habitual que una criatura así salga de su santuario, y mucho menos que se deje ver por mortales.

Ajeno al resto del mundo, el Orador se agachó y llamó al zorro, pero este no le hizo caso y se quedó junto a Lumière. El hombre alzó la cabeza, se levantó un poco el ala del sombrero y se quedó un rato mirando un pedazo de cielo, que cada vez se ponía más oscuro. Y se fijó en la mujer:

Un buen orador escoge sus palabras para decir lo que conviene ser dicho. Entonces te diré lo que conviene que sepas, y que no es inconveniente que escuchen los demás. Te busqué porque era preferible una persona responsable, y los Maestros algunas veces son responsables, y porque era también preferible una persona que, aun siendo responsable, no tuviera demasiadas responsabilidades, para que no le supusiera tanto problema pasar unos días lejos de casa. Y era preferible una persona que fuera curiosa. Aunque yo eso no podía saberlo.

»Me la jugué. Y acerté.


Volvió a ponerse en pie con lentitud, y apoyó en el cinto la mano derecha, pero lo hizo en lado donde no se encontraba el hacha.

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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Lumière Noire el Vie Oct 17, 2014 1:52 am

Ante la acusación de Lumière, de ya saber quién era aquel hombre, el Orador simplemente se encogió de hombros, y preguntó retóricamente "¿Quién no conoce a Kvothe, rey de Zhanthé?". Si recordaba bien, apenas unos segundos antes de la acusación, había dicho que nunca antes había visto al hombre. Y tampoco al unicornio, escondido entre la mágica maleza creada por el rey.

Schede le dedicó al Orador una mirada sorprendida, que contrastaba con la de Lumière. Se había criado en la Torre y en su juventud conoció a más reyes y nobles de los que recordaba, por lo que no le sorprendía encontrar un rey-mago fuera de su reino. Le sorprendía encontrarle con un unicornio, aunque suponía que había alguna explicación para eso, como las explicaciones prometidas por el Orador. Notó que la mujer posó su mirada sobre ella durante unos instantes, antes de responder, y presentarse. El rey ya se había presentado, también lo había hecho la prisionera. Supuso que sería su turno.

Yo soy Lumière Noire. Fui maestra en la Torre y en el Lago de la Luna. Y tampoco soy maga oscura —dijo, y su mirada se desvió hacia el Orador. En el pasado nunca se habría imaginado que acudiría voluntariamente a una cita con un mago oscuro.

El Orador se separó de la puerta y avanzó hasta colocarse junto a Schede, y admitió que era él el mago oscuro al que Kvothe se refería. Luego reveló dos de sus identidades: El Orador, como Lumière lo conocía, y Mihaíd el caminante. Dirigió su mirada durante unos segundos hasta el letrero que había clavado sobre la puerta. Aunque no entendía la grafía con la que estaba escrito, estaba bastante segura de que ponía "La taberna de Mihaíd el Caminante" o algo parecido. Se lo había preguntado a un habitante de Aleketh que casualmente pasaba por ahí el primer día que se había acercado al Oasis.

La voz del Orador hizo que le devolviese su atención y su mirada. Le dio la bienvenida, y le dijo que pensaban que vendría acompañaba.

Pensé que tendría compañía —mientras hablaba, dirigió una mirada a Kvothe y al lugar donde estaba escondido el unicornio—. Aunque, sinceramente, no me esperaba que acudiesen un rey y un unicornio.

Luego dijo que tanto Umrae, de la que no sabía nada desde los incidentes de la cueva, como ella habían sido muy valientes enfrentándose a la hidra, y luego dijo que tenían muchas respuestas, aunque no estaba seguro de si el rey debería escucharlas. «Entonces podríamos irnos a otro lugar, ¿no? —reflexionó internamente, mientras el Orador llamaba al zorro, aunque la criatura decidió quedarse junto a Lumière— Seguramente hay lugares más recónditos en el mundo en los que se pueda hablar en privado...». El Orador miraba el cielo del atardecer agachado tras haber llamado al zorro, y, mientras tanto, Lumière se entretenía en volver a acariciar al animal. Parecía estar pensando qué decir.

Y, en efecto, en eso estaba pensando Mihaíd.

Comenzó su parlamento diciéndole que le diría solo lo que sería conveniente que supiese, pero que no sería inconveniente que escuchasen los demás. Le dijo que buscaba una persona preferiblemente responsable, pero que preferiblemente no tuviese demasiadas preocupaciones. Lumière pensó que una maga retirada que había acabado siendo maestra en dos escuelas diferentes cumplía el criterio. Y, finalmente, le dijo que era preferible que aquella persona fuese curiosa, lo cual Lumière, a falta de otros adjetivos para describirla, lo era. Aunque había respondido a unas preguntas, también había dado luz a otras. Por ejemplo, ¿qué habría sido de la pobre Schede en el caso de que las personas que contactase no fuesen curiosas?

El Orador se levantó, apoyando la mano derecha en el cinto, lejos del hacha.

Está bien, esas son algunas de las respuestas que me prometiste... no preguntaré nada, no vaya a ser que revele algo...inconveniente.

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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Rodia V. Radimir el Vie Oct 31, 2014 9:16 pm

Fue una decisión prudente, aunque no había nada inconveniente que Lumière pudiera revelar con sus preguntas, porque todas las inconveniencias se encontraban en las posibles respuestas. El Orador de Yehnév se quedó mirando fijamente las plantas que cubrían al unicornio, y se le vinieron a la mente unos versos de una casida del sur, de Ahmahhaj al-Ebún, que decía "cuando arda la plata en la luna de Oriente / perdido al Norte en el llanto recordaré la arena del Sur"; le recordaba la plata al unicornio; la luna, a la noche inminente; la arena, al desierto; y Oriente..., mejor era no pensar en las connotaciones de la palabra Oriente.

Al salir de su abstracción particular, Rodia buscó la mente de Lumière para hablarle mediante el siempre útil conjuro de la telepatía, y esto fue lo que le dijo: «Te daré una pista curiosa, o dos —y su voz sonaba como suena la voz de quien juega a los acertijos—: la Cueva de la Dama fue creada por un nigromante de la Necravia, o por dos; las runas de las cinco puertas forman un hechizo que se encuentra en un Ars, o en dos; la hidra fue invocada por un archimago del Concilio, o por dos. Y de esas tres cosas solo una es verdad. O dos». Y sonrió, dando la impresión de estar realmente satisfecho.

Mientras tanto, el zorro, tras haber disfrutado de las amables caricias de Lumière, se alejó de ella y se acercó para husmear entre los zapatos de Kvothe. Schede aprovechó la distracción para acercarse a las plantas y apartarlas; Eva Blake advirtió a su Kin-Shannay del movimiento de la sacerdotisa, pero ella fue más rápida. La mujer se quedó sobrecogida, y vio sus cicatrices, y sintió un dolor profundo por el sufrimiento que, suponía, debía haber pasado la hermosa criatura.

¡Está herido! —exclamó.

Rodia giró la cabeza de inmediato y el zorro regresó junto a su legítimo dueño. Al contrario que Schede, a él no le sorprendía la noticia; se quedó callado nuevamente, quieto y pensando, porque le gustaba sobremanera meditar las cosas antes de hacerlas, y las palabras antes de pronunciarlas, para que fueran estas ingeniosas y no pusieran al descubierto más información de la necesaria.

Un unicornio herido en medio del desierto, ¿a qué me recuerda esto? —susurró para sí mismo, mirando primero al suelo y luego al zorro, y más tarde, a los demás—. Podría ser que estuviera herido por alejarse de los bosques, o podría estar buscando aquí fuego para su sanación, y no cualquier fuego... Sí, sí... —se llevó una mano a la perilla y se tiró de los pelos de la barba—. Como decía el poeta al-Ebún, "son en el Desierto las flores más puras / inmortales llamas en las noches más oscuras". Y entonces puedo afirmar, sí, que si fuera cierta mi segunda suposición, yo sabría cuál es el remedio ideal para que el unicornio encuentre la cura y el regreso.

Schede escuchó, nerviosa y no sin mal humor, la retórica del Orador, y le espetó:

¡Si lo sabes, habla! Hay que ayudarlo como sea...

Por toda respuesta, él sonrió, y se volvió hacia Lumière.

El problema es que soy un mago oscuro. ¿Sería conveniente que un mago oscuro ayudara a un unicornio? ¿Qué opina Lumière Noire, la maestra retirada? Me fío de la opinión de las personas curiosas y que, siendo responsables, no tienen demasiadas responsabilidades.



OBSERVACIONES: Sigue quien quiera.

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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Kvothe Assherai el Lun Nov 10, 2014 10:12 am

El hombre del sombrero sabía quien era yo, no era de extrañar, pues los reyes eran conocidos por todo el mundo. Así que no me preocupó en absoluto. Sin embargo, lo que si me puso alerta era que el propio hombre había admitido que era él el mago oscuro... ¡Incluso era el propio Orador de Yéhnev! Era sin duda alguien importante... Pero no tenía que hacer ningún movimiento sospechoso, si tenía que defenderme lo haría. Pero no con el unicornio tan cerca. Y aunque ellos ya sabían que la mágica criatura estaba oculta en aquellos hierbajos, no los hice desaparecer. El animal estaba herido, y si el mago oscuro lo descubría podría correr peligro.
A continuación, se presentó la morena con el nombre de Schede El-Ahdzev. Sacerdotisa del Templo de Yéhnev. Era de suponer que si ambos iban juntos, tendrían que compartir algo... Y qué casualidad que compartieran el oficio.
Finalmente, se presentó la otra mujer que sí era una maga. Se llamaba Lumierè Noire, fue Maestra de la Torre y de la Escuela del Lago de la Luna... Un momento... Lumierè... Lumierè... De pronto, unos recuerdos pasaron por mi mente. No eran míos, en absoluto. Pero eran de la persona con la que en aquellos momentos compartía vida... Y entonces, caí en la cuenta... ¡Por la Diosa! ¡Tenía ante mis ojos a la esposa de Sasha! Tenía que hablar con ella, tenía que contarle lo que estaba ocurriendo... Quizás ella me podría ayudar. Pero no en aquel momento.

Escuché lo que dijo la mujer: Era hermana de un archimago, pero nunca había oído hablar de algún posible archimago con aquel apellido. Muy probablemente aquel archimago no pertenecía al Concilio. O al menos no hasta donde yo sabía. Pese a todo ello, seguí manteniendo aquellos hierbajos para ocultar al unicornio. Mantendría mi palabra de tenerlo oculto hasta lo que pudiera permitirme.
Miré al mago oscuro y a Lumierè, parecían estar entablando conversación por telepatía. No me traía buenas vibraciones aquel hombre... Y menos siendo un sirviente del Dios.
Entonces sentí que el zorro del hombre se acercaba a mis pies, y no pude evitar mirarle. Error que sirvió para que la sacerdotisa se acercara al escondite del unicornio y lo descubriera. Su grito me hizo volver a mirar a aquél sitio y preparar una gran cantidad de hechizos tanto ofensivos como defensivos. Volteé mi vista hacia el mago oscuro, que no parecía sorprendido. Cosa que me alertó aún más. Entrecerré los ojos y le escuché, su forma de hablar era misteriosa... Utilizaba las palabras justas y necesarias. Dijo que él podría conocer la cura para el unicornio, y Schede le pidió nerviosa que lo dijera en seguida. A lo que el Orador de Yéhnev respondió con palabras a lo que para mi eran para provocar. Y lo consiguió.


-Dilo, si no quieres que pinte tu taberna con tu sangre...-Interrumpí yo, con un tono tranquilo y a la vez amenazante, desenvainando un poco a Suplicio, dando a entender que aquello que había dicho iba totalmente en serio.

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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

Mensaje  Rodia V. Radimir el Miér Nov 19, 2014 12:10 am

Kvothe le pareció a Rodia uno de esos reyes que no dudan en mancharse las manos de sangre para proteger a los suyos, cosa que no le resultaba deplorable en absoluto; al contrario, esa era la función de los gobernantes: defender hasta las últimas consecuencias. «Si tuviera cuatro valores, el cuarto sería alabar esa conducta», pensó. Pero no los tenía. Y la amenaza no le parecía especialmente peligrosa, porque las paredes de aquella taberna ya se habían vestido de sangre en más de una ocasión.

Está bien, me has convencido —dijo.

No iba a hacerse de rogar más, y Schede lo sabía. En el poco tiempo que lo conocía, había aprendido a adivinar cuándo quería decir algo en función de la forma en que dejara caer sus informaciones. Por algún motivo, parecía ser que Rodia estaba interesado en salvar al unicornio (si de verdad tenía una solución viable y sus palabras eran algo más que pura fanfarronería), y lo demostró cuando, tras uno de sus habituales silencios, habló:

Dahienna Al-Wareh guarda en sus jardines unas flores eternas. Dicen que existen desde el inicio de los tiempos; nunca han nacido, nunca crecen, nunca han muerto. Durante el día, sería imposible distinguirlas del resto de flores del jardín, pero, por las noches, los pétalos arden y se convierten en flores de llamas. Esas llamas, en los tiempos antiguos, curaban a los Magos Rojos y los hacían más fuertes. Hay quien dice que proceden del legendario Templo del Fuego... ¿Por qué no podrían tener el mismo efecto, o uno mayor, sobre un unicornio?

Alahé, que había permanecido quieta y callada durante el transcurso de la escena, avanzó un par de pasos, con sus ojos repletos de sabiduría observando el entorno; de todos los presentes, era, sin duda, la más poderosa y, también, la más inteligente. Su silencio era pura elocuencia; sus palabras, si hubiera decidido concederles a los humanos la posibilidad de escucharlas, habrían acaparado la atención del mundo entero.

El zorro no dejaba de mirarla, y Rodia y Schede tampoco.

Claro que esas flores están, digamos, bien custodiadas —continuó el hombre—. Me consta que Dahienna las tiene en alta estima. Alguien tendría que distraerla mientras otro busca las flores. Aunque ese ya no es mi problema.

O quizás sí lo fuera. Volvió a coger al zorro entre sus brazos y lo acarició con cariño. Mientras, Schede notaba cómo las manos empezaban a temblarle ligeramente; miró a Lumière, miró a Kvothe y, sobre todo, miró a la unicornio Alahé. «Cuántas cosas pueden pasar... —se dijo, en silencio—. Cuántas...».

~ FIN DE LA ESCENA ~

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Re: [P. I] Mihaíd el Caminante (Priv. Kvothe, Alahé, Eva, Lumière)

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