La Torre
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Por cumplir una promesa y llevar a cabo mi venganza I [Flash Back]

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Por cumplir una promesa y llevar a cabo mi venganza I [Flash Back]

Mensaje  Kaleb el Vie Ene 30, 2015 10:56 pm

Había corrido durante días. Francamente estaba agotado, y sucio.
Cuando una mujer se enamora de ti, lo que menos espera un muchacho como yo es acabar muerto.Pero teniendo en cuenta mis precarias condiciones, y que la mujer era una cría encaprichada, las heridas leves que había sufrido al enfrentarme contra su padre habían sido justas.
Mi siguiente objetivo era cumplir la promesa que le había hecho a mi maestro.

Él había sido la única persona en la que había confiado viviendo como esclavo de mi primera victima. Sí, era la primera persona que mataba, y extrañamente me había sentado muy bien. No me arrepentía, no sentía remordimientos...

Cuando llegué al centro de la ciudad era de noche.
Mi antigua casa estaba bastante lejos y apartada. De esta manera mi ex-amo podía comerciar de forma ilegal sin que los guardias de la ciudad le echaran el guante. Por otra parte le obligaba a ir a comerciar por la mañana y volver por la noche a caballo.

Entré en una posada. Había robado alguna moneda de oro, tres en concreto. La posada o taberna no era demasiado acogedora. Borrachos gastando cuartos en cerveza mezclada con agua a partir de las once.
Olía a alcohol, a sudor y a estofado de carne. No el estofado que mezclaban con las sobras, si no el que mi Dueño tomaba en días especiales por la noche. Me senté en la barra.

-Hola muchacho.- me dijo el tabernero. No me había quitado la capucha pero deduje que mi físico aun no era de hombre. Cosa que en parte agradecía.- ¿Que tomarás esta noche?

Tutibeé y me incliné sobre la barra para no tener que gritar.
-Tomaré un plato de estofado caliente, y una jarra de... ¿que me recomienda buen hombre?- dije sin saber muy bien qué bebía la gente con posibles.
-Bueno... lo mejor y más asequible, es la leche de Svea.- alcé mis cejas sorprendido, con una sonrisa que el tabernero no pudo ver.
-Eso mismo estará bien.- Comenté.- Y me gustaría poder pasar la noche aquí en la habitación más barata que tengas. ¿Bastará con esto?- dije yo tendiendo una de las monedas de oro sobre la mesa. Los ojos del tabernero se iluminaron instantáneamente.
-Valdrá con la mitad chico. No deberías ir exhibiendo eso por ahí.
Me encogí de hombros y el hombre cogió la moneda y se fue a prepararme la cena. Cuando volvió traía consigo una jarra y un cuenco. La primera rellena de un líquido blanco, más diluido que la leche de vaca, y con tonos anaranjados; el cuenco estaba relleno de un estofado de delicioso olor.
Le dí un trago a la jarra.
Sabía dulce, con una mezcla entre miel, leche y un sabor que no supe identificar, además del alcohol.
-Ten cuidado chico, no quiero tener que subirte en volandas como a estos...- dijo señalando con la cabeza a los hombres que me rodeaban.

Me callé y cené tranquilamente, disfrutando de la primera vez que comía comida de verdad.
Poco a poco la posada empezó a vaciarse.
-Perdone buen hombre. - dije llamándole.- Me gustaría aclarar algo... y espero que usted pueda ayudarme.
El posadero asintió y apoyó un codo en la barra de la taberna.
-Verá busco... un negocio algo ilícito.- él soltó una carcajada.
-Vaya vaya... el muchacho quiere pasar una noche divertida con una mujer hecha y derecha. Aquí no hay demasiada p...
Le corté rápidamente. No buscaba el calor en mi cama. No aquella noche.
-No verá, es un poco más... difícil de encontrar, y más permanente...- me callé intentando que comprendiera.- Quiero un esclavo para que me acompañe en mi viaje. Uno que salga barato y al que no tenga dar nada que yo no desee.

Él se calló. Se giró retirando mi plato de estofado vacío y sirviéndose una jarra de un líquido rosado.
-Veras chico... solo hay un negocio aquí que haga eso, pero no te aconsejo acercarte por allí.- no me inmute por lo que el hombre continuó hablando.- Mañana algo después de las doce, cuando los guardias hayan dado la primera vuelta, un par de callejones más allá, orientándote a favor del sol, se organizará la subasta. Ten cuidado chico... son cosas peligrosas....

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Por cumplir una promesa y llevar a cabo mi venganza II [Flash Back]

Mensaje  Kaleb el Sáb Ene 31, 2015 2:22 pm

Me desperté pronto. Eran las seis de la mañana aproximadamente, por la luz que entraba por la ventana, y mi respiración era sumamente agitada. Tragué saliva intentando calmarme.
Eché mi pelo hacia atrás con mi mano, y me levanté de la cama. Me puse de nuevo mi camisa rota, pero esta vez no pude evitar fijarme en el tatuaje en mi pecho.
Acaricié la tinta imborrable en mi pectoral derecho. Apreté los dientes y me coloqué la capa por encima, intentando no pensar en el significado de la palabra “þrǽll”.

Bajé las escaleras, y tras desayunar y mantener una amena conversación con el tabernero, que me dio el cambio de la noche anterior, me dirigí hacia donde me había indicado.
Estaba nervioso. Sabía que si cometía un error moriría, y sabía qué error era. Aquella noche había sido sumamente reveladora, y el sueño que me había despertado había sido otra de mis visiones. Aquellos diálogos con la muerte me asustaban.
Encontré a los vendedores de esclavos en su pleno apogeo. Vendían a una chica. Era alta, pero bastante enclenque. Serviría de prostituta, pues no tenía aspecto de trabajar nada. Parecía estar helada de frío. Sabía que debía pujar por ella, pues si no lo hacía moriría. No entendía muy bien por qué, pues no recordaba el desarrollo de mi visión.

Alcé mis dedos, y una voz grito una breve descripción de mi persona. Al final empecé apelear por ella con un ricachón rechoncho que solo la querría para su compañía. Cuando ofrecí quince monedas de oro, él no se molestó en superar mi puja. Hizo un ademán con las manos, se dio la vuelta y se marchó humillado. Se llevaron a la chica, sabía que me la entregarían una vez hubiera terminado la subasta.
Cuando todo acabó, los que habíamos adquirido mercancía nos quedamos allí. La chica estaba la última de la fila, medio desnuda. Pude observar un tatuaje en su muslo izquierdo con la misma palabra que el que yo tenía.
Finalmente me quedé solo con los cinco vendedores.

-¿Cómo es que pagaste un precio así por esta “hünarttu”?- dijo uno de ellos, agarrándola del pelo.
-No voy a pagar yo, tenía que conseguirla fuera como fuera, mi vida dependía de ello.
-Vaya… vaya… osea que eres un enviado del comprador ¿no?- dijo el otro, de barba larga, parecía más viejo.- ¿Se puede saber quién es el afortunado que va a pagar por ella?
Asentí con la cabeza y llevé mi mano a mi espada. Era rudimentaria, pero comparada con sus armas, era mucho mejor.
-De hecho… seréis vosotros.

Desenvainé mi espada y en los tres segundos que tardaron en reaccionar retiré a la muchacha que cayó al suelo.
Mi espada atravesó el cuello del barbudo y salió en apenas un instante. El segundo me atacó por la espalda, pero pude sentirlo con su arma en alto, me giré y corte su abdomen de un tajo.
Un grito me hizo girarme a tiempo justo para atravesar al tercero el pecho, y de una patada empujar al suelo al cuarto.
La chica me había avisado, de no ser por ella habría muerto.

El quinto me agarro la muñeca y yo sacudí mi brazo intentando zafarme. Con un derechazo hice que de su nariz comenzara a brotar sangre y fue entonces cuando corte la cabeza del cuarto que acababa de incorporarse.
El quinto había quedado tirado a mi lado, con ambas manos en su nariz intentando detener la hemorragia.
-Por favor…
-¿Sabes? La situación es irónica,- dije apoyando un pie en su pecho.- un vendedor de esclavos, siervo de su propio negocio. Déjame liberarte…

Le atravesé el cuello lentamente, observando como la sangre le encharcaba la garganta.
Cogí el oro que habían conseguido con las subastas de aquel día. Eran más de cuarenta monedas de oro…
“Con las mías habrían sido cincuenta y cinco.” Le tendí a la chica las quince que yo había ofrecido por ella.
Podía verse lo asustada que estaba.

-No te haré daño, vete con esto y consigue un trabajo digno y una familia. Y ten en mente…- dije levantándola.- que vales mucho más que quince monedas de oro.
La chica se marchó, y yo me di la vuelta, con la promesa y mi venganza, más que realizadas.


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“þrǽll”: siervo, esclavo
“hünarttu”: (pb. malsonante) prostituta

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