La Torre
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Fin del trayecto, comienzo del nuevo rumbo.

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Fin del trayecto, comienzo del nuevo rumbo.

Mensaje  Liara el Vie Jun 03, 2016 7:50 pm

Música ambiental

¡El sombrero! ¡El maldito sombrero!
Semanas atrás, en cuanto Liara había subido la pequeña rampa para subir a La Perlada, ya supuso que iba a encontrar aquel horrible sombrero de ala ancha y con plumas encima del timón.
El problema era que aquella situación se había repetido día tras día en las numerosas semanas que llevaba en alta mar.
-¡Kendall!-alzó la voz de tal modo que pudiera oírse por encima del viento que rugía furiosamente debido al choque contra las velas-¡Kendall!-repitió aún más alto.
Un joven lampiño de melena rubia se colgó de una de las cuerdas cercanas a ella, con gesto divertido, y le sonrió de forma exagerada, mostrando todos sus dientes.
-Capitana…-respondió en tono cantarín.
La pelirroja metió el puño en la copa del sombrero y lo alzó, aparentemente irritada.  
-¿Por qué os empeñáis en poner ante mi vista prendas que lo único que hacen es difamar el sentido del buen gusto, algo de lo que clara y objetivamente yo estoy dotada en exceso?-preguntó con aquel acento repipi y altivo que sabía que tanto solía disgustar.
De hecho era a ella a la primera que disgustaba.
De hecho lo odiaba.
Pero Kendall, acostumbrado ya a las majaderías de Liara, se limitó a fruncir los labios, con gesto inocente.
-Sois la Capitana. Las capitanas llevan sombrero.
-¡No soy la Capitana!-exclamó sin abandonar el acento- Este es un barco prestado y por tanto soy una invitada. Una invitada muy importante-alzó más el puño con el que llevaba el sombrero a la vez que exageraba más y más su tono de voz-¡Importantísima! Tanto que no deberíais dejar esto a la vista, ni siquiera colocarlo en cualquiera de las habitaciones por donde acostumbre a pasar. De hecho no debería estar en este navío por respeto a mi persona.
Se acercó a la borda, dispuesta a lanzarlo. Pero no lo haría. Nunca lo hacía.
-Vamos, Capitana… La Perlada siempre ha sido tan vuestra como del señor Tejón.
Liara dejó escapar aire por la nariz.
"No pierdas de vista el mundo, Colibrí", en su mente resonaron las palabras de despedida de su antiguo mentor.
"Siempre que el mundo no ponga su vista en mí, Tejón".
Cerró los ojos un momento. Fuerte. Era fuerte. Y volvía a tener el control sobre sí misma.
-Además, ya sabéis lo que sucedió la última vez que manejasteis un barco y no llevasteis puesto el sombrero-el joven hizo un gesto con la mano, imitando un navío. De pronto alzó la otra, repitiendo el movimiento. Y ambas manos chocaron de frente, a lo que acompañó de un ridículo e infantil ruido.
Liara le sonrió de medio lado.
Sí. Habían estado a punto de morir todos.
-Pero eso fue para daros el entretenimiento que tanto ansiabais… Se os veía demasiado acomodados yendo de burdel en burdel en cada puerto…-movió los brazos, restándole importancia-Me estabais pidiendo nuevas emociones. Yo solo me limité a… haceros sentir vivos.
-O muertos…-alzó el dedo índice-. Eso depende de cómo se mire, Capitana.
-Oh, claro. Es algo subjetivo-asintió un par de veces y amplió su sonrisa, luciéndola realmente encantadora, ignorando como todo su mundo se había nublado aquella vez, ignorando los gritos desesperados de su tripulación y de la única persona a la que había considerado su amiga en aquellos días, ignorando como había llegado a la ciudad cercana arrastrada por las olas con los pulmones encharcados en agua marina…
Ignorándolo todo.
Al fin y al cabo tampoco era una novedad que no tomase en cuenta cómo se había equivocado estrepitosamente. Podría decirse que era ya una costumbre.
-En cualquier caso, lo mejor será que os lo pongáis. Nunca se sabe-bromeó el joven-. Y no os preocupéis, que en lo que respecta a emociones ando bien servido…-le confió con tono jocoso mirando furtivamente a uno de los hombres que transportaban en ese momento unos cuantos barriles hacia la bodega.
La pelirroja se hizo la escandalizada y le dio un golpe con el sombrero.
-¡Descarado! Merecéis que os torture con este infame tacto de tela raída hasta que dejéis de lado vuestras perversiones.
En aquel momento empezaron a correr por la cubierta, Kendall riendo a carcajadas mientras Liara continuaba en su papel de señorita estirada soltando improperios dignos de la más alta nobleza de Garnalia.
-¿Piensas poner rumbo hacia el Desierto Eterno o pretendes quedarte jugando con Kendall todo el día?-interrumpió una voz ronca de mujer a sus espaldas- ¿O quizá quieres volver a poner nuestras vidas en peligro dejando el barco a su suerte en esta ocasión?
-Oh, vamos Ren. Hacía mil años que no nos reuníamos-se quejó el joven.
-Y mejor hubiera sido.
Liara se giró hacia el lugar del que provenía la voz. La conocía muy bien, aunque no habían cruzado palabra en todas aquellas semanas.
Subida en el palo mesana había una mujer que apenas rondaría la treintena, de piel morena y cabellos castaños recogidos en un moño desordenado. Sus ojos oscuros observaban a la pelirroja con reprobación.
-No entiendo como Tejón ha podido cederte La Perlada. No después de la última vez.
Ren bajó entonces, agarrándose con brazos y piernas al poste. Una vez estuvo en cubierta se acercó a la pareja, con desgana.
-Buen día, querida Renata-la saludó la pelirroja con una exagerada reverencia, llevándose el sombrero al pecho. Sabía que la irritaba sobremanera que la llamasen por su verdadero nombre-. Veo que los años no pasan para vos y vuestra legendaria memoria.
-No cuando es mi cuello el que está en juego-siseó. Caminó de un lado a otro, sin apartar la vista de ella ni un instante. Abrió la boca y la señaló en varias ocasiones, pero no parecía encontrar las palabras.
En realidad, Liara no podía culparla por su rencor. Imaginó por un momento qué habría hecho ella con la persona que hubiese causado tales males en su situación. En apenas unos segundos llegó a la conclusión de que, si ese hubiera sido el caso, no estaría imaginándoselo. Bueno, quizá sí. Si estar muerta atada a una roca en el fondo del mar diese lugar a imaginar cosas. Entonces empezó a divagar en su mente sobre la terrible posibilidad de que el cerebro siguiese funcionando mientras el cuerpo se cubría de algas y otras cosas, hasta dejar de existir.
-¡…Capitana!
La voz de Kendall la apartó de aquellos pensamientos. De pronto se vio rodeada de varios miembros de la tripulación que la observaban fijamente.
-¿Lo veis?-estaba preguntando Ren con voz chillona-¿Cómo va a hacer que este navío llegue a su destino si ni siquiera está escuchando lo que decimos?
Al instante se alzaron varios murmullos dándole la razón a la mujer.
-¿Acaso no le quedan ya amiguitos piratas que puedan llevarla de un lado a otro como a una cualquiera?
Ren se estaba creciendo ante la situación. Liara supo que todo lo que había guardado durante el viaje lo estaba soltando ahora que apenas quedaban unas millas para llegar al Desierto Eterno.
Por un momento la embargaron todos aquellos sentimientos que había experimentado de manera desenfrenada en su etapa anterior, aquellos que debían estar bajo control. Agachó la cabeza mientras sus ojos se clavaban en un punto fijo de las tablas de madera.
Ira, tristeza, frustración…
"No pierdas de vista el mundo, Colibrí…"
Y mientras tanto el murmullo se acrecentaba a su alrededor.
Kendall conocía de sobras aquel gesto que comenzó a esbozarse en el rostro de Liara. Era como un volcán y a su vez… sus ojos… sus intensos ojos verdes se apagaban para devolver una mirada fría y vacía. En cualquier momento aquello crearía un colapso en ella y entonces… Supo que debía hacer algo. Quizá debía llamar al consejero Oswald o… quizá… quizá…
Sacudió la cabeza y se aproximó a la joven, dispuesto a arrastrarla fuera del gentío.
Pero apenas había dado un par de pasos en su dirección cuando Liara ya había vuelto a cambiar de expresión. Sus labios se curvaron levemente devolviéndole a su rostro la media sonrisa burlona que la caracterizaba. Sus ojos se alzaron, brillantes, y se clavaron fijamente en los de Ren, como si de la punta de una flecha se tratase.
La mujer titubeó y más aún cuando la pelirroja comenzó a acercarse a ella, con pasos seguros y elegantes. El resto de los allí reunidos se alejaron disimuladamente. Habían visto en anteriores ocasiones escenas parecidas con Liara como protagonista, y siempre terminaban con algún tipo de fuerza mágica descontrolada. O lo mismo, pero sin magia. Y por suerte o por desgracia no había ningún Inquisidor a bordo.
Una vez la joven estuvo lo suficientemente cerca de Ren como para sentir su respiración y como todas las de los demás se contenían esperando que no hiciera alguna de sus locuras, Liara simplemente le dedicó una de sus encantadoras sonrisas y le puso el sombrero sobre la cabeza.
-Tened, querida Renata-dijo arrastrando cada una de sus palabras-. Os favorece-comentó, dando un par de pasos hacia atrás, con tono cínico, como si esas últimas palabras formasen parte de algún juego para ella.
-¡TIERRA A LA VISTA!-gritaron de pronto, arrastrando cada una de las vocales, desde el palo mayor-¡Nos acercamos al Desierto Eterno!
Liara se apresuró a tomar de nuevo el timón, quitándole a su paso el catalejo a uno de los oficiales.
-¿¡Dirección!?-preguntó al que realizaba la guardia.
-¡Todo a estribor, todo a estribor!-le respondió desde lo alto del palo.
La pelirroja miró por el aparatillo a su izquierda. Y entonces la vio. La costa de Garnalia Sur, en su lado occidental. Donde comenzaba el Desierto Eterno.
Hizo virar el timón a toda velocidad mientras le lanzaba al oficial el catalejo de vuelta.
-¡Rumbo a estribor entonces! ¡No os pongáis sentimentales, queridos! ¡Mi marcha no es más que una nueva oportunidad!-bromeó.
-¿De que terminéis ebria en algún callejón?-le preguntó Kendall con cierta sorna.
La pelirroja le sonrió y se encogió de hombros, pero no respondió.
-Me pregunto cuando pensáis dejar esta vida, Capitana… Ya sabéis-el chico abrió ambos brazos, como si quisiera abarcar todo el espacio existente en el mundo-. Comprar una casa, casaros con un hombre rico, tener de amante a una mujer que se gaste todo lo de vuestro esposo, engordar cuando ambos os abandonen…
-¿Por qué no vais alistando a Carmesí? No tardaremos en alcanzar la costa.
El rubio sacudió la cabeza, pero lo dejó estar. Liara era al mismo tiempo un ser tan cercano y tan lejano con las personas que tenía a su alrededor que sabía que no debía tirar demasiado de la cuerda.
-Claro. ¿Busco a Perla también? Hace horas desde la última vez que la vi.  
Liara dejó de hacer virar el timón.
-No es necesario. No creo que sea buena idea llevarla conmigo. Además…-de pronto bajó la voz, recuperando su tono jocoso-, no es nada agraciada. No puedo viajar con quienes no vayan a juego con mi esplendorosa belleza-bromeó.
De pronto se oyó un enorme estruendo de ollas desde la cocina, instalada en la parte inferior, seguido de un maullido irritado. Una sombra negra subió las escaleras que llevaban a cubierta a toda velocidad y terminó por instalarse a los pies de Liara.
-Oh. Hola, Perla-la saludó la joven apenas dirigiéndole una mirada de soslayo.
Kendall se acercó a la gata, que le miró con sus profundos ojos verdes y soltó un bufido a modo de advertencia.
-No es su apariencia poco agraciada lo que debería preocuparos precisamente…-comentó, chasqueando la lengua.
Y es que aquel felino parecía sentir animadversión por todo el mundo menos por Liara. Nadie le había preguntado de dónde había salido. Simplemente se había presentado un día con ella sin dar explicación alguna.
-Iré a decir que os preparen a Carmesí.
La pelirroja asintió, sin decir nada más. Una vez se hubo asegurado que estaba sola se agachó con rapidez y quitó unas cuantas tablas del suelo. Aquel había sido su escondite durante las semanas de travesía.
Su rostro, en aquel momento totalmente serio, se iluminó tenuemente al ver que su tesoro continuaba intacto. Su tesoro. Aquel arco largo de manufactura élfica que emitía un suave resplandor rojizo.
-Todo va a acabar pronto, Elirya-murmuró-. Después de todo este tiempo, pronto terminará.
Lo tomó entre sus manos y lo observó de cerca. Después volvió a colocar las tablas en su sitio y se lo colgó a la espalda.
Estaba lista.
¿O no?
De repente giró sobre sí misma y volvió a dirigirse hacia Ren, que ahora estaba cerca de la borda contemplando el horizonte. Liara se acercó por detrás, de forma sigilosa y, una vez estuvo a su alcance, le quitó el sombrero. La mujer la observó, sin entender nada.
-He sido demasiado dura con vos. En realidad no creo que le quede bien a nadie-fue lo único que comentó la pelirroja, en tono cantarín, antes de volver a su posición llevándoselo consigo.


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