La Torre
Bienvenidos a La Torre, un foro de rol progresivo basado en las Crónicas de la Torre, trilogía escrita por Laura Gallego García.

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Personajes de Knyh

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Personajes de Knyh

Mensaje  Knyh el Vie Jun 10, 2016 12:52 pm

Ficha de Mell


♦ Nombre y apellidos:  Mell Driak Monte Blanco

♦ Sexo:  Hombre

♦ Edad:  27

♦ Condición vital: Vivo

♦ Bando:  La Diosa

♦ Raza:  Humano

♦ Profesión:  Señor de Monte Blanco

♦ Escuela: Ninguna (Aprendió el arte de la espada y el arco de maestros particulares)

♦ Clase social: Alta Nobleza (señor)

♦ Descripción física:  
Spoiler:


Mell es un joven de veintisiete años alto, delgado y fuerte. Sus años de entrenamiento le han dado una fuerza notable, aunque no se aprecie bajo su armadura o ropajes. Es de piel clara y tersa. Sus manos son fuertes y callosas, fruto del uso de la espada y el arco. Viste armaduras ligeras y adornadas con relieves de plata y en el cuello lleva una joya de color aguamarina. Sus cabellos son blancos, una tonalidad mucho más rara que el resto de su familia. Lo lleva por los hombros y un flequillo cubre su frente y parte de los ojos, lo que le da un aspecto sombrío.


♦ Descripción psicológica:Mell siempre fue un chico alegre, despierto y activo. Le gustaba el deporte, la espada y el arco, salir de caza y conversar con la familia y los sirvientes. Desde el día del incendio en el que sus padres fallecieron se tornó mucho más sombrío, callado y reservado. Seguía siendo amable y, pese a sus ideas de traición respecto al incendio, seguía siendo el de siempre, sólo que más apagado. Tras la muerte de su amada, se volvió aún más frío y sombrío. Ya no hablaba apenas con nadie, seguía siendo amable y educado, pero su voz era tan cortés que cortaba como un filo de hierro y quemaba como el hielo. Pese a todo, Mell sigue siendo el mismo chico alegre, despierto y activo, sólo que todo lo lleva por dentro. Superó lo de sus padres, incluso su deseo de descubrir lo que de verdad pasó tras el incendio dejó de ser importante para él. Superó lo de su amada, aunque eso cambió su opinión sobre la magia, aceptando que ésta es útil para la gente si se usa bien. Era feliz, en su mansión, entrenando y cenando con sus invitados, escuchando música y compartiendo chimorreos que, realmente, no le interesaban, pero hacían entretenidas las veladas.

♦ Historia:    Mell Driak Monte Blanco, segundo hijo de Knyhe Driak de Monte Blanco y actual señor de Monte Blanco, hermano menor de Knyh Driak Monte Blanco, del que obtuvo el título cuando marchó de viaje. Desde que nació, Mell fue un chico muy espabilado, inteligente y observador, pero sin mucho afán por la lectura. Es por eso que su educación no avanzó tan rápido como la de su hermano mayor, tampoco pusieron empeño en ello, puesto que él no heredaría el señorío. Así pues, se centró en la batalla. Fue instruido en el arte de la espada y el arco, sus músculos se fortalecieron al llevar armaduras y mandobles, cotas y dagas; su espalda y sus brazos se hicieron de roca del uso del arco, y sus piernas firmes de montar a caballo.

A la edad de dieciséis años, hubo un incendio en la mansión en la que residían. Toda la biblioteca ardió, junto con la otra mitad del bloque, donde dormían sus padres. Aquel día perdió a sus padres, pero también a un maestro, ya no tendría quien siguiera instruyéndolo. Su hermano mayor, Knyh, heredó el señorío. Él, temeroso de que su hermano, con el que la relación nunca había sido muy cercana dado sus gustos dispares, lo abandonara, decidió marchar de viaje para terminar su instrucción militar. Ese acontecimiento lo cambió. Se hizo mucho más serio, sombrío; una sospecha lo asolaba. No creía que el fuego hubiera sido un simple accidente, temía que fuera una traición, un cruel juego de la corte, una telaraña de tramas y susurros envenenados.

Para su sorpresa, su hermano no lo abandonó, sino que lo animó a cumplir su sueño, incluso invirtió una parte de su herencia en él. Así fue cómo su hermano partió a diversas escuelas y ciudades. Mas, su regreso se adelantó por una carta de su hermano. La inquietud de éste en los últimos años no lo dejaban descansar por las noches y, generoso, cedió el señorío a Mell. Ahora no necesitaría una escuela, sino que podría contratar a una eminencia para que lo adiestrara en la mansión.

Así fue cómo pasó los siguientes años de su vida. Entre estocada y flecha, Mell intercambió cartas con una joven noble. El amor pronto surgió entre ellos, aunque nunca se habían visto. Él le mandaba una invitación cortés a un almuerzo en su señorío y ella, educadamente, le ofrecía una excusa convincente por la cual no podía aceptar tal invitación.

Los meses pasaron y Mell no obtenía nunca una respuesta afirmativa a sus invitaciones. Un mes no recibió carta alguna y, paciente, esperó la siguiente. Llegó tres semanas más tarde de lo normal. Su expresión era la misma, pero sus frases mucho más escuetas. Estaba enferma. Una terrible enfermedad llevaba atacándola durante el tiempo que estuvo intercambiando correspondencia con ella, de ahí que rechazase sus invitaciones. Siguieron escribiéndose, ella trataba de no darle importancia y se excusaba de que sus caligrafía hubiera empeorado, él la invitaba, pero esta vez no para comer, sino para ayudarla; decía que contrataría al mejor curandero del reino, que recurriría a magos si hiciera falta. Mas ella rechazaba. Y un día, simplemente, falleció.

Mell quedó sin ganas de vivir. Ya no salía de caza. Ya no practicaba con la espada ni tiraba con el arco. Ya no pedía música en sus comidas ni brindaba con sus invitados. Ya no vivía, sólo existía. Un día llegó una carta de su hermano, anunciándole que estudiaría en la escuela de hechicería de La Torre. Mell, sombrío, comenzó a sentir un odio intenso al saber que su hermano estudiaría algo que podría haber salvado a su amada. Sin embargo, tras unos días de fría reflexión, comprendió que no fue culpa de su hermano, tampoco suya.

Pensando en todo el dolor que podría ahorrar su hermano en un futuro, comprendiendo de lo que libraría a las personas que ayudara, decidió que, como en su momento él lo ayudó en su instrucción con las armas, él debía ayudarlo con la magia. Aunque aquellas artes no estaban muy bien vistas en la corte, Mell comprendió que su hermano sería sabio y mantendría la discreción. Volvería como médico, no como mago, regresaría con conocimientos, no con hechizos...si volvía. De ese modo, Mell envió dinero a su hermano, que lo necesitaba para amueblar sus aposentos en La Torre. Le mandó llevar, también, un espejo, un cuadro de su madre, un blasón de su familia y un escudo dorado con el símbolo de su linaje. Esto lo hizo con la intención de recordar a su hermano su hogar, con la esperanza de que regresase una vez se instruyese, que compartiese su saber y ayudara en Monte Blanco a los enfermos...que salvara a su amada de la muerte.

♣ Gustos y aficiones: Le gusta el arte de la espada y el arco. La caza y las canciones mientras come con sus invitados.

♣ Cosas que detesta:Las enfermedades, el sufrimiento y las tragedias que asolan el mundo.
♣ Virtudes y defectos:  Mell es habilidoso con el arco y la espada, aunque es especialmente sigiloso y maneja con soltura las dagas. Su principal defecto es su seriedad, su semblante sombrío hace que parezca frío y distante.

♣ Manías:  Suele llevar algo de plata siempre encima, como amuletos, anillos, colgantes y adornos.

♣ Curiosidades:  Es el Señor de Monte Blanco, aunque su hermano mayor y legítimo heredero aún vive, puesto que él le cedió el título cuando marchó de viaje.

♣ Objetivos y metas: Desea que su hermano regrese a Monte Blanco convertido en médico.

♣ Otros datos de interés:  El pelo de su familia se caracteriza por ser claro, una curiosidad más que lleva a Monte Blanco a llamarse así (además de las formaciones de roca blanca que conforman el territorio), pero el pelo de Mell es totalmente blanco.
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Knyh
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Re: Personajes de Knyh

Mensaje  Knyh el Vie Jun 10, 2016 12:54 pm

Ficha de Dinae


♦ Nombre y apellidos:  Dinae Zelenyy Vergel

♦ Sexo:  Mujer

♦ Edad:  20

♦ Condición vital:  Muerta (Fantasma)

♦ Bando:  La Diosa

♦ Raza:  Humana

♦ Profesión:  Ninguna

♦ Escuela: Ninguna

♦ Clase social:  Alta nobleza (Hija primera del duque de Vergel)

♦ Descripción física:
Spoiler:
Diane tiene el aspecto de una joven de cabello oscuro y ojos grises. Tras su muerte, y justo antes de esta, su piel se hizo más pálida y sus ojos y labios oscurecieron. Ahora se presenta como una dama de cabellos negros, piel blanca, ojos gris oscuros y labios oscuros. Su pelo y ropajes flotan a su alrededor, como si un extraño viento la rodeara. Lleva el cabello largo y suelto, y su vestimenta va a la moda de Garnalia.


♦ Descripción psicológica:  Diane es una chica con una determinación muy fuerte. Desde pequeña supo lo qué quería y no dejó que nadie se lo arrebatase. Su madre le intentó enseñar a coser y tejer, pero ella se negó, siempre educadamente. Es aficionada a la lectura y escritura, lo que le ha dado facilidad para expresarse adecuadamente. Es una romántica empedernida, aunque no le gusta que le regalen flores. Siempre ha sido una muchacha muy casera, siempre evita salir de casa o de sus tierras, aunque le gusta dar paseos nocturnos por los jardines. Su larga enfermedad la hizo un poco gruñona los últimos años de su vida y, aunque ahora es un fantasma y ya no siente dolor, sigue manteniendo un carácter impaciente y orgulloso.

♦ Historia:  Diane Zelenyy Vergel, primera hija de Arnold Zelenyy Vergel, legítima heredera del Ducado de Vergel. Fue la primera de tres hijas: Diane, de veinte años, Daenya, de diecisiete y Drossa, de trece años. Sus primeros años de vida fueron duros, puesto que desde bebé siempre fue muy enfermiza. Se pasaba muchos días en cama y su único entretenimiento eran los libros. Le gustaban los romances y los libros de caballería, pero también leía poesía y aprendió música. Tenía una pequeña flauta de madera, que tocaba cuando se encontraba mejor.

Llegando a su decimotercer cumpleaños, su salud pareció mejorar notablemente. Pasaban muchos meses sin que ninguna enfermedad la aquejase. Llegó su decimocuarto cumpleaños y cumplió un año sin enfermar. Parecía que allí acababa aquella dura racha. Su madre intentó enseñarle a cose y tejer, pero ella no estaba interesada y encontraba mil excusas y argumentos para evitarlo. Su padre contrató dos maestros, uno para su educación más básica y un músico para que le enseñara a tocar el arpa. No obstante, ella quería tocar la flauta que, para opinión de su familia, era un instrumento demasiado vulgar y rudimentario para una noble señorita. De nuevo, no tuvieron nada que hacer, y Diane se las arregló para aprender a tocar la flauta con ayuda del maestro.+

Pasaron los años y apenas salía de Vergel; sin embargo, comenzó a mantener correspondencia con un joven noble de la Región de Irén, nada menos que el Señor de Monte Blanco. Tras varias cartas, despertó en ella un interés que no había sentido nunca antes. Meses después, comenzó a entender que se estaba enamorando. Lo imaginaba apuesto, caballeroso, con su pelo castaño claro y ojos oscuros. No lo había visto nunca, nunca había visitado Monte Blanco, ni siquiera cuando sus señores fallecieron. Sus familias no habían mantenido mucho contacto, y eso, junto al hecho de que apenas salía de Vergel, había hecho que sus caminos nunca se hubieran cruzado.

Y por desgracia, nunca lo harían. En los meses en los que se intercambiaban cartas, Diane había vuelto a enfermar tras años sin hacerlo. El principio fue lento y disimulado, una enfermedad que no se dejaba ver fácilmente. Se sentía débil y sufría dolores en el pecho y el brazo. A veces, se desmayaba sin motivo alguno. Tenía mal sabor de boca, le hormigueaban las extremidades y se había puesto pálida. Su piel se tornó de un color grisáceo y sus ojos y labios oscurecieron. Parecía la viva imagen de un fantasma atormentado. Su humor también cambió, sus cada vez más frecuentes dolores la volvían irritable e impaciente. No obstante, nunca lo reflejó en sus cartas. Mell Driak de Monte Blanco, aquel noble tan amable y, en su mente, apuesto la había invitado numerosas veces a que lo visitara. Ella, enferma, tuvo que excusarse educadamente, pero nunca dijo sus motivos.

Pocos meses después de que las invitaciones de Mell comenzasen, Diane falleció. Fue como un soplido, un susurro que la llamó justo antes de caer al suelo y quedar inconsciencia. El frío tomó su cuerpo, pero su alma ya hacía tiempo que lo había dejado. Una sensación de insatisfacción le impedía irse, estaba allí, frente a su cuerpo, pero no podía marcharse. No entendía el por qué. Quizás necesitaba ver a su amado antes de partir, saber cómo era realmente, su aspecto. Quizás necesitaba darle una última carta, expresarle sus sentimientos y disculparse. Quizás no fuera nada de eso, quizás fueran más cosas.

Sus primeros pasos como fantasma fueron lentos y dudosos. No sabía de sus nuevas capacidades. No se acostumbraba a no poder tocar o coger cosas. Tampoco sentía frío, calor, dolor, hambre ni respiraba. Todo eso se hacía extraño, pero más aún el hecho de que podía atravesar paredes y flotar sin ningún impedimento. Aún así, la costumbre la llevaba a permanecer con los “pies” en el suelo y a usar las puertas para salir y entrar de los sitios, aunque a veces no le quedaba más remedio que atravesar una puerta, porque le era imposible abrirla por sí misma.

Después de observar cómo sus familiares se habían tomado su muerte, y tras asegurarse de que no tendrían ningún problema si ella se marchaba de allí (también comprobó entonces que le era imposible hacerse ver, oír o sentir), se fue. Fue difícil para ella dejar el hogar que tantos años había conocido. No acostumbraba a viajar, pero no tenía miedo, había comprobado que no la veían, que no la escuchaban. No necesitaba comer, dormir, descansar... No necesitaba nada, sólo encontrar Monte Blanco. Desde allí, sabría qué debía hacer para descansar en paz.

♣ Gustos y aficiones: Le gusta la lectura y la música. Dar largos paseos por los jardines bajo la luz de la Luna. Los dulces y el pan de semillas, aunque ya no los pueda comer.

♣ Cosas que detesta:Odia los ruidos fuertes y los viajes largos. No le gusta coser ni tejer, y nunca aprendió.

♣ Virtudes y defectos: Es inteligente y dulce, sabe recibir los halagos que le hacen educadamente sin parecer avergonzada o molesta, aunque lo esté. Se vuelve un poco gruñona con la gente cercana a ella cuando los dolores de su enfermedad la aquejaban, aunque ahora que es un fantasma eso no le afecta.

♣ Manías: Le gusta pasar por las puertas, aunque no pueda abrirlas.

♣ Curiosidades:  En vida, sus ojos eran mucho más claros y sus labios rojos, pero debido a su enfermedad terminal, éstos se oscurecieron.

♣ Objetivos y metas: Transmitir el mensaje a su amado de que el tiempo de ella ha pasado y él debe seguir adelante con su vida.

♣ Otros datos de interés: En vida tuvo dotes mágicas nunca descubiertas, por lo que su espíritu es más fuerte. No es capaz de tocar cosas ni moverlas, pero es capaz de mover el viento.
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Knyh
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Re: Personajes de Knyh

Mensaje  Knyh el Vie Sep 30, 2016 1:13 pm

Ficha de Vesna


♦ Nombre y apellidos:  Vesna.

♦ Sexo:  Mujer.

♦ Edad:  Aparenta tener entre 16 y veinte años.

♦ Condición vital:  Kai.

♦ Bando:  La Diosa.

♦ Raza:  Elfa.

♦ Profesión: Kai y cantante.

♦ Escuela: Enseñanza particular (Con aptitudes para la magia, pero nunca la desarrolló en una Escuela de Hechicería).

♦ Clase social:  Plebeya

♦ Descripción física:
Spoiler:

Vesna es delgada y de muy corta estatura pese a ser una elfa. Viste siempre vestidos con tonos marrones, dorados y ocre. A veces se echa a los hombros una capa corta. Le gusta adornar su cabello con abalorios dorados y rojos. Siempre marca su figura y deja entrever sus dotes de mujer. Tiene el pelo oscuro, pese a ser una elfa, aunque con la luz directa del sol parece ser de un color más claro.

Tiene un rostro juvenil y una piel perfecta, salpicada de algunas pecas y lunares, sólo perceptibles de cerca. Su rostro es el que cabría esperar de una elfa: rasgos afilados y hermosos, orejas puntiagudas, nariz fina y belleza sin igual. Sus labios son carnosos y ojos verde esmeralda.

♦ Descripción psicológica: Es una elfa amable, comprensiva y paciente con sus seres queridos, pero también muy protectora y celosa. Le gusta expresarse mediante metáforas. Es rebelde y sabe muy bien lo que es una taberna, sin embargo, le gusta mantener su actitud de señorita delicada. Canturrear e improvisar la divierten, pero también es cotilla. Como Kai, una de sus mayores distracciones es espiar a los clientes de Knyh o los personajes importantes con los que se encuentra.

♦ Historia:
Spoiler:

En el Anillo, en el Reino Élfico, allá en el Oeste, nació hace ya muchos siglos una elfa. Sus ojos fueron verdes como la hierba y su cabello marrón como las hojas de otoño. Sus padres, extrañados por el curioso color de pelo de su hija, decidieron llamarla Vesna, para recordarle que, pese a lo que pudiera parecer, ella vino con la primavera.

Sus primeras décadas de vida no tuvieron mucha relevancia. Su vida era normal. Sus dos padres pertenecían a los Centinelas del Anillo, vigilantes sempiternos del reino y de los elfos. Ella siempre estuvo más interesada en el cante y las artes, de modo que, en cuanto pudo, viajó hasta la capital para aprender a tocar el arpa y a cantar. Cada año regresaba algún que otro mes con sus padres, les mostraba sus progresos y pasaban momentos en familia.

Todo era perfecto hasta que una noche de Luna llena el Anillo fue atacado mientras ella estaba allí. Vesna dormía en la casa de sus padres cuando éstos recibieron el aviso. Se vistieron, cogieron su arco y su cuchillo y marcharon hasta el puesto, no sin hacerle prometer a la joven elfa que no saldría de casa. Ella accedió, temerosa de los lobos. Pasaron las horas, sin poder conciliar el sueño. El viento traía los sonidos de la batalla y el olor a sangre y miedo.

Y de pronto, silencio. El silencio se extendió por el Anillo como una niebla fría y densa que traía consigo algo oculto y peligroso. El tiempo pasó en ese estado más lento que de costumbre. Vesna no podía pensar en otra cosa que no fueran sus padres.

Un aullido, después otro, seguido de algunos más. La elfa se estremeció, pero venció el miedo y se movió. Temía por su vida, pero no era nada en comparación con el miedo de perder a sus padres. Se acercó a la puerta y, antes de abrirla, la ventana se hizo añicos tras ser embestida y atravesada por un lobo gigante. Otro más golpeó la puerta y la elfa retrocedió, tropezó y cayó de espaldas en el suelo. La puerta se derrumbó y apareció otro lobo de la misma envergadura. Pero lo que lo siguió no era otro lobo, sino un hombre vestido con túnica.

-¡Llevadla con las demás mujeres! -dio la orden y los lobos obedecieron.

La llevaron hasta un carromato, mucho más al sur del Anillo y la montaron con otras muchas elfas, algunas de ellas compañeras de su madre, pero ella no estaba allí.

-¡Llegan más centinelas! -gritó una voz masculina, pero joven.

-Nos conformaremos con estas, ya hemos perdido muchos licántropos, ¡vamos! -sonó la voz del hombre de la túnica. El carromato partió.

El camino fue largo y turbulento. Vesna no recordaría apenas nada de él. El motivo era la droga que todas las noches les suministraban para hacerlas dóciles. Muchas de ellas morían de hambre o por dosis elevadas que sus cuerpos desnutridos no podían soportar. En un momento pasaron a un barco y después en puerto a otro carromato.

Vesna fue vendida a un prostíbulo de Garnalia Sur y sus compañeras corrieron otras suertes similares. A ella la marcaron en el hombro derecho, como al ganado, con las siglas “XIIWN” que la catalogaban como “exótica”.



Nunca sabría el tiempo que pasó en aquella habitación. Tenía una cama grande, llena de cojines y sábanas y una puerta le llevaba a un discreto baño. La obligaban a tomar un baño al día y le dejaban la comida todos los días en la habitación. La puerta sólo se abría para que le trajeran comida, entrara una mujer a cambiar las sábanas o reponer el jabón, o cuando entraba un cliente.

-Ella es Primavera, un encanto, es la más cara, pero sin duda merece la pena -decía la encargada del prostíbulo tras la puerta, en el mostrador, a cada nuevo cliente. Ese día una voz algo diferente respondió.

-Me han hablado de ella -repuso una voz masculina.

-Muy bien, imagino -sonó la rejilla del mirador de su puerta y se vio cómo éstas se movían y unos ojos se asomaban tras ella, después se cerró  el hombre volvió a hablar.

-Pagaré por todo el día, que no reciba a nadie más.

Y así fue, ningún cliente apareció aquel día. Tampoco el siguiente, ni el siguiente... Pasaron los días y Vesna no fue molestada por nadie, ni cliente, ni para cambiar las sábanas, ni para obligarla a tomar el baño, sólo su comida.

Tras algunas semanas de tranquilidad, la puerta volvió a abrirse a deshora y entró el primer hombre tras aquel tiempo de paz para ella. Era un humano bien vestido, como la mayoría de sus clientes, joven y rico. Apestaba a dinero y perfume, pero algo en su rostro era diferente. Sus ojos no la miraban con lascivia, sino con serenidad. Traía una bandeja con fruta que dejó a los pies de la cama. No tomó asiento. Ella lo miraba con desconfianza, sin pronunciar palabra, hablar no era lo que los hombres esperaban de ella. Sin embargo, él no se acercó ni dijo nada.

-¿Qué es...lo...? -la elfa dejó de hablar. Su voz, atrofiada por sel desuso, no le respondía. Carraspeó un poco antes de seguir. Se le escapó una lágrima, recordando sus días en la escuela de música del Reino Élfico- ¿Qué es lo que necesita, señor? -consiguió decir de seguido. Pese a tener la voz ronca y seca, no dejaba de ser melodiosa y mágica.

-Nada, sólo venía a preguntaros si habían atendido a mi petición de que no se os molestara en estas semanas -aquello no hizo más que desconcertarla más. Se mantuvo un largo silencio hasta que el hombre volvió a hablar-. La fruta es un regalo, espero que os guste.

-Gracias, señor.

De nuevo, un largo silencio se apoderó de la habitación. Esta vez fue ella quien lo rompió cuando vio que el hombre daba la vuelta de camino a la puerta.

-¡Señor! -lo detuvo ella antes de que posara su mano en el pomo- ¿Volverá a visitarme?

-Cuando llegue el otoño.

Tomó el pomo de la puerta y se marchó, despidiéndose de ella con una sonrisa.

Era invierno, de modo que la promesa de que volvería en otoño podía parecer algo demasiado lejano como para que se cumpliera. Para ella, una elfa, un año era muy poco tiempo. La peor parte fue que los clientes volvieron a llegar, todos los días, tal y como antes de que aquel señor la visitara.

El frío se retiró sin que Vesna se diera cuenta y llegó la primavera. Las calles estaban más animadas y había menos clientes. El invierno había traído a muchos hombres, y alguna que otra mujer, al calor de sus brazos, pero aquella disminución tan drástica de sus clientes delató que el invierno había quedado atrás. En su habitación aclimatada apenas notaba los cambios de temperaturas durante la mayor parte del año, a excepción del verano, donde ninguna habitación se libraba del calor del mediodía. Así fue como la elfa supo que había llegado el verano, la última estación antes de que cumplieran su promesa. Con el paso de los meses también éste se fue y los clientes cada vez se hacían más habituales.

Cuanto más tiempo pasaba más crecía la ansiedad en Vesna. Los días daban paso a las noches y no conseguía conciliar el sueño. Hasta que una de esas noches en vela escuchó gritos. El ambiente estaba caldeado, pero no se había percatado hasta que los gritos comenzaron.

-¡FUEGO! -escuchó gritar a la encargada del mostrador una única vez antes de que su voz se ahogara por la tos.

Vesna, aterrada, corrió hacia la puerta, pero estaba cerrada con llave. Tiró varias veces con fuerza, sin éxito. Notaba cómo el humo se colaba por entre las juntas de la puerta. Su habitación no tenía ventanas, no tenía escape posible. El baño tenía agua, pero no moriría por las llamas.

Notaba los latidos de su corazón en el pecho y lo escuchaba en sus oídos. Aferró con fuerza el pomo de la puerta, de pura frustración. Con una rabia incontrolada, soltó un grito ensordecedor a la vez que arrancó la puerta de cuajo. Ésta salió disparada de sus manos hacia atrás, chocando contra la cama y haciéndose astillas. Vesna se quedó unos segundos en estado de shock, pero no tardó demasiado en reaccionar. Nunca antes había estado en el edificio consciente, cuando la trajeron ella estaba drogada y no recordaba nada. Las llamas devoraban algunos pasillos y a cada giro se encontraba con un muro de fuego que la hacía retroceder.

Se pasó unos minutos interminables rondando por el edificio sin encontrar la salida. Estaba a punto de abandonar la idea de escapar cuando, de la nada, él apareció ante ella.

-Dame la mano, te sacaré de aquí -ella no dudó un instante y le tendió la mano. Él la agarró con fuerza y un segundo después todo daba vueltas. Vesna, aterrada, gritó, pero cuando todo volvió a ser estable bajo sus pies estaba en mitad de un claro con otras mujeres con su misma cara de desconcierto.

Con el transcurso del tiempo comenzaría a comprender muchas cosas. La primera de ellas fue que aquel hombre, llamado Knyhe Driak de Monte Blanco, era un noble señor de Garnalia Central. Otra de las cosas que comprendió casi desde un primer momento fue que era mago, pues no se explicaba de otra forma cómo la había sacado del incendio. Sin embargo, nunca más lo verían usar magia ni nada que ocurriera sin explicación y que se pudiera trasladar a dicha condición, sólo ella lo supo. Las otras mujeres rescatadas fueron llevadas de nuevo a sus hogares. No obstante, Vesna no tenía dónde regresar, le había perdido la pista a su madre y no sabía si su padre estaba vivo.

Knyhe la llevó hasta el norte, a Monte Blanco, y allí la acogió en la mansión. Le proporcionó comida, formación y trabajo. Siguió su aprendizaje de canto y arpa, recuperó su melodiosa voz élfica y volvió a estar saludable. Además, en secreto, él le revelaba los secretos de la magia. Fue una época en la que sonreía mucho. Con el tiempo, Knyhe le ofreció un contrato de mecenazgo que ella aceptó sin dudarlo. De ese modo, ella tenía dinero, trabajo, formación y libertad para viajar sin que se metiera en demasiados problemas. Contaba con el apoyo de la familia Driak y tocaba en las mejores tabernas de toda la Región de Irén.

Los años pasaron y el roce entre ambos los acercó tanto que él se enamoró de ella. Vesna sentía hacia él una mezcla de cariño y agradecimiento, de modo que lo correspondió, aunque él siempre la amó mucho más que ella a él. Ambos lo sabían, pero no importaba. Y, como efímera que es la vida de los humanos junto a los elfos, los años pasaron para él. Pasó de ser un joven noble a heredar todas las responsabilidades de su apellido. Tuvo que casarse con una mujer que no amaba, pero Knyhe y Vesna se seguían viendo y queriéndose en silencio cuando ella regresaba de sus viajes.

Knyhe tuvo varios hijos con su mujer. Kissadron fue el primero. Su pelo era oscuro como la noche, de mirada perdida y fría, oscura y profunda. El segundo fue Viter. Su piel era nívea, sus ojos, sin pigmentos, se enrojecían con la luz, su pelo caía liso y blanco como telarañas. La tercera fue Minerva. Siempre fue una chica extraña, incluso antes de su nacimiento prematuro. Tuvo los ojos verdes esmeralda, el pelo rubio con vetas verdes, según el médico causa de una enfermedad. Era una chica delicada amante de la naturaleza de las cosas.

Vesna los trató como si fueran su familia. Los tres le cogieron mucho cariño, algo que provocaba la ira de su madre biológica, pero la adorable elfa era irresistible para los niños. Se sentaba a contarles historias de sus tierras y ellos se fascinaban por las criaturas tan diferentes de su continente.

Los niños crecieron y Knyhe y su esposa envejecieron. Ambos murieron pocos años después del otro, dejando la casa en manos de Kissadron. Vesna siguió manteniendo el contacto con ellos, pero no visitaba Monte Blanco con tanta asiduidad. Viajaba mucho más, ya no contaba con el mecenazgo de Knyhe y se labró su propia fama, no solo en la región, sino en toda Garnalia Centro. Consigió llevar una vida despreocupada con algunos compañeros humanos, músicos también. El tiempo seguía pasando y muchos la dejaron.

Los hijos de Knyhe tuvieron hijos. El que heredó el título de Señor de Monte Blanco fue Knyhe, llamado como su abuelo. Pero cuando éste encontró esposa, Vesna enfermó. Su voz cambió, tenía una tos terrible y los pulmones encharcados. Knyhe hijo y su esposa, sabiendo que la elfa había sido amiga de la familia durante tres generaciones, la acogieron y trataron lo mejor que pudieron. Le proporcionaron un médico y medicamentos, pudiendo alargar su vida unos años.

La mujer de Knyhe se quedó embarazada. Los nueve meses que duró el embarazo, Vesna no pudo salir de la cama. Su último día de vida, en otoño, el niño nació, y ella les hizo una última promesa.

-Cuidaré de vuestra familia en la muerte como vuestra familia cuidó de mí en vida -exhaló su último suspiro y murió justo cuando la mujer de Knyhe rompió aguas.

Fue un parto sin dificultades y el niño era sano. Knyh lo llamaron.

El niño creció entre libros. Fue siempre muy callado y sereno, solitario y sin demasiados amigos. Pero siempre estuvo acompañado de alguien, una joven elfa llamada Vesna.

Un día, sus padres lo pillaron hablando solo.

-¿Con quién hablas, Knyh? -le preguntó su madre.

-Con mi amiga, Vesna. Siempre viene a visitarme cuando dejo de leer y me cuenta cosas muy interesantes del mundo de fuera.
Sus madre, emocionada, rompió a llorar. Su padre palideció un tanto, pero en el fondo de su corazón estaba lleno de gratitud.

A partir de entonces, Vesna acompañó a Knyh en todas las etapas de su vida. Cuando el incendio de la mansión se llevó a sus padres, también estuvo con él y lo guió hasta los espíritus de sus padres para que hablara con ellos.

Knyh dejó el título de Señor de Monte Blanco para viajar, también ahí ella lo siguió y protegió, guió y aconsejó. Se hizo escribano, uno de los mejores cronistas y gran seductor, gracias siempre a ella.

♣ Gustos y aficiones: Cantar, cotillear, componer y las bromas pesadas.

♣ Cosas que detesta: El olor a sudor, el olor a cerveza, la mala música de las tabernas humanas, los chistes, los hombres de mentes perversas y los dragones.

♣ Virtudes y defectos: Tiene una voz cautivadora y unos encantos físicos excepcionales, aunque en su condición actual no pueda exhibirlos. Es muy bajita para ser elfa y es celosa con Knyh.

♣ Manías: Siempre suele canturrear o recitar alguna canción o poema. También suele improvisar algo de verso, pero sin métrica ninguna. “La métrica es para los débiles músicos y poetas que temen al caos natural del mundo”.

♣ Curiosidades: Tiene un tatuaje en el hombro izquierdo de sus años en el prostíbulo que la marca como “XIIWN”.

♣ Objetivos y metas: Guiar a Knyh a través del mundo y ayudarlo con sus responsabilidades como Kin-Shannay, escribano y cronista.

♣ Otros datos de interés: Su estación favorita es el otoño. “Cuando todo muere, yo renazco”.
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Knyh
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Re: Personajes de Knyh

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