La Torre
Bienvenidos a La Torre, un foro de rol progresivo basado en las Crónicas de la Torre, trilogía escrita por Laura Gallego García.

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Volando libre. (Priv. Yil )

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Volando libre. (Priv. Yil )

Mensaje  Yuki el Sáb Oct 01, 2016 9:37 pm

Libertad, bendita y pura libertad, es lo que sentía la joven dragona blanca mientras sobrevolaba el ancho y profundo valle. Era un lugar lleno de verdor y vida, había visto más animales y plantas que en toda su vida en la zona volcánica dónde los dragones tenían su territorio. Yuki volaba alto, pues pronto había aprendido que los bípedos usaban proyectiles como flechas y virotes para tratar de derribar un dragón. Aquel lugar parecía despoblado, no había visto edificios o construcciones echas por los bípedos, pero prefería no correr más riesgos. El sol brillaba alto en el cielo por el que flotaban unas grandes y esponjosas nubes blancas. El sol caldeaba agradablemente sus escamas blancas que centelleaban como diamantes. Se sentía muy orgullosa de sus escamas y procuraba que siempre estuvieran limpias y relucientes. Era finales de verano, y pronto vendría el frío pero la dragona llevaba todo lo necesario en una alforjas de cuero. No es que usara ropa, pero al menos usaba complementos para mantener la cola, patas y cuello calientes, con aquello le bastaba.

Estaba disfrutando del calor del Sol, de la fragancia de las plantas verdes y del aire limpio y puro, cuando un destello allá abajo llamó su atención. Lanzó un gruñidito de placer al ver un gran lago de agua cristalinas, formado por los riachuelos y ríos de los glaciares de las montañas que formaban el valle. Presurosa, descendió hacia al lago, sobrevolándolo  y asegurándose de que no había ninguna construcción humana o elfa cerca. Tras ver que no había nada, descendió veloz hacia la orilla, soltó sus alforjas y las dejó caer desde unos metros a la orilla rocosa. Tras ver que las alforjas habían aterrizado en una roca plana, la dragona volvió a ascender, batiendo sus alas blancas hacia el cielo. Una vez ganó altura, lanzó un rugido que más bien sonó como un chillido infantil y se dejó caer en un picado hacia la cristalina superficie que era rizada por la brisa que soplaba sobre el valle.  Cerró los ojos con las patas delanteras por delante y se zambulló en las cristalinas aguas, provocando una gran salpicadura circular que se elevó en el aire, alzando una fina cortina de agua que formó un pequeño arco iris.  Buceó durante unos minutos y luego salió a la superficie con otra explosión de agua, que alzó otra fina cortina de agua, el arco iris se formó sobre la dragona, que lanzó un rugido de alegría y satisfacción, abriendo en toda su longitud sus alas, que mostraban su color blanco puro al ser alcanzada por los rayos del Sol. Se dejó caer en el agua, chapoteó y jugó como una niña pequeña, lanzando agudos grititos mientras trataba de atrapar algunos peces. Pese a jugar más que tratar de cazar, capturó un par de peces de escamas plateadas que tragó enteros. Después de un rato y sintiéndose helada por el agua de las montañas, la dragona nadó hacia la orilla, saliendo a esta mientras reía y se sacudía con energía por lo increíble de aquel lugar mágico. Se acercó a la roca plana donde había dejado sus pertenencias, dispuesta a disfrutar del Sol, se tumbó sobre la roca plana, que desprendía un agradable calorcito y empezó a desperezarse y estirarse sobre la roca, frotándose contra ella, hasta quedar satisfecha, tumbada panza arriba, con las alas medio extendidas, despatarrada con las patas traseras y las delanteras contra el pecho. Cerró los ojos y se dispuso a disfrutar del Sol, lanzando un gruñido de satisfacción.
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Re: Volando libre. (Priv. Yil )

Mensaje  Yil el Dom Oct 02, 2016 9:04 pm

Yil había pasado la mayor parte de la mañana rebuscando entre sus cosas, con el fin de encontrar algo que le pudiera resultar útil para su salida al Valle. Lo primero que había hecho, había sido buscar debajo de su cama el morral que había comprado en la ciudad después de habérsele roto la mochila de cuero que llevaba casi siempre consigo antes de llegar a La Torre. La historia de cómo se rompió la mochila, y de dónde consiguió el dinero para comprar su actual morral —bastante básico, y de un aspecto algo pobre— es una historia demasiado larga, y tan aburrida que no merece ser contada, o al menos no aquí, no ahora.

¿Por qué escondía aquel zurrón debajo de su cama? Bueno, realmente no tenía un motivo especial. Yil, por naturaleza y por el lugar de donde procedía, era puro desorden. Si buscó aquel morral debajo de su cama, era porque primero lo había tenido que buscar en su armario.
Cuando logró coger el morral, una sonrisa de satisfacción se dibujó en su cara. Rápidamente, se levantó (aún con el morral en la mano) y una vez incorporado en su totalidad, lo lanzó con suavidad encima de su cama y se apresuró a abrir el armario. Cogió varias cosas, descartó otras. Las cosas que decidió llevarse, las fue colocando en el morral, y las cosas que no, quedaron en los fondos más inhóspitos del armario.

[…]

Se colgó el morral al hombro, y salió de su habitación. Bajó las escaleras, salió de La Torre, y caminó, y caminó. Y caminó.
Cuando se quiso dar cuenta, estaba rodeado de árboles, de naturaleza salvaje. Se preguntó: ¿Dónde estoy?

Pero la única respuesta que logró escuchar, fue la del viento y un par de hojas que este arrastraba.

Se detuvo. Contempló el paisaje que le rodeaba: Estaba en el Valle, eso estaba claro… Miró hacía atrás: La Torre era apenas una sombra que se camuflaba con las montañas. ¿Tanto había andado?

Creo que sé dónde estoy…  Si no me equivoco… Hay un lago cerca. —Pensó en voz alta. Tenía la sensación que había estado allí antes. Allí estaba el árbol con la rama partida, a la izquierda debería…

Dio un paso, luego otro… Anduvo por la izquierda del árbol, y siguió recto. Después de unos escasos minutos, lo vio. Y sí, tenía razón: Allí había un lago.

Y un dragón. Y no pudo reprimir un grito ahogado.

Yil se quedó clavado en su sitio: Tenía miedo, no mucho, pero lo tenía. Y curiosidad. Quería huir, todo el mundo sabe que los dragones son peligrosos, o al menos es lo que dicen. Yil no tenía ninguna forma de luchar contra él, excepto por un cuchillo que estaba en el interior de uno de los bolsillos de su túnica. Túnica, que, por cierto, estaba tirada en la silla en su habitación de La Torre. Aunque, seamos sinceros: Un cuchillo no era nada para un dragón. Era cierto, que este estaba tumbado en una posición de lo más adorable, y de una altura muy baja. Pero a pesar de todo aquello, seguía siendo un dragón.

Pero estaba demasiado perplejo para hacer algo. Un dragón... No se lo podía creer. ¿Cuántas personas salen a dar una vuelta, y se encuentran con un dragón?

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Re: Volando libre. (Priv. Yil )

Mensaje  Yuki el Dom Oct 02, 2016 11:44 pm

Yuki lanzó una especie de jadeo o gruñido de placer. Llevaba como poco un par de horas allí tumbada al sol, en aquella roca plana cómoda. Había estado cambiando de postura hasta que todo su cuerpo se hubo secado y calentado por completo, pero su postura favorita, por delante de la típica tumbada sobre el vientre, era estar tumbada panza arriba, toda a gusto y despatarrada. La brisa era fresca y el Sol cálido, y se echó una buena siesta después de haber comido y nadado en el lago, pues llevaba también volando desde temprano. Algo la había despertado pero no estaba segura de que había sido, se había limitado a desperezarse como un gato, retorciendo y estirando su cola y sus alas. Lanzando un nuevo y placentero gruñido de placer. Se mantuvo tranquila, hasta que su fino olfato de dragón percibió un olor extraño y que claramente no era natural del entorno. Sintió que un escalofrío de terror le recorría la espina dorsal. Al escuchar un sonido, una especie de grito o algo se puso en pie de un salto, agitando las patas y la cola en el aire hasta que quedó sentada sobre el trasero, con las patas muy juntas y mirando con los ojos muy abiertos en dirección al sonido y al olor. Vio a una figura bípeda, no estaba segura si se trataba de un macho o una hembra pues aún le costaba distinguirlo y la forma más fácil de hacerlo se veía impedida porque los bípedos solían ser muy amigos de pieles naturales y artificiales con la que cubrían sus cuerpos. Yuki sabía que lo hacían por varias razones, para protegerse de las temperaturas bajas, como protección ante un ataque o la que menos comprendía de todas, la “vergüenza”, aquello era algo que se escapaba a su comprensión pues ella como dragona, se mostraba muy orgullosa de su cuerpo.

Haciendo un lado todos aquellos pensamientos, la dragona se puso súper nerviosa, de repente toda su mente se quedó en blanco y olvidó todo lo que había leído sobre la costumbre de los bípedos, humanos, elfos, enanos y todos los demás. Empezó a mirar a su alrededor buscando su alforja, la vio justo al lado y la enganchó, empezando a hablar nerviosamente consigo misma mientras buscaba algo en las alforjas. Un montón de cosas fueron lanzadas, pulseras, collares, anillos, una bufanda de lana, unos calentadores del mismo material para las patas y alguna que otra cosa. Al fin sacó varios libros, rebuscó uno de ellos y empezó a pasar unas páginas lo más rápido que pudo sin romper las hojas y empezó a leer en voz alta.

-La mayoría de los bípedos, principalmente los humanos, se saludan de la siguiente manera: Sonreír…- Trató de poner una simpática sonrisa, luego siguió leyendo.- Alzar una mano o pata delantera.- Alzó la pata derecha con la palma hacia el hombre.- Agitar suavemente la mano o garra de lado a lado, o mover ligeramente los dedos mientras se dice…- Miró hacia el bípedo agitando la zarpita derecha.- ¡Hola! –Saludó según las instrucciones del libro que estaba leyendo.

Después de aquello bajó la zarpa en actitud nerviosa, mientras se mantenía sentada muy recta, con las patas delanteras pegadas contra el cuerpo y la larga cola apoyada sobre el suelo en torno a ella. Pensando que debería decir o hacer algo más, echó una ojeada al libro, leyendo rápidamente y entre murmullos, agitando nerviosa la punta de la cola.

-¿Qué tal la mañana? ¿Hace buen día, verdad? – Preguntó con voz insegura.

Estaba tan nerviosa que notó como se le humedecían los ojos, deseaba tanto caerle bien a los bípedos y aprender de ellos que sabía que si aquel salía corriendo se echaría a llorar de decepción. Recordó con tristeza los insultos, las burlas, los golpes e incluso una paliza que se llevó por ser como era, por no ser como los demás dragones. Esperó echa un ovillo de nervios a que aquel bípedo respondiera a su saludo y a sus corteses preguntas. La voz que aquel hombre podría escuchar sonaba femenina y joven de modo que sería una forma de identificar el sexo de aquel dragón blanco, además de lo obvio o típico. La dragona seguía sentada sobre el trasero, muy recta e inmóvil. El lago de agua cristalinas quedaban a su espalda y su superficie se rizaba con la brisa, haciendo que la luz del sol se reflectara y lanzara destellos que brillaban en torno a la figura blanca de la dragona.
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Re: Volando libre. (Priv. Yil )

Mensaje  Yil el Sáb Oct 15, 2016 4:56 pm

Yil miró sorprendido a aquella dragona, agitando su zarpa en señal de saludo y hablándolo. Cuando sonrió, no pudo evitar sentir un suave escalofrío que le recorrió toda la espalda: No de miedo, sino más bien de inquietud con una pequeña dosis de desagrado. Sonreír era algo demasiado humano. Tanto en Urd, como en el mundo exterior —que se había vuelto su hogar— coincidían en eso: El hecho de poder sonreír. Así que, cuando vio aquella expresión en el rostro de la dragona, fue como si algo se rompiera en la mente del pelirrojo. Sus esquemas mentales comenzaron a tambalearse, y las cosas como que perdieron su equilibrio.

Lo desagradable no fue verla sonreír, en verdad. Lo desagradable fue ver algo que no era humano hacerlo. Para él, un dragón era una bestia alada que escupía fuego. Un monstruo, nada más y nada menos. Pero sonrió, algo que él había atribuido como “algo humano”.
Estaba confuso, pero su rostro se mantuvo inexpresivo. Era todo demasiado desconcertante para él. Dio un par de pasos cortos para acercarse más a la dragona para no tener que alzar tanto la voz, después de todo, se encontraban algo lejos el uno del otro.

Hola. —Respondió después de unos minutos, saludándola con la mano. — Sí, hace un buen día.

Al acercarse a la dragona, observó más cualidades humanas en ella: Sus pertenencias tiradas por el suelo; anillos, prendas de vestir, una alforja…

Su cerebro hizo un intento de procesar todo aquello, de asimilar toda aquella información. Pero la confusión era demasiada, y a pesar de ello, intentó seguir la conversación. Y la miró a los ojos. Y después a los cuernos, pero luego volvió a mirarla a los ojos.

¿He mencionado ya el desconcierto que sentía Yil?

Mi nombre es Yil. —Dijo señalándose con el dedo pulgar. — ¿Cómo te llamas tú? —Preguntó, intentando sonar amable. Incluso forzó una pequeña sonrisa.

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Re: Volando libre. (Priv. Yil )

Mensaje  Yuki el Miér Oct 19, 2016 12:18 am

Notó cierta reticencia y desconfianza en aquel bípedo, parecía reacio y sorprendido por su saludo y su sonrisa. Se puso algo triste, borrando la sonrisa de su hocico mientras bajaba la garra con el que lo estaba saludando. Al sentir aquella aura de desagrado y rechazo por parte de aquel bípedo, agachó las orejitas que sobresalían a los lados de su cabeza. Empezó a recoger las cosas que había esparcido por el suelo en su prisa por sacar el libro que había usado. Enrolló las prendas de ropa y recogió con cuidado el resto de los libros que había sacado. Cuando dio unos pasos para acercarse a ella, se puso en tensión, alerta, pero al ver que se detenía, se concentró de nuevo en recoger sus cosas con algo más de prisa. Cuando le devolvió el saludo, la dragona asintió, mientras guardaba el libro que había leído.

-Sí…- Dijo con tristeza en la voz, mirando un momento al cielo. –Yo ya me iba, no quiero causar problemas ni molestias a nadie.- Dijo mientras cerraba las hebillas de su alforja.- En-encantada Yil…- Respondió mientras se deslizaba bajo las alforjas, colocándola por detrás de sus alas y luego se empezó a ajustar la cincha y correas. Al escuchar la pregunta del otro, volvió a mirarlo con unos hermosos ojos violetas.- Yo me llamo Yuki.- Dijo ajustando una última correa que se ajustaba en su pecho y le rodeaba el cuello sin presionarla.- Como he dicho no quiero causar problemas, solo estoy de paso. –Aseguró la dragona, que aún se estremecía por el rechazo que había sentido manar del bípedo.

Había pasado por suficiente malas experiencias para detectar o saber cuándo algo o alguien desprendían aquella aura de desagrado, y no solía pasar mucho cuando aquel desagrado se convertía en rechazo y luego en hostilidad. Y no era muy difícil que aquella hostilidad acabara en un ataque verbal y físico. Por la voz de podía deducir que era una hembra y joven por el tono de vos.

-Si me lo permite aprovecharé que aún quedan muchas horas de luz para continuar viaje, no quisiera importunarle en lo que usted haya venido a hacer aquí.- Miró alrededor.- Es un lugar muy hermoso, salvaje y puro. Nunca había visto algo tan hermoso, las tierras de las que vengo no son así, son yermas y desoladas…- Sacudió la larga cola escamosa y miró hacia el bípedo.- Buscaré un lugar donde mi presencia no desagrade o incomode a nadie, me gustaría disfrutar un poco más de este lugar tan hermoso.- Dijo mientras extendía las alas, dispuesta a impulsarse y alzar el vuelo.
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