La Torre
Bienvenidos a La Torre, un foro de rol progresivo basado en las Crónicas de la Torre, trilogía escrita por Laura Gallego García.

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En la playa cercana al puerto — Libre.

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En la playa cercana al puerto — Libre.

Mensaje  Alfher el Dom Sep 10, 2017 10:17 pm

En la playa cercana al puerto, interludio



Estaba sentado cerca de la orilla, con las piernas estiradas con el fin de sentir el agua en mis pies descalzos. Mis botas descansaban a mi derecha, y mis pantalones permanecían en mis piernas aunque remangados hasta casi llegar a la altura de mis rodillas.

Llevaba una camisa que hace unos años era blanca, pero debido a la suciedad, el tiempo y otras muchas causas, había acabado en una especie de gris sucio que a pesar de todo, no había perdido su sutil encanto. Mis pantalones eran largos, de un color marrón algo claro y fabricado con lino, por lo que podemos deducir que eran bastante cómodos. Además, eran muy anchos por la parte de la entrepierna y muslos, rozando lo que sería unos bombachos no muy exigentes con su naturaleza, así que eran buenos tanto en materiales como en diseño. Siempre he dicho que cuando tus vestimentas son incómodas, es que no son vestimentas: son un disfraz.

Mientras tanto, mis botas —donde estaban mis calcetines metidos hechos un gurruño —, eran sencillas: de un cuero pobre y oscuro, ambas gastadas al igual que las suelas, casi carcomidas por el barro, la arena y la distancia. Pero no me podía quejar: en el fondo, aunque su aspecto distara mucho de la realidad, eran muy cómodas.

Suspiré. Estaba cansado.

Llevaba varias semanas investigando sobre el paradero de La Cueva Oscura, y era frustrante. Toda la información que lograba recopilar no se alejaban mucho del mito o de la fantasía. Una fantasía que, relacionada con el lugar al que quería ir, ciertamente macabra: desde rituales excesivamente sangrientos hasta tratos con demonios. Sin embargo, todas aquellas historias o al menos la mayoría las unía un nexo común, siempre remontaban en un punto: El bosque. Así que, descartando la idea de los demonios, espectros, fátimas y rituales, barajé la posibilidad de que si el ancestro común de aquellas eran los bosques, podía confiar en que el lugar se encontrara en uno.

Pero tampoco era una pista útil. Después de todo, saber que el lugar podría encontrarse en un bosque no me decía en cuál bosque ni en que parte de este. Además, luego estaba el problema del viaje: distancia, provisiones, bandidos… Esas cosas.

Agarré un puñado de arena e intenté retenerla en mi puño, pero la muy dichosa sabía como escaparse.  No importaba lo mucho que apretase, y volví a suspirar.

Además, respecto a las cosas que oía, el problema no solo residía en la fiabilidad o calidad de la información, si no en la disponibilidad de las propias fuentes. ¿A quién podía preguntar? ¿Qué libro podría consultar? Era un problema latente. Básicamente, porque solo me podía extralimitar a las tabernas: un lugar donde la gente le costaba mentir según el número de copas que habían tomado, un lugar donde si hacías muchas preguntas extrañas podías aparentar estar borracho y nadie lo tendría demasiado en cuenta. Quizás. ¿Acaso debía de fiarme de las palabras de un borracho?

Además, la mayoría de personas no parecían saber nada acerca de aquel lugar, y los que parecían haber oído algo, o me miraban como con cierto escepticismo, con sus ojos llenos de acusación o me contaban algo que o ya había escuchado antes o que no servían para nada ni eran sustanciales. Como las cosas que había escuchado antes.

El método no era tan malo, realmente. A pesar de que llevara semanas sin sonsacar nada a nadie. Es más, si no hubiera sido por él, a día de hoy jamás hubiera escuchado nada de La Cueva Oscura ni la fortaleza de Aressher:

Varios meses atrás, estaba en una taberna. En fin, había dos hombres que habían bebido más de la cuenta y por sus vestimentas, por sus rostros y por sus cicatrices, parecían delincuentes o mercenarios. Me dio la sensación de que apestaban a secretos, y así era.

Uno de ellos, en un momento de la conversación, exclamó algo como: “¡maldita sea! El otro día fui a la fortaleza y cada vez hay menos estudiantes. A este paso, La Cueva Oscura se va a quedar sin magos”. Lo dijo con una rabia violenta, escupiendo sus palabras. Su compañero asintió con solemnidad, con los ojos cerrados. Podría ser tristeza, nostalgia, o simplemente que se estaba adormilando en su sitio.

Habló lo suficiente bajo para que nadie lo escuchara, lo suficiente alto para que alguien que le gustaba husmear se enterase perfectamente de todo a pesar del murmullo general, de los gritos y de los hombres que golpeaban sus jarras contra las mesas. Así que, dejémoslo en que escuché lo que quería escuchar, asimilé toda aquella información y rápidamente hice el siguiente análisis: gente mala igual al dios, La Cueva Oscura igual a lugar peligroso donde estaba aquella fortaleza, fortaleza que era igual a escuela de magia.

...

Tal vez podría haberme metido en su conversación y haber intentado conseguir algo más de información, pero en aquel momento tenía la seguridad de que aquellas personas eran peligrosas, y dirigirme a ellos era exponerme a una situación claramente desfavorable: si se ponían violentos, me podía dar por muerto o al menos, me llevaría un par  de golpes, una costilla rota si tenía suerte: mala si era más de una. No tenía la labia suficiente para evitarlo, y mucho menos, el suficiente ingenio para poder introducirme en la conversación sin que se enfadaran. Y teniendo en cuenta de que estaban medio borrachos, podía suceder cualquier cosa literalmente. Así que preferí no arriesgarme: el alcohol puede hacer cosas terribles, aún peores en personas terribles. Así que, me limité a esperar hasta que se marcharon, escuchándolos desde la mesa más cercana; no oí nada que me fuera útil. Salvo confirmar que aquellas personas eran peligrosas e hice bien en no entrometerme.

Volví a suspirar, mirando esta vez el brillo cegador de las olas, preguntándome si alguna vez encontraría las respuestas que necesitaba, y sobre todo…

¿Cuándo? —Me pregunté, sin darme cuenta de que lo había dicho en voz alta—.

Además, no solo tenía problemas en llegar hasta La Cueva Oscura. Estaba de aquel mundo tabernario hasta las santísimas… Bueno, hasta las santísimas prominencias. Trabajaba en una taberna de mala muerte donde el propietario era un gruñón y un gilipollas: apenas me pagaba las horas extras y siempre conseguía ingeniárselas para echarme la culpa de todo. Además, su boca apestaba y no paraba de meterse conmigo. Nos odiábamos, pero ambos sabíamos que sin mi encanto, tanto su negocio como su escasa clientela no dudarían mucho.

Si seguía trabajando en aquel lugar, era porque era el único lugar donde podía trabajar: era una taberna donde podía usar mi estrategia maligna para sonsacar información a los viajeros y a los borrachos desprevenidos, necesitaba un sueldo que me permitiese vivir e ir ahorrando y… era complicado que me aceptasen en otro oficio, o en otra taberna. Después de todo, era el puerto de Agnlia y era un lugar importante. Yo no era alguien importante.

Pero todavía no hemos terminado. El problema no era trabajar en una taberna. El problema era que después de trabajar en una taberna, iba yendo de taberna a taberna en búsqueda de información.

Supongo que me obsesioné un poco con aquel método, pero era lo único que tenía.

Y claro, no podía estar en una taberna sin tomar nada: así bebía un poco de alcohol, a veces algo más de la cuenta cuando me ponía pensar en el pasado y las cosas que ya no estaban, y tanto mi cartera como mi cabeza al día siguiente, se resentían un poco. Y entre lo que bebía, el ambiente de taberna y el estrés general, muchas días acababa con una jaqueca considerable; con problemas para dormir o con fuertes dolores en la cabeza nada más despertarme. Aunque gracias a mi madre, me conocía un par de remedios naturales para combatir los resultados de mi obsesión por tomar malas decisiones, así que la migraña ni las jaquecas solían durar mucho tiempo.

Me pregunto que pensaría mi madre de mí...


Última edición por Alfher el Dom Oct 01, 2017 5:55 pm, editado 2 veces

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Re: En la playa cercana al puerto — Libre.

Mensaje  Ferzan el Sáb Sep 23, 2017 6:33 pm

Off Rol:

NPC´s utilizados:

- Kaira Stegalkin
=================================================


Vuelve a repetirme el motivo por el que estamos aquí.
Andamos cortos de presupuesto, porque nadie se fía siquiera de tu apariencia y la prostitución no es una opción.
Ahora dime pues porque estamos aquí.
Volver al Norte es asumir tu rendición y el Sur nos pilla lejos todavía, tu oficio no es muy buscado por aquí peeero no tenemos otra...
Y si no tenemos otra, porque demonios no paras de interrumpirme?
Para que consideres bien adonde marchar, a veces una huida a tiempo es una victoria. No deberías ir por ahí sin rumbo como un pollo sin cabeza.

Dos figuras parejas y para nada semejantes se encontraban frente a frente buscando la sombra bajo la pared de una vivienda. Una de ellas, apoyada de brazos cruzados, alta y de piel morena cuya vestimenta mezclaba armadura y lencería en un atractivo conjunto de dudosa eficacia a la hora de combatir. La otra, un poco más baja y de cabello albino, en una pose orgullosa y reservada con las manos entrelazadas, bastante analizador en cuanto a sus propias palabras. Ambos habían recorrido gran parte del sitio de punta a punta, se habían detenido varias veces en el transcurso del mismo y todo para cuestionarse ellos mismos que decisión debían tomar después de abandonar su partida con Eir, hermana de Kaira. La guerrera tenía sus decisiones claras mientras que el encapuchado observador la seguía indeciso de aquellas susodichas ideas que la pelirroja traía en mente.

¡Que le jodan al Norte! -alzo la voz una vez más durante aquel día sin importar su alrededor- Antes muerta que volver a pisar mi tierra, te das cuenta de que pensarían mis conocidos y admiradores si vuelvo con la derrota en la frente? A la porra mi prestigio y a la porra todo! No estamos tan mal de fondos como crees, solo necesito extender mi legado por toda Garnalia para cumplir con mi verdadero objetivo. El dinero viene y va, la fama es lo que perdura. Si mi prestigio comienza a divulgarse, el dinero vendrá solo a mis manos, S-O-L-O, y a montones! A miles de montones! -en algún momento de su auge de orgullo había perdido la compostura, alzaba el puño a la altura de la cabeza atrayendo por consiguiente la atención de los viandantes cercanos. Si su aspecto era poco motivo de atención, mas lo era su molesta voz por muy femenina que fuese.

Creo que es mejor que nos vayamos... -respondió muy de soslayo su compañero marchándose de la escena.
Eh? -miro a su alrededor, la disconformidad de algunos estaba presente de manera discreta- Ah sí, vale... -alejándose de aquel mar de miradas- Siempre lo mismo, debería aprender a callarme pero me es imposible, no sé ni para que debería molestarme -se encontraban cerca de una taberna, Kaira miro el letrero mientras hablaba y fue tal el nervio que no llego ni a reparar en pronunciar bien el nombre de la misma antes de entrar- "Ojo del dardo", si como sea, me vale para buscar algún trabajo a mi altura.


[...]


Buen día tenga usted señor! -se presento ante el tabernero golpeando la mesa con el puño- Busco un trabajo, algo a mi estilo como mercenaria. Ya sabe, algún problema que usted pueda tener con cierto y peligroso indeseable...
Mercenaria? Sera una broma no? -el hombre no dudo en reparar de primeras con la indumentaria de la guerrera.
Me temo que no sabe con quién trata, una mujer cualquiera no carga algo como esto a sus espaldas -alega a su espadón como arma principal de su arsenal, el cual mide casi lo mismo que su estatura y no es poca- No debería dejarse llevar por las apariencias...
Pues bien, que tal un trabajo sencillo? Creo que tengo un par de ratas en el almacén que...
Ratas? Me ves cara de matar ratas? -comenzó a preguntar antes de entrar en shock. Sus estímulos captaron al instante la indiscreta y descarada nalgada ajena que fue a parar a su trasero sin previo aviso. Una voz masculina irrumpió en la conversación- Perdone usted, nuestra amiga solo estaba de broma, ahora mismo le dejamos con su ta-. (El puño de Kaira choco contra la cara del responsable con la misma indiscreción)
¡¡¡TOMA BROMA GILIP*****!!! -la guerrera no contuvo ni unos segundos su airada furia, tan pronto como sus sentidos se lo permitieron se dio media vuelta golpeando no solo uno, sino repetidos golpes contra el sujeto afectado y su estomago- ¡Has tocado el culo equivocado amigo! -le señala tras tomar una pequeña distancia con él, al momento de recuperarse dos individuos más le acompañan a la par, tal vez fueran amigos suyos, eso a ella no le importaba. Desenvaino su espadón chocando el filo con el suelo, provocando aun mas espectáculo entre todos los que se hallaban dentro- Vuestros puños contra mi espada, adelante chicos -mantuvieron las distancias mostrándose neutros, tanto ellos como ella. Sonríe con malicia llevando el arma a sus espaldas- Sabéis que no soy quien para mostrarme agresiva ante el populacho, tengo una reputación que mantener y por tanto... -de la nada, ignora la tensión del momento y empieza a correr hacia la salida. Los tres hombres la siguen al momento en una persecución que los llevaría hasta la playa del puerto.


[...]


Cerca de la orilla, la muchacha norteña trataba de mantener lejos a la morriña tabernera que eran aquellos tres hombres armados tan solo con sus puños. Llegado cierto punto en el que estaban a punto de darle caza, Kaira enterró de súbito su espadón en la arena con un fuerte grito sin soltarla por el mango, se dejo guiar por la fuerza centrifuga del movimiento efectuando un giro de 180° mientras se agachaba a ras del suelo, pateando con los quijotes una de las piernas de los maleantes haciéndole tropezar sobre el mango de su espadón, golpeándole la barbilla de casualidad.

Se dirigió de súbito contra el que se hallaba detrás, desenvainando uno de sus nunchakus del coselete que constaba de una cadena unida a un solo cabezal. Enrollando la cadena sobre su puño, le golpeo en la cara con la fuerza del cabezal y del guantelete juntos haciéndole un buen daño directo que lo dejo atontado. Encaro al último de ellos en plena carrera golpeándole con un golpe ascendente en la barbilla con el arma desenrollada, lo tomo por el antebrazo con sus brazos colocando su pierna detrás de la pierna de apoyo principal de su enemigo a modo de zancadilla tras empujarlo hacia atrás, con la fuerza suficiente para hacerle caer.

Tú fuiste quien empezó todo esto, y serás el primero en pagar por tu error -Kaira dio una elegante y grácil vuelta sobre sí misma, colocándose de pie cerca del torso del sujeto caído en el suelo, dándole la espalda- ¡¡Meteoro Carmesí!! -antes de caer de culo sobre el rostro de su enemigo totalmente a propósito. La media vuelta le había servido como fuerza de impulso inicial que después se sumaría a su peso corporal durante la caída, añadiéndole el aumento de velocidad por gravedad y la masa acumulada y bien formada de las nalgas de la guerrera. Lo que parece un ataque absurdo y cómico, desemboca en una fuerte embestida que podría haberle fracturado la nariz sin problema alguno tratándose de una mujer fornida.

Kaira se inclino en dirección a su espadón con la mala sorpresa de que uno de los tres hombres estaba haciéndose con él. Se levanto de súbito y para sorpresa de todos los que se encontraban en aquella pelea, aquel que intentaba desenterrar el espadón tomándolo del mango comenzó a quejarse de dolor hasta el punto de casi lanzar un grito al aire soltando el arma al momento- ¡Quema, quema! -levantando las manos y en efecto, sus manos con las que había agarrado el arma estaban al rojo vivo. Los tres hombres se juntaron retirándose de la escena- ¡Magia! ¡Busquemos a la guardia!

La norteña no pudo hacer nada más que extrañarse, tenía sus razones obvias. Ella jamás había sufrido quemazones por tocar su fiel espadón que la acompañaba desde la infancia. Desenterró el mismo, limpiando el filo de arena y envainándolo- Seguro debe ser un truco barato... -se dio media vuelta observando a la persona adulta que yacía mas cerca de ella, sus vestimentas no resaltaban apenas ya que a sus ojos le parecían vestiduras bastante vulgares y habituales. Solo podía rescatar su exquisitez por el color negro, un color mas propio para acudir a un luto que para aposentarse en la orilla de una playa- Ha sido cosa tuya? -le pregunto encarándole sin descuidar su alrededor, poco a poco fue recuperando la postura.

A todo esto, la figura albina había desaparecido desde que entro en la taberna...
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Re: En la playa cercana al puerto — Libre.

Mensaje  Alfher el Mar Sep 26, 2017 5:49 pm

De repente, en medio de mi reflexiva, escuché el sonido de violentas pisadas que arremetían contra la arena, diversos jadeos que rozaban la fatiga y la violencia, y el grito de una mujer poderosa.

Me levanté rápidamente del suelo con los pantalones manchados de arena y me giré, observando como lo que parecía una prostituta, una prostituta con demasiada poca ropa, luchaba con asombrosas técnicas de combate y poco a poco y a una velocidad alarmante, fue dejando fuera de combate a cada uno de los hombres.

En un momento dado, a lo mejor por el furor del combate, la chica utilizó su culo como técnica de combate llamada “Meteoro carmesí” y no fue mucho después que, uno de sus adversarios intentó agarrar su espada pero al parecer, se había quemado nada más tocarla y supuse que aquella chica había usado algún hechizo para proteger su espada. Por lo que me había dado tiempo a ver, sus manos tenían el suficiente mal aspecto para que se me revolviera el estómago. Y olía a carne quemada.

No era una situación muy agradable.

La joven cuyos vestuarios rozaban la desnudez, después de que los tres hombres se retirarán, cogió su espada sin ningún problema, aunque extrañada posiblemente por el comportamiento de su arma.

Seguro debe ser un truco barato —aventuró la joven después de envainar su espada. Después, me miró con aquellos violáceos, mirada dura y poco femenina —… ¿Ha sido cosa tuya?

Me quedé unos segundos mirándola, no había sido ella: lo que antes me parecía un tipo de vestuario obsceno, ahora me parecía una armadura que no recomendaría usar; y lo que antes me parecía una prostituta, ahora solo veía una guerrera que si la enfadaba, sería capaz de romperme el brazo de la misma forma que alguien parte una ramita. Así que, intentar no darle motivos para romperme el brazo era una de mis principales prioridades, aparte de huir de la guardia que vendría.

Además, ahora que lo pensaba… a lo mejor esa armadura si tenía una utilidad: su estilo de lucha, pensándolo bien, se basaba mucho en el movimiento, en maniobras extrañas como cuando se había puesto a girar usando su espada de eje. Si usara una armadura más convencional, una más pesada y que cubriera todo su cuerpo, limitaría sus movimientos de tal forma que no podría realizar tales movimientos. Sería como cortarle las alas a un pájaro.

«¿Ha sido cosa tuya?», pensé.

No, no había hecho nada. Había aprendido a hacer algunos truquillos con magia como extraer calor de mi cuerpo, poder comprender necesidades muy primitivas en un animal solo con tocarlo y no mucho más. Valga decir que aquellas acciones me dejaban exhausto tanto a nivel físico como mental, pues todos mis conocimientos sobre la magia los había heredado de la experimentación, no de un libro de texto ni de ningún mago que me tutelara: así que me sabía tres o cuatro trucos mágicos, pero no sabía usarlos eficientemente. Resumidamente, no hubiera sido capaz de quemarle las manos a aquel hombre aunque me vida dependiera de ello: no solo por falta de habilidad, también porque aquella no era mi batalla ni mi lucha, ni me vida dependía de ello. Pero a lo mejor era capaz de sacarle partido a la situación.

No, no he sido yo —expliqué —…, Es más, pensaba que habías sido tú —hice una pequeña pausa, sobre todo para pensar que debía de decir a continuación  —. Aunque eso no importa ahora. Deberíamos refugiarnos en algún sitio y tú deberías cambiarte de ropa: si La Guardia te busca, habrán hecho hincapié en… tu manera de vestir. No es muy habitual, la verdad.

Intenté no reflejar en mi cara nada, nada que me delatara: quería interrogarla, pues parecía ser una mujer que sabía cosas y para ello, debía de llevarla a mi terreno. Después de todo, cuando su espada había quemado a uno de sus agresores no se había asustado y es más, había despreciado aquello denominándole de “truco barato”. Así que podía deducir que estaba familiarizada con el tema de la magia, es decir: con esa parte del mundo que la mayoría de personas ignoramos: fortaleza de Aressher, escuelas de magia, La Cueva…

Y he dicho “refugiarnos”, en plural, a propósito. Tengo mis razones, razones que no tendré problemas en contarte cuando estemos en un lugar seguro —expliqué rápidamente, sobre todo porque todavía no me había dado tiempo a pensar en nada que sonara convincente —. Mira, mi plan es este: nos alejamos de aquí, te cambias de ropa y nos vamos a alguna taberna o posada hasta que se calmen las cosas, que no será mucho tiempo. ¿Trato hecho?

Era consciente que la situación era extraña, mi reacción extraña y mi manera de proceder algo lamentable: no conocía a esa mujer, pero era consciente de que era fuerte y no tendría reparos en hacerme otra demostración si la presionaba mucho o decía algo que no debía. Entonces, reparé en el hecho de decirla de venir a una taberna o a una posada se podía interpretar de una manera errónea, casi perversa. Me sonrojé al percatarme de tal cosa e intenté arreglarlo como mejor sabía:

Y no se preocupe. Soy un hombre honrado y ca… —estuve a punto de decir “casado”, que le daba algo de valor sobre mi honradez, aunque bien era sabido que muchos hombres engañan a sus mujeres, aunque aquel no era el problema. El problema era que no llevaba alianza, y ya era demasiado tarde: había titubeado y cualquier cosa dijera en aquel momento, podría ser peligroso. Me puse nervioso —, quiero decir…

Y no sé por qué, pero comencé a recordarle, a pensarle. Recordé aquella mirada, y me pregunté como sería la expresión de sus ojos, como se le arrugaría la nariz al verme en aquella situación. Seguramente me miraría con el desprecio que se merece el hombre en el que me había convertido, o tal vez lo haría con aquellos ojos comprensivos, de esos que hacen brillar tu mundo y ahuyentan las sombras. A lo mejor... me odiaría. Tal vez me comprendiera. Era imposible saberlo, después de todo, él había abandonado este mundo.

Entonces, cerré los ojos e intenté que no me dominaran los nervios. Lo que necesitaba en aquel momento, era la verdad. Una verdad que me apenaba, y se reflejaba en mi rostro. Una verdad dolorosa, una espina clavada en el corazón.

Mi mirada y mis labios se tensaron. Abrí los ojos.

Mi pareja murió hace poco, ni se me ocurriría —aseguré —. Y te digo esto para que veas que no tengo intenciones oscuras, y aunque las tuviera… —hice una pausa, en parte para recomponerme y no echarme a llorar, en parte porque sentía que se me escapaba el aire —. Seamos sinceros: no podría hacerte nada. Eres demasiado fuerte  —dije en un tono menos serio, a modo de pequeña broma para relajar la tensión aunque fuera una verdad como un castillo. Además, intenté sonreír mientras hablaba, y aunque fuera una sonrisa donde se curvara la pena, era una sonrisa —. Seguramente me partirías por la mitad antes de que llegara a tocarte.

Eché una risa nerviosa y lo único que pensé fue que me debería de haberme callado y haberme ido corriendo nada más haberla dicho que no había sido yo quien había hechizado su espada. A lo mejor esa mujer me imponía demasiado, y yo era demasiado cobarde. Aunque ya no importaba, todo mi cuerpo estaba rígido como una tabla como un cachorro asustado, con intenciones de correr si se enfadaba conmigo.  Después de todo, me había tomado demasiadas confianzas, era lógico que se enfadara conmigo. ¿Dónde se había ido toda mi seguridad? Si no me había echado a correr en aquel momento, es porque albergaba la esperanza de que se riera, o que no le hubiera sentado mal la forma en la que la había tratado y accedía. A lo mejor, porque albergara la esperanza de haberme juzgado mal a mí mismo y que no era tan ruin como pensaba que era.

Me pregunté que hubiera hecho años atrás, y llegué a la conclusión de que la hubiera ayudado solo por la sencilla razón de que se encontraba en peligro, ni hubiera razonado tanto como lo estaba haciendo ni me hubiera preocupado por las consecuencias. A lo mejor, aquel puerto había sacado lo peor de mí, y me había vuelto un ser calculador. A lo mejor, la necesidad de encontrar información me había vuelto un ser deleznable. No podía saberlo. Lo que sí tenía claro era que sería la última vez que le hablara así a una mujer, aunque pudiera lanzarme por los aires como si fuera un muñeco de trapo.

Mi padre estaría avergonzado: no me había enseñado a trabajar con los metales para acabar siendo tan hijo de puta. En cuanto encontrara el momento, la pediría disculpas.

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Re: En la playa cercana al puerto — Libre.

Mensaje  Ferzan el Miér Sep 27, 2017 6:48 pm

Tal y como esperaba, su llana presencia cercana ya imponía frente al populacho por varios motivos bastante obvios. Lo que no esperaba era que no todo el mundo saliese corriendo del lugar de escena, y que el joven a quien le dirigió la palabra se quedase a responderle e incluso proponerle huir con él... Huir? Con ella? La guardia era menos peligrosa que ella, de hecho, ella era el peligro.

La muchacha ladeo vagamente la cabeza buscando un sentido a aquella propuesta. Alguien desconocido, perfectamente sospechoso de aquella quemazón que había tenido lugar antes de que le robaran su espadón, le propone huir con él a un lugar más seguro para ocultarse de la justicia... el sentido común comenzaba a tintinear dentro de su cabeza, con un dedo en la barbilla y la cadera inclinada con una mano sobre ella, pensó...

Mira, mi plan es este: nos alejamos de aquí, te cambias de ropa y nos vamos a alguna taberna o posada hasta que se calmen las cosas, que no será mucho tiempo. ¿Trato hecho?

Bueno, me alegro que por lo menos hayas entendido rápido nuestra situación -respondió con naturalidad, no necesariamente tenía que dar por hecho que se trataba de una connotación sexual. Retomo la pose y lo tomo del hombro un leve instante mientras caminaba a paso rápido en dirección al final de la playa, dándole a entender que la siguiera- Como sea, vámonos ya antes de que vuelvan esos energúmenos. No te preocupes por cambios de ropa, ahora preocúpate de salir deprisa de aquí -miro por un momento al sujeto, no parecía tan joven como pensaba y diría que le sacaba un par de años a pesar de que su estatura era ligeramente inferior. En ese momento empezaba a verle su lado nervioso, se mostraba avergonzado y podía entender cuál era la razón a pesar de que no lo había visto como tal al principio.

Y no se preocupe. Soy un hombre honrado y ca…

¿Qué?... -dijo al momento.

Quiero decir… -si acaso estaba fingiendo ese estado de ánimo, lo estaba haciendo bastante bien. No dejaba de verle como a alguien sospechoso pero a la vez amigable en cierto modo, no era capaz de echarle la culpa. Sin embargo, el hecho de que cerrara los ojos intentando huir por un momento del lugar no iba a conseguir hacerla callar.

¿Es porque tratas de invitar a la mujer más hermosa que jamás haya pisado el Norte de este continente? Solo porque sea una mujer no tiene porque malinterpretarse, la culpa es de toda esa plebe que no tiene otra cosa que hacer que meterse en asuntos ajenos -sonríe, cargada de confianza.

Mi pareja murió hace poco, ni se me ocurriría... Y te digo esto para que veas que no tengo intenciones oscuras, y aunque las tuviera…

Oooh, vale, lo siento~ -entrelazaba las manos con un tono leve entre "pésame" y cierto sentimiento de "he metido la pata por no callarme", especialmente de esto último.

Seamos sinceros: no podría hacerte nada. Eres demasiado fuerte -intentaba abrirse mas a Kaira, dejando de lado sus nervios- Seguramente me partirías por la mitad antes de que llegara a tocarte -sin mucho exito, esbozó una risotada forzada como primer intento para romper el hielo.

-Deja escapar una sonrisita- Y es por esa y más razones que no se acercan a mí y menos aun tratan de hablarme, solo lo intentan los mas bravucones y ya has visto como han acabado -echa la mirada atrás un momento como referencia a los tres hombres que la perseguían. De golpe volvió a reír mas levemente- Es broma! No soy la más fuerte desde luego, pero una mujer debe aprender a defenderse por sí sola. No hablo de que necesites aprender a usar armas tan pesadas como esta -alega su espadón- Pero si es cierto que he tenido que valerme mucho tiempo de mi superioridad física. Una mujer débil es el blanco perfecto para hombres como esos, y por desgracia ese perfil femenino está demasiado generalizado... -cambia a un tono más serio- Donde los hombres ven una mujer, solo ven un culo y un par de pechos trabajando en cualquier oficio humillante que se te pueda ocurrir, pero yo sé aprovechar esa debilidad. Podrán ver todo lo que quieran ver de mi, pero nunca verán venir el espadón de Kaira Stegalkin, jejeje -vuelve a su tono desenfadado, mostrando un atisbo de sorpresa- Oh! Cierto, no te había dicho mi nombre... bueno que demonios, ya lo sabes. Confió en que se te quede grabado a fuego cuando me convierta en la Guerrera más poderosa de toda Garnalia -choca su puño con el de Alfher, si era capaz de responder el gesto y sumarse a la despreocupada actitud de la norteña pelirroja.

Miró hacia el cielo por un momento sin dejar de caminar. Desde que abandono el Norte en busca de un nombre y una reputación, las cosas no habían hecho más que mejorar. Cada vez estaba más orgullosa de su decisión, por fin podía ser libre.

Sus pasos los guiaron hacia un pequeño pero ancho recoveco de rocas bajo una pequeña montaña de tierra y gravilla a modo de cueva diminuta, que les permitirá esconderse al margen de los demás excepto para un par de aislados pescaderos en la orilla del mar, así como de la luz del sol que a cada hora se hacía más intenso. Más allá, podían encontrarse con un cumulo de desordenadas rocas de gran tamaño puestas en el agua contra las cuales chocaban las olas que llegaban por la marea. Kaira se mostro reacia a seguir caminando hasta allí, por no mojarse la poca ropa que lleva por las salpicaduras. Desenvaino su espadón clavándolo en la arena, sentándose justo a su lado con las piernas flexionadas y estirando los brazos y la espalda.

Agh, esto es vida~ -apoyando las manos en la arena detrás de la cadera- Mmm, hablábamos de que me buscara ropa nueva, no? -encara a Alfher perezosamente girando solo el cuello- No va a ser posible, lo que sí puedo hacer es buscar una forma de ocultar la que ya tengo. Solo necesito esperar a que venga cierta persona... si ves a una persona albina de cabello largo y más o menos tu misma estatura -indica la medida improvisadamente con la mano en vertical en el aire, más o menos por su cabeza- No te asustes pues, es compañero, solo que a veces le da por desaparecer pero siempre consigue encontrarme, no me preguntes como -se encoge de un solo hombro- Otra cosa más, de verdad crees apropiado movernos a una posada con... ya sabes... -señala hacia el centro de la población- Quiero decir, puede que nos cojan de camino hacia allá, aunque este sitio también es como un callejón sin salida, les dará por buscar por la playa y puede que nos cojan... iré pensando en algo. -dijo, sin mostrar mucho interés. Para ella, si fuera tan fácil asumir los riesgos futuros que conlleva, optaría por enfrentarse cara a cara contra la guardia antes que huir.

"Seria todo mucho mas fácil si esos pesados no se dedicaran a perseguirme después... siempre lo tienen que hacer complicado, maldita calaña de borrachos...", pensaba con la mirada puesta en el cielo.
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Re: En la playa cercana al puerto — Libre.

Mensaje  Alfher el Miér Oct 04, 2017 6:35 pm

Choqué con mi puño el suyo, sonriendo: toda la tensión que había sentido en esos instantes, habían desaparecido de un plumazo y no sabía si debía ponerme a bailar o a reír, así que me limité a temblar sutilmente. No solo por el júbilo de no haber metido la pata, si no porque apenas unos segundos atrás, todo mi cuerpo había estado extremadamente rígido, tenso como una cuerda que está a punto de romperse. Yo, cerca de ser una cuerda rota, sentía cada uno de los músculos liberados de aquella carga, pero resentidos. Liberado de aquella presión, me costaba mover las piernas, pisar sin hacer mucho el ridículo, andar sin tropezar. Mis piernas bailaban.

Estoy de acuerdo. Todas las mujeres deberían de aprender a defenderse —contesté asintiendo varias veces con la cabeza —, aunque los brabucones también deberían aprender a estarse quietecitos. Si quieren sexo, que se hagan una paja y sanseacabó. No tienen porqué joderle la vida a lo demás de esta manera —añadí esta vez, indignado —.

Después de aquellas palabras revolucionarias sobre la mujer y el hombre, la miré a los ojos. Su nombre era Kaira, y tal vez por el caos de antes, no me había percatado de lo joven que era. Debía de tener no muchos más de… ¿20 años, quizás? Era impresionante que alguien tan joven luchara tan bien. Aunque también era vergonzoso que me hubiera dado un ataque de pánico por miedo a que me atacara, así que lo mejor sería callarme.

Yo me llamo Alfher, Alfher a secas —me presenté con una sonrisa. Como me había revelado su nombre, sería algo descortés por mi parte no hacer lo mismo —. No te preocupes, creo que me acordaré de ti —me reí. Con las ropas que me llevaba la chiquilla, sería difícil no hacerlo —.

En nuestra corta caminata, llegamos —yo a paso torpe y flácido —, hasta una elevación del terreno de tierra y gravilla que podrían usar como una sencilla barrera natural y como escondite siempre que La Guardia no comenzara a husmear hasta su zona. De todas maneras, a Kaira le debió de parecer el sitio idóneo para estar, o tal vez no quería seguir; así que se sentó, no sin antes clavar su espadón en la arena nuevamente como una estaca.

Yo hice lo propio y me senté en frente de ella, con el espadón en medio de nosotros como una especie de velo: así  teníamos visión de todo el terreno, yo vigilaba sus espaldas y ella las mías.

Entonces, la joven guerrera, plácidamente acomodada en la arena comenzó a hablar y yo me limité a escucharla. Cuando terminó su charla, o más bien su reflexión, se quedó pensativa mirando al cielo. Pude notar cierta frustración, pero tampoco le parecía importar mucho la situación y a decir verdad, a mí tampoco. Después de lo que había visto minutos atrás, el hecho de estar a su lado y contar con su protección me hacía sentir aliviado. ¿Qué podrían hacernos, si ella dominaba técnicas tales como la del «Meteoro Carmesí»? No tenían, sencillamente, ninguna posibilidad. Aunque obviamente lo mejor que podíamos hacer era evitar problemas.

Bueno, pienso que esos hombres eran una panda de borrachos —reflexioné mientras hacía dibujitos en la arena con un dedo, mirando cada poco tiempo hacía el frente —, y no creo que el testimonio de un borracho tenga un valor ni tampoco se les vayan a hacer mucho caso. Pero estamos hablando de una posible acusación de brujería —tragué saliva —, y uno de esos hombres tiene una quemadura de cojones, con perdón de la expresión. Como mucho envían a un par de soldados por la zona, pero no creo que hagan nada más que patrullar por las calles y por la playa hasta que se cansen de seguir las alucinaciones de tres personajes que han bebido más de la cuenta. Por eso había pensado que un lugar cubierto podría ser buena idea aunque creo que ya es demasiado tarde para ir moviéndonos por la urbe —hice una pequeña pausa y la miré fijamente —. Además, tienes razón. Llamarías mucho la atención. Solo nos queda esperar a tu amigo y un par de milagros para que no te cargues a media Guardia si nos pillan aquí —bromeé, aunque se notaba la seriedad en mi voz y en mi manera de masticar mis palabras. Aunque me sentía a salvo, quería evitar problemas y sobre todo, que no me relacionaran con los éstos —.

Y no sé por qué, pero comencé a teorizar que su amigo podría ser un mago. Quiero decir, la escueta descripción que había hecho de él gritaba “¡hola, soy un mago!” en voz muy alta y sonora: pelo blanco, solía desaparecer, luego siempre terminaba encontrándola… Aunque también podría ser una persona normal. Después de todo, yo también solía desaparecer y pasar desapercibido; aunque tampoco es que yo fuera una persona normal.

De todas formas, deposité mis esperanzas en que fuera un mago: en parte para que nos sacara de aquel lío, por otra parte para preguntarle sobre La Cueva Oscura aunque esta vez, y por otra parte porque me hacía ilusión conocer a un mago. ¿Qué?

Espera, ¿qué?

Viene alguien —avisé sorprendido. Estaba lejos, así que no era capaz de distinguirlo. Era una mancha negra que se acercaba a nosotros —.

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Re: En la playa cercana al puerto — Libre.

Mensaje  Ferzan el Lun Oct 23, 2017 9:11 pm

Nah, lo dudo -ladea la cabeza vagamente, Kaira no compartía la opinión de que estuviesen ebrios en el momento en que empezó a huir de ellos. Después de que la tomaran con la guardia baja, la voz del primero que se le puso a sus espaldas cerca del oído, sonó bastante concisa y clara hasta el punto en que ella misma y cualquier otra mujer hubiese podido leerles la mente sin siquiera saber de qué tipo de personas se trataban- Tenían las ideas demasiado claras, y los borrachos no tienen tanto aguante como para correr calle abajo hasta el puerto... y que todavía les sobren energías para siquiera intentar hacerme un rasguño, pobrecitos -levanta los brazos y se quita los guanteletes, juntando las piernas y los muslos entre si antes de apoyar sendas piezas de su armadura sobre ellas. Con los brazos hacia atrás y la cabeza recta, toma su amplia y larga melena pelirroja situándola enfrente suya desde el hombro hasta sus muslos.

Mira, tampoco voy a culparles del todo. Lo que hagan o dejen de hacer no es cosa mía. No obstante, si se atreven a intentar ponerme un dedo yo también estoy en mi derecho de actuar como me plazca, no? -comentaba divertida, jugueteando con su cabello  haciéndose rulos con los dedos que se deshacían a la mínima que los soltaba- No todos los días te cruzas con una guerrera pelirroja a la que poco le falta para alcanzar los dos metros de altura. Además, estos cabellos llaman bastante la atención y es normal, es algo tan poco común... que me gusta, me encanta, es algo que disfruto. Jamás dejare de sentirme orgullosa por esto -aun a espaldas de Alfher, limpiaba su melena como entretenimiento hasta quitarle el ultimo grano de arena a esas puntas rizadas- El problema de querer destacar entre los demás es... pues eso, que hay mucho atontado suelto y mucho envidioso. Culo veo, culo quiero, y nunca mejor dicho -suspira, encogiéndose de un solo hombro con la otra mano en la arena apoyada solo por las yemas de los dedos- En fin, es el precio a pagar por ser tan hermosa~

Gira la cabeza un momento tras el aviso de Alfher, alertada en un inicio por la posible presencia de los guardias de la ciudad. En su lugar, vio una figura totalmente familiar cabizbaja, albina y con capucha que vestía una túnica que rondaba el azul marino oscuro y el más puro color negro. Antes de que llegase siquiera a acercarse a tan solo un par de metros, Kaira ya estaba ofreciéndole su más cordial saludo- ¡Heeeeey! -levanta la mano en señal de saludo ignorando que estaban de incognitos, volvió a colocarse sus guanteletes mientras su compañero albino, una vez llegara hasta ellos, levanto la mano de forma rígida como un muñeco imitando el gesto.

Muy buenas. -hizo un amago de sonrisa tan muerto y a desvivo que podía parecer cualquier otra cosa menos una sonrisa.
¡Por un momento empezaba a pensar que estabas tomándote unas jarras con esos viandantes mirones! ¡A este paso te me pierdes por esta ciudad, que esto no esta tan muerto como el norte chico, que aquí hasta hay gente! -sonríe al tiempo que empieza a exagerar como de costumbre.
Tengo mucho de que ocuparme y a la vez tan poco por hacer... -su mirada se desplazo en el más absoluto silencio hasta el compañero de Kaira.
Oh, cierto -señala a Alfher de espaldas con el pulgar y al albino con el índice simultáneamente por orden- Alfher, el es Víctor. "Vic", el es Alfher.
Como ya he dicho, muy buenas -volvió a levantar la mano con el mismo ímpetu en vida que antes.
No te preocupes, el siempre es así -aclaró Kaira a Alfher.
Escucha -"Vic" levanta la mano invitando a Kaira a que se reincorpore voluntariamente, la guerrera responde alzándose casi de un salto resbalándose un leve momento en la arena por el peso de las musleras.
Vamos a ver, sorpréndeme.
-"Vic" entrelaza los dedos tomando una distancia nada prudencial con ella, a punto de susurrarle a cierta distancia del oído- Eres consciente de la guardia no?
No, estamos aquí solo por intimidad -responde sin ser nada discreta con el volumen de voz, con su correspondiente sarcasmo.
Veras Kaira, ellos buscan a cierto engendro de cabellos rubios, muy travieso, es el típico niño problemático del pueblo pero algo mas mayor de lo normal... quizá... de unos 17 años. Ha tomado a un descuidado marinero por las manos con las suyas propias y después les ha prendido fuego hasta hacerle una molesta quemadura bastante notoria en las susodichas. No importa porque, ni conque motivos, solamente ha ocurrido. Están a menos de 20 segundos de aquí -mira por un momento a Alfher con cierta despectividad sin variar el tono de voz, volviendo a encarar a Kaira tras tomar distancia nuevamente- Nos vemos fuera, procura no tardar más allá del atardecer. Hasta entonces -echa a caminar con prisas en dirección al cumulo de piedras amontonadas, su figura se echo a perder en el momento que hizo esquina sobre una de las pocas formaciones rocosas que habían conseguido salvarse de aterrizar en el mar. Kaira como si nada, se cruzo de brazos y lo vio marchar tras intentar asimilar toda esa parrafada, volviéndose a sentar con toda tranquilidad.

No te voy a engañar -miro a Alfher- Es bastante raro, ni siquiera yo entiendo la mitad de cosas que me dice a veces, pero es bastante simpático así que... -calla de repente, mira en dirección hacia donde su compañero albino acababa de marcharse- ¡NIÑO! ¡DEJA DE TOCAR LOS COJ****! -exclamo de súbito hacia la nada. De pronto, varias pisadas empezaron a anunciarse desde la dirección en que Kaira y Alfher habían llegado a este lugar. Se trataban de dos personas. Una de ellas, el marinero que había tratado de robarle el espadón aun con la marca de la quemadura en las palmas de sus manos. La otra, a juzgar por las vestimentas era de prever que se trataba de uno de los guardias de la ciudad. El marinero, bastante ajetreado y nervioso, miro en primer lugar a los pescadores que allí se encontraban y después al grupito de Kaira y Alfher que estaban más cerca. Se dirigió a sendos compañeros.

¿Habéis visto a un chavalito rubio y joven con capa de tela?
Kaira señalo de súbito el camino que Vic había tomado, de pronto se puso bastante alterada sin llegar a levantarse, con el cuerpo rígido de cintura para abajo - ¡Por allí! ¡Lo he visto con las manos envueltas en fuego! ¡Ha estado a punto de carbonizarme el cabello! -ambos se asomaron cerca del cumulo y señalaron con el dedo lo que parecía ser un chaval rubio de aproximadamente la edad que "Vic" le había indicado a Kaira.
¡Míralo! ¡El p*** crio por donde anda! -lo curioso del asunto, omitiendo el hecho de que no habían reconocido a Kaira, es que si Alfher o los pescaderos se asomaban a mirar, no verían ni rastro de ese joven rubio del que hablaban. Estos últimos se mostraban bastante confusos, no quisieron soltar palabra todo con tal de mantenerse al margen y evitar problemas- No me suena de haberlo visto por aquí...  ¡aun así, voy a informar al resto de la guardia de inmediato, todavía lo podemos pillar! -el guardia hizo un gesto con la cabeza al marinero de que lo siguiera, volviendo por el mismo camino del que vinieron rodeando la playa hasta la entrada de la ciudad.

La muchacha pelirroja se echa hacia atrás apoyando la espalda con cuidado en la extensa acanaladura del espadón. Una de sus manos se apoya en la arena buscando la pierna de Alfher, con la otra mano busca palparse su propia frente por el sofoco. Su rostro se mostraba confuso, estresado... o eso parecía, hasta el momento en que empezaba a echarse a reír a regañadientes una vez estaban solos de nuevo- ¡Perdona si te he asustado antes! Ya no hay nada de qué preocuparse -vuelve a levantarse de súbito tendiéndole una mano antes de estirarse de brazos y piernas con las manos entrelazadas y en alto- Y bien? Vamos de tabernas? -recupera la pose, sacudiéndose la arena de sus muslos y glúteos. Todavía podía vislumbrarse una sonrisa en su rostro, una sonrisa pacífica y sin cara de guardar malas intenciones.
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Re: En la playa cercana al puerto — Libre.

Mensaje  Alfher el Dom Oct 29, 2017 2:50 pm

Encantado, Víctor. —Saludé al albino con una tímida sonrisa.

Ellos hablaban, yo escuchaba sin saber muy bien como incorporarme a la conversación. Así que me limité a levantarme del suelo, quitándome la arena que se había quedado pegada en mi trasero y en las piernas, y a analizar a aquel hombre. Respondía a la imagen clásica del típico mago encapuchado, con túnica y cabellos blancos. Además, aquel hombre representaba un misterio: alguien que solía desaparecer, pero al parecer, siempre sabía regresar.

Entonces, Víctor comenzó a hablar sobre un joven rubio que había quemado a cierto marinero y al principio no entendí qué era lo que quería decir. Cuando terminó de hablar, no solo había comenzado a comprender toda aquella extraña conversación: mis sospechas no ya no eran solo sospechas, y no solo daba por hecho que Víctor fuera un mago. Tenía tan claro que Víctor era uno de la misma forma que sabía que el cielo era azul y que el fuego quema.

Entonces se despidió y se marchó, como si nada. Me hubiera gustado haberle dicho algo, haber hablado más con él, pero la situación era algo complicada ya de por sí. Pero por algún motivo, tenía la sensación de que volveríamos a encontrarnos no dentro de mucho:

“No te asustes pues, es compañero, solo que a veces le da por desaparecer, pero siempre consigue encontrarme, no me preguntes como”

Aunque debo de reconocer que cuando Víctor El Obviamente Mago se marchó, miré a Kaira, preguntándome si ella lo sabía, intentando buscar en su gesto algo; una confesión o una mirada cómplice no para estar más seguro, pues era imposible. Más bien, para que, si en un futuro se diera la posibilidad, hablar con mayor facilidad sobre el tema y no se dieran situaciones extrañas.

Después de eso, lo que vino a continuación vino demasiado rápido y fue una situación demasiado extraña. Además, las dotes de actriz de la guerrera me habían dejado sin palabras, con la boca abierta, que bien se podría traducir como alguien que se había quedado trastornado después de ver a un chico quemando a la gente por diversión, jugando con fuerzas oscuras y esas cosas así que no desentonaba demasiado en aquel teatrillo. Aunque por si las moscas, no dije nada hasta que se fueron, mirando hacía el suelo en todo momento.

Y comenzamos a reír, tal vez por toda la tensión acumulada hasta el momento, tal vez por la divina actuación de la pelirroja o tal vez porque conocíamos la verdad, o a lo mejor era un poco de todo. La cosa es que comenzamos a reír: yo me tapaba la cara para intentar sofocar mis violentas carcajadas y después de unos segundos que se hicieron eternos, me enjuagué las lágrimas.

Cuando paré de reírme, estaba rojo como un tomate.

Kaira si disculpó por haberme asustado o algo así, aunque me gustaría puntualizar que yo no me asusté. Bueno, cuando vinieron el no-tan-borracho y el guardia tal vez un poco. Y cuando Kaira comenzó a decir cosas raras —yo creía que se había vuelto loca—, un poco de lo mismo. Pero conforme transcurría aquel espectáculo, me fui… ¿relajando? ¿tranquilizando? Algo así.

¿Y bien? ¿Vamos de tabernas? —preguntó.

Sonreí.

Esas cosas ni se preguntan —dije con gracia, sonriendo—. Yo propongo ir al “Estrella del Norte” o al “Ciervo Cantor”. El “Ojo del Dardo” también está bien según me han contado, pero claro. También me han contado que hay mucho bullicio y gente de todo tipo. Pero puestos a elegir… me quedo con “Ciervo Cantor” —opiné, asintiendo con la cabeza como buen entendido del tema—: tienen muy buena música, los dueños son bastante agradables y creo que no he probado hidromiel mejor. Aunque sus vinos no se quedan atrás.—Puntualicé.

La miré, esperando una respuesta.

Por supuesto, se aceptan otras propuestas. —Añadí con formalidad fingida, sonriendo ligeramente en clave de broma.

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Re: En la playa cercana al puerto — Libre.

Mensaje  Ferzan el Vie Nov 03, 2017 12:30 am

Kaira cerró los ojos y amplió la sonrisa tras oír el visto bueno a su propuesta. Lo que podía parecer un gesto pacifico, se trataba más de un gesto de felicidad producido por una falsa sensación de engaño. Ella no iba a dar por sentado que su compañero posee dotes mágicas, tampoco iba a extenderse sobre lo que acababa de pasar, suficiente es conque aquella mísera actuación había funcionado como esperaba. En esos instantes de tiempo donde la guerrera pelirroja se sentía triunfante por dentro, intento divagar en la cabeza de Alfher la razón por la que todo esto había pasado. ¿Podría pensar que todo esto se trataba de un embrujo? ¿Que Victor realmente la había hechizado para manipularla a su favor, cambiando todos los hechos ocurridos desde su llegada? Fue lo único que llego a pensar... estaba feliz y desestresada, no era cuestión de amargar un estado de ánimo tan hermoso a la ligera.

Entonces~ -estira sus brazos en horizontal por detrás de la nuca, inclinándose de lado aun con la sonrisilla en la cara- Propuestas?
Yo propongo ir al “Estrella del Norte” o al “Ciervo Cantor”. El “Ojo del Dardo” también está bien según me han contado, pero claro. También me han contado que hay mucho bullicio y gente de todo tipo.
No había tardado en esbozar un claro gesto de desagrado tras el primer nombre, haciéndose mas pronunciado y notorio tras el tercero- Estrella del Norte? No gracias, no quiero oír nada acerca del Norte en mucho tiempo.
Pero puestos a elegir… me quedo con “Ciervo Cantor” -asiente con suma seguridad- Tienen muy buena música, los dueños son bastante agradables y creo que no he probado hidromiel mejor. Aunque sus vinos no se quedan atrás.
Ese suena mejor! Prefiero no pisar la tercera taberna, ya que... -con la espalda erguida, coloca los brazos en horizontal por la espalda, moviendo la cintura por mera impaciencia- Esos tres graciosos sujetos de antes, los de la playa, vienen de ahí... si, los que me estaban siguiendo -terminaba de comentar con la voz baja ladeando la cabeza en dirección adonde se habían encontrado por primera vez- Bueno pues, no tengo ninguna propuesta mejor, así que voy a cederte mi voto de confianza como compañera recién conocida -se coloca la cabellera de manera algo más ordenada, inclinando la cadera de lado con una mano sobre ella, la típica pose seductora que siempre suele adoptar cuando se crece de orgullo- Y como tal, confió en que sepas adonde me llevas. Mi presencia no es digna de admirar dentro de un tugurio cualquiera -sus palabras sonaban bastante más severas que antes, no obstante había contrastado toda esta seriedad con otra sonrisita mientras se dirigía a él dándole una pequeña palmada en el hombro- ¡De todas formas, se cuidarme bien alla donde vaya, asi que vamos pues! -ya había comenzado a caminar en dirección a tierra apenas había empezado a hablar. La arena se le había filtrado por las musleras cuando estaba tumbada, y no soportaba esa sensación irritante dentro de su robusta pieza de protección. Una vez que saliera de la playa y se deshiciera de tan molesta irritación, su siguiente parada ya estaba decidida.


[...]


¡Wow! ¿A estas horas de la mañana hay tanto ambiente? -las primeras impresiones de la guerrera no se hicieron de rogar. Una vez abrió la puerta, dejando salir al exterior una buena parte de aquellas melodías instrumentales que mezclaban Laúd y Flauta, no dudo en entrar al interior del hostal guiada por senda y clásica combinación instrumental- ¡Este animo jamás lo veras en el Norte, Alfher! ¡Casi todas las tabernas de allí están muertas de asco! -alzaba la voz haciéndose oír hacia su compañero, soltando una risotada para nada disimulada mientras buscaban un hueco. Kaira era más partidaria a buscar una mínima intimidad en una mesa ubicada cerca de una esquina, y para ser más concretos, en la esquina inferior derecha de la propiedad encontraron sitio libre con nada más y nada menos que tres huecos, todavía tuvieron suerte de que les sobraron un hueco de mas. La muchacha tomo asiento mirando en dirección al espectáculo de baile y música que tenía lugar en el centro.

Habían juntado un par de mesas y varias sillas alrededor pertenecientes a algunos de los huéspedes, encima de las mesas se hallaban hasta tres individuos tocando sus instrumentos que bien ya podían apreciarse desde fuera del local sin siquiera necesidad de abrir la puerta o cualquiera de las ventanas. Alrededor de ellos, varias personas se habían formado haciendo un pequeño corralillo, tatareando canciones y componiendo toda letra improvisada que creían oportuno combinar junto a la música meramente instrumental que acompañaba el ambiente en todo momento. Las liricas abarcaban desde leyendas de antaño que en su tiempo fueron voz popular en Garnalia Centro, hasta sátiras provenientes de diversos conocidos dentro de la ciudad, normalmente relacionaban lo segundo con lo primero para provocar las risas entre el público.

¡Quien querría ir al circo teniendo a esta gente! -Kaira observaba la escena desde la distancia. Sentada y de piernas cruzadas con las manos apoyadas sobre las mismas, trataba de acomodarse todo lo que podía cargando el espadón a sus espaldas- No sé si este será el ambiente de todos los días, pero creo que he venido en muy buen momento. Al final ha valido la pena echarse a correr calle abajo con esos marineros hasta la playa, sino fuera por mi todavía seguirías sentado en la orilla del mar... ¡Oh, cierto! Solo hemos compartido nuestro nombre -expresa una mueca de sorpresa que se desvanece al momento- Ni siquiera sé si eres de por aquí, o al menos a que te dedicas...
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