La Torre
Bienvenidos a La Torre, un foro de rol progresivo basado en las Crónicas de la Torre, trilogía escrita por Laura Gallego García.

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Capítulo I: Comienza la Batalla

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Re: Capítulo I: Comienza la Batalla

Mensaje  Felix Vonturin el Dom Nov 25, 2012 3:16 pm

Uno de los nuestros había caído,y sin duda se noto que a Xehanort se le debió partir el alma,apenas sabía nada de aquel mago que había luchado junto a mi y al resto,pero me dolía su perdida y me dolía mas aún ver tanto sufrimiento,empezaba poco a poco a comprender de una manera mas cercana a Xerxes.Pero eso no impediría que combatiese contra el,para nada.Vi como Amy,Xehanort y Sasha ya habían llegado al punto de encuentro,yo no iba a tardar mucho mas,solo me faltaba hacer una cosa,me acerque al cuerpo de Gúzman y ejecute sobre el un hechizo de teletransporte,se merecía un funeral digno,había luchado por una causa global y no simplemente personal,así que mi decisión fue teletransportarle a la torre,precisamente a la enfermería,aún recordaba aquel sitio por lo cual no me fue muy difícil acertar el conjuro para dejarle justamente encima de la cama.Ahora a otra cosa,tenía que llegar a la cima de la muralla,lo cual me resulto extremadamente fácil,con un conjuro de teletransporte bastaría y así fue,cuando llegue mire a Xehanort con compresión y con algo de dolor,aún se le veía algo lloroso,pero la presencia de la reina egoísta aun pesaba mas sobre mi,su olor me hacía recordar muchas cosas,apenas pude mantener mis ojos sobre los suyos unos segundos,lo cuál hizo visible mi gran debilidad hacía ella.Aquélla mujer que me enredo en sus conjuros,me hizo su esclavo durante un tiempo y que aún su hechizo ejercía algo de presión sobre mi.Pero note algo en ella,algo nuevo,algo lo cual odiaba hasta lo mas profundo de mi ser,no se que relación tendría con ella pero reconocía aquel rastro de... lo que se hace llamar Riak.

-Veo que te juntas con cosas despreciables.-Dije haciendo un esfuerzo por mirar a Amy a los ojos e ignorar el resto.

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Re: Capítulo I: Comienza la Batalla

Mensaje  Crescent fon Wolfkrone el Jue Dic 06, 2012 5:57 pm

¿Recordáis el hecho de que me preocupaba la presencia de Amelia? Podéis obviarlo, pues ahora lo que realmente me molestó fue la presencia de la que parecía la portadora del secreto del aire, que consiguió que... no sé, ¿la mitad de mi ejército echase a correr? Se quedaron los enanos, quizá la mitad o así de los señores de la Punta del Norte, la Costa de Narell y de Wölfkrone con sus respectivos abanderados y... ¿Los elfos? no había vuelto a ver a los elfos desde que Sasha dio la órden de que disparasen.

Espoleé a mi caballo nuevamente y hice que corriese por el campo de batalla mientras daba sablazos a cualquier enemigo que se cruzase frente mía, mientras buscaba a los arqueros, con la esperanza de que siguiesen vivos y, aunque probablemente no hiciesen mucho, empleasen su casi divina puntería para dañar los rangos enemigos.

Los vi, aunque eran un número menor de los que eran antes. Les miré, y les di unas órdenes bastante concretas.

Avo dheo enni, galadhrim! Dago i goth, avo nago dim! Leitho i ang-nagol!
1— No sabía si me harían caso, y eso era lo más seguro. De cualquier modo, esto era esperado, y me refiero al hecho de que mi ejército quedase decimado y tantas cosas. Les dije que iban a morir, posiblemente, y me siguieron hasta aquí, solo para traicionarme más tarde.

Bueno, dejé de pensar en eso. Murmuré unas palabras arcanas y salté de mi caballo, y comencé a surcar los cielos dirigiéndome a la parte superior de la fortaleza, al mismo tiempo que otros de mis camaradas surcaban los cielos. Amelia nos llevaba ventaja, pues ella tuvo en quién delegar sus ejércitos para que hiciese lo mismo que hice yo. Aunque la verdad, su "discurso" era más del tipo "Como no matéis os mandaré al laberinto de las sombras", la verdad sea dicha, y quede presente ante los ojos de los hombres, elfos, enanos y demás.

Y una vez en la parte alta de la muralla, pude ver a casi todos mis camaradas, pues teníamos en cuenta que Guzmán había muerto. Pero no teníamos tiempo para hacer de plañideras, pues teníamos unos duelos que luchar.

No me sorprendió cruzar la mirada con la de Amelia, ambas hechas por ensangrentados rubíes engarzados en nuestras calaveras. Me molesté en no prestarle atención, aunque Felix, como parecía, estaba enfadado, llegando a decir que se juntaba con "cosas despreciables."

« Más despreciable que ella, no estoy seguro.» Esas fueron las palabras que me dije a mi mismo. Pude ver a Bast. El hecho de que estuviese allí ya no me importaba. Parece que últimamente todo el mundo cambiaba su cloaca. ¿Ver a Amelia luchando junto a nosotros? Increíble.

Bueno, heme aquí.

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1 Literalmente, "¡No me falléis, elfos! ¡Matadlos, matadlos a todos! ¡Soltad las flechas!".


Última edición por Crescent fon Wolfkrone el Jue Dic 06, 2012 7:16 pm, editado 1 vez

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Re: Capítulo I: Comienza la Batalla

Mensaje  Joseph Winterose el Jue Dic 06, 2012 7:13 pm

Cuando llegamos a La Muralla, la batalla no solo había comenzado, sino que ya se había cobrado un buen número de víctimas. Prueba de ello eran los cadáveres dispersos por el suelo y la siniestra combinación de rojo y blanco, sangre y nieve, que teñía de colores el paisaje normalmente monocromo de las tierras norteñas.

Regresar a los eternos campos nevados de mi tierra natal me produjo una extraña sensación, una mezcla de nostalgia, tristeza y rabia. Todo este conjunto de sentimientos encontrados se vio alimentado por la escena bélica que degustaban mis ojos, a modo de recibimiento. ¿Quién me iba a decir que a mi salida de la prisión del Supplicium me encontraría con esta cruel ironía del destino: un campo de muerte y sangre, el mismo escenario en el que había perdido mi libertad...?

Ocho años después, todo parecía seguir igual. Espoleé mi caballo, un corcel negro como una noche sin luna, y galopé, bien preparadas todas mis barreras mágicas, hasta el campo de batalla. Detrás de mí se alzaba el inmenso ejército que el Concilio había enviado para participar en esta empresa; la mayoría eran guerreros, pero también había algunos magos. No obstante, yo era el único que portaba la reluciente túnica dorada, que me señalaba como un elegido del unicornio. Volver a ostentar mi rango a cielo abierto, sin agachar la cabeza, era una sensación maravillosa. Nunca había estado tan preparado para afrontar una batalla.

Nuestra visita debió sorprender al bando enemigo, porque muchos de los soldados rasos se quedaron atónitos al ver a nuestro ejército aparecer. Los primeros en reaccionar se atrevieron a atacarnos, pero el cansancio de una larga jornada de lucha se reflejaba en sus movimientos y nosotros, que acabábamos de llegar, respondimos con todo nuestro potencial. Hasta mí solo llegaron algunas flechas extraviadas, que rebotaron en mi barrera mágica, pues estaba rodeado por filas y filas de soldados, a fin de reservar todas las energías posibles para emplearlas contra nuestros auténticos enemigos: los portadores de los Secretos.

Desde la protección y visibilidad que me brindaba mi posición privilegiada, estudié el campo de batalla. No vi ninguna figura conocida, pues todos los combatientes pertenecían a las nuevas generaciones, pero no me costó sacar conclusiones. Mis ojos repararon, primero, en el ejército del Norte (un tanto mermado), aparentemente dirigidos por el que debía ser Crescent fon Wölfkrone, príncipe de mi tierra natal. Cuando entré en prisión, él debía ser apenas un chiquillo y, sin embargo, se había convertido en un admirable jefe militar.

Aparté la mirada de él y descubrí algo que me sorprendió todavía más: la presencia de un mago oscuro y una nigromante. Esta era una de esas pocas veces en la que la línea entre El Dios y La Diosa se diluye para luchar por un objetivo común: la supervivencia de la magia. La idea de acabar con el don más preciado que tenemos los magos, ese por y para el que vivimos, se me antojaba terrible, a mí y a todo el Concilio, aunque tenía que reconocer que, desde la perspectiva de los Secretos, era una gran estrategia. De ser otras las circunstancias, tal vez me habría planteado sumarme a sus filas. Quizás en otra vida. En esta, yo era un archimago del Concilio y como tal debía comportarme, pues no podía salir beneficiado de la hipotética victoria de los Secretos.

A mis espaldas, un par de soldados sostenían los estandartes del Concilio, y yo me preparé para pronunciar las palabras que me habían pedido que dijera: el últimatum a los miembros de los Secretos. Hechicé al mismo viento para que propagara mis palabras por todo el escenario de batalla y, sobre todo, para que llegara a oídos de nuestros enemigos.

¡Portadores de los Seis Secretos! —comencé—. Vuestras intenciones han llegado a oídos del Concilio de Magos y aquí nos hemos presentado para impediros llevar a cabo vuestros planes. No tenéis mas que alzar la mirada para ver la magnitud de nuestro ejército, formado por los magos y guerreros más cualificados de todo el mundo. ¡Os rodearemos y acabaremos con vosotros! —exclamé y todo mi ejército coreó mis palabras, lanzando vítores y gritos de entusiasmo—.

»Como archimago del Concilio, mi tarea es actuar como portavoz de su decisión. Os ofrecemos un ultimátum: rendios ahora, en este mismo instante, y devolved los Secretos a sus respectivas escuelas. De esta manera, tendréis derecho a un juicio donde será tomado en cuenta vuestro arrepentimiento. Si os arrepentís ahora, vuestra pena será menor y no seréis condenados a muerte.
—Hice una pequeña pausa para dar mayor énfasis a lo que iba a decir a continuación—.

»Si, por el contrario, persistís en vuestra loca idea..., ¡seréis perseguidos por el Concilio y nada podrá libraros de la pena máxima!
—Era tal la fuerza que teñía mi discurso que mis palabras fueron escuchadas aun por encima del fragor de la batalla—. ¡Recapacitad! ¡No tenéis derecho a privarnos de la magia y a establecer una dictadura para someternos a todos bajo vuestro yugo! ¡No sois dioses! ¡No tenéis derecho a hacer algo como eso y estáis desafiando a las mismísimas divinidades que os concedieron la magia y os permitieron ser lo que hoy sois! ¡Robándole a un mago su magia le estáis arrebatando parte de su alma, de su esencia, de su ser...!

»Estas son las palabras que os remito desde el Concilio. Esta es la última oportunidad que os concedemos. Si la rechazáis, no habrá piedad para vosotros.


Sabía que, llegados a este punto, los Secretos no aceptarían rendirse. Estaban a un paso de hacerse con la victoria, pero allí estábamos todos nosotros para obstaculizar sus planes. Sin nada más que decir, procedí a extender los brazos y reforzar las barreras, conteniendo así a las tropas enemigas. Mi expresión se tornó seria, fría y dura, y el viento enfatizó mi gesto implacable agitando mi rubia cabellera y mi capa de oro, que parecía querer pintar el sol entre el siempre oscuro escenario de sangre y guerra.

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Re: Capítulo I: Comienza la Batalla

Mensaje  Michelle Swallow el Jue Dic 06, 2012 8:53 pm

Lo primero que pensé al pisar las Tierras Muertas fue lo siguiente: «yo soy una maldita hija del desierto». Sabía que el frío sería intenso por aquellas tierras y más en la época del año en la que estábamos, pero mi imaginación no alcanzaba a estimar cuánto. Me refugié en mis ropas negras y reforcé el hechizo térmico, para calmar el frío y dejar de tiritar. Una vez estuve en las condiciones óptimas, seguí el caballo de Joseph Winterose, montada en mi yegua canela, y ordené a los soldados que estaban bajo mi mando que me siguieran de cerca.

Joseph era el archimago que había enviado el Concilio para detener a los Secretos. Yo me había enterado de toda esta situación apenas unos días antes, cuando Joseph se plantó en la Torre en busca de un comandante cualificado para sus tropas. O una comandante, en este caso. Mi reciente “coronación” como Guerrera Exaltada me había lanzado de cabeza a esta batalla, de la cual nadie sabía nada. Ni siquiera Narshel, nuestra Señora de la Torre y también archimaga, que, aunque solo fuera por su rango, debería habernos alertado.

Sin embargo, hacía mucho tiempo que nadie sabía nada de ella. Su ausencia empezaba a inquietarme, y más en un asunto de semejante envergadura. ¿Dónde se había metido? ¿Acaso era capaz de dejarnos solos frente al peligro? ¿No iba a luchar ella por la pervivencia de la magia? Aquello era muy extraño y solo podía significar una cosa: malas noticias.

Joseph no respondió a mis preguntas sobre la Maestra. Era un hombre de pocas palabras (al menos conmigo, porque no le faltó aliento para pronunciar su discurso). Fuera como fuese, cuando pusiéramos punto y final a todo este asunto, me encargaría de descubrir qué demonios estaba pasando.

Ahora lo que realmente me preocupaba era la batalla que teníamos delante. Alcé mi arco y encajé en él una flecha, preparada para empezar a disparar. Tenía también una espada a mano y otras armas pequeñas escondidas por la ropa, por si me veía obligada a luchar de cerca.

Mientras Joseph pronunciaba su mensaje, yo aproveché para otear el campo. Entre la confusión de guerreros y cadáveres, apenas pude reconocer a Xehanorth y a Cres. «Gracias a La Diosa», pensé. Me alegraba verlos con vida, al menos por el momento. Sabía que los duelos estaban cerca y, aunque yo no lucharía en ellos, tenía entendido que ellos dos sí tenían esa tarea en sus manos.

Espero su orden, señor Winterose —dije, porque era consciente (como todos) de que los Secretos no se rendirían con unas simples palabras.

Podía decirse que aquella sería mi primera batalla de verdad y, ciertamente, estaba dispuesta a poner en práctica todo lo que había aprendido en estos años. Miré a Cres desde la distancia y, dada la imposibilidad de acercarme a él, busqué su mente mediante la telepatía.

«Es tu día de suerte, querido Maestro», lo saludé, sacando de mí las fuerzas para mantener mi simpatía por encima de la horrible situación. «Tu alumna favorita está aquí y vamos a ganar esta batalla. Tienes que vencer. ¡Por Wölfkrone, por la Torre, por la Maestra y por la magia!». Podía ver los densos muros de La Muralla y sabía que estábamos ante un reto difícil, tal vez el más complicado al que nos habíamos enfrentado. La motivación es un punto importante en la guerra y, por eso, llené mis mensajes de aliento y no de melancolía y miedo, pues cualquiera de los dos podía morir de un momento a otro. «Si te matan, me enfadaré mucho y sabes que soy capaz de ir al Otro Lado y traerte de los pelos, solo para darte veinte bofetadas. Ah, y pienso quedarme con tu puesto». Suspiré. «Así que no me falles, Cres».

Los soldados más atrevidos se atrevieron a atacarnos, de modo que lancé la primera flecha. Luego volví a establecer una conexión mental, pero esta vez con Xehanorth. «Xehanorth, hemos venido a ayudaros. Confío en ti y sé que podemos vencer esta batalla. Que venceremos. Guarda tus fuerzas para los duelos. Nosotros nos encargaremos de la batalla que se libra fuera; lo importante es que vosotros salgáis vivos de La Muralla y con los Secretos en vuestras manos. Así que vence, ya verás la fiesta que nos montaremos en la Torre para celebrarlo…».

Mis propias palabras servían para subirme a mí misma el ánimo. Lo necesitaba. Realmente lo necesitaba. Necesitaba sentir el apoyo de mi gente en aquellos momentos, donde el paso de la vida a la muerte se disputaba como en un simple juego de azar. Volví a encajar otra flecha en mi arco y, esta vez envuelta en llamas, la lancé hacia un grupo de guerreros que empezaban a atacar a la primera fila de nuestro ejército.


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Re: Capítulo I: Comienza la Batalla

Mensaje  Xehanorth el Vie Dic 07, 2012 9:00 am

¡Refuerzos! Mis ojos se abrieron como platos al ver la cantidad de hombres que conformaban el ejército del Concilio. Michelle vino también a ayudarnos, junto a un hombre que se llamaba Joseph. Sus palabras me animaron enormemente.

Miré a Cres en cuanto nos alcanzó. Ya estábamos casi todos. Solo faltaba que alguno de los recién llegados viniera a acompañarnos.

- ¿Quién de vosotros vendrá a ayudarnos? - le pregunté a Michelle, telepáticamente

Solo necesitamos a una persona más para que nos ayude en los Duelos. Tenemos que acabar con esto cuanto antes.
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Re: Capítulo I: Comienza la Batalla

Mensaje  Araspop el Vie Dic 07, 2012 3:17 pm

Cuando había llegado anteriormente a la fortaleza de Aressher veía que no estaba Amelia entonces vi que estaba sucediendo lo mismo que en la Torre la guerra de los secretos, entonces decidí ir allí con ella para ayudarla en lo que hiciera falta.

En aquel lugar donde me encontraba era muy frío y decidí hacer un hechizo del libro del fuego para calentarme un poco, por otra parte ese lugar era muy bonito con ese hielo que decoraba el paisaje que veían mis ojos.

Minutos después de mirar al mi al rededor mía me acorde de lo esencial porque había venido exactamente aquí para ayudar a Amelia en lo que hiciera falta. Decidí mandarle un mensaje telepático en donde diría que estaba allí para ayudarla que eso consistía en eso aparte de ayudar al Dios.

Cuando le envíe el mensaje telepático le dije "Amelia estoy aquí en el recinto para ayudarle en lo que hiciera falta, se lo prometí así al Dios y así lo aria " se lo dije sin inmutarme, savia que ella era más poderoso pero si le pasaba algo debía ya de estar allí con ella para ayudarla sino rompería mi pacto eso nunca lo are y menos con el Dios porque ya anteriormente hice las cosas mal y no pensaba volverlas a repetir y ademas estaba por otra parte que admiraba al Dios y a Amelia por mucho que quisiera no lo rompería nunca ese pacto en el Amelia la debería ayudar en lo que necesitara y si asi tenia que matar a alguien no lo pensaría ningún minuto lo mataria

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Re: Capítulo I: Comienza la Batalla

Mensaje  Michelle Swallow el Vie Dic 07, 2012 11:18 pm

«Será Joseph, el archimago que me acompaña, quien participe en los duelos», informé a Xehanorth. «Yo solo he venido para dirigir al ejército, especialmente cuando él esté enfrentándose al portador del Secreto que le corresponda».

Dada la evidencia de que la lucha iba a continuar, conduje a las tropas hacia el verdadero núcleo de la batalla y empezó una lucha encarnizada entre hombres y mujeres que, seguramente, no se habían visto en la vida y, por lo tanto, no habían tenido la oportunidad de odiarse. Yo me misma me sumé a ellos y, con la espada desenfundada y a lomos del caballo, lancé mandobles a diestro y siniestro. Aquellos guerreros eran fuertes y no iba a ser fácil derrotarlos, pero, por el momento, mi prioridad era intentar entretener al enemigo el máximo tiempo posible, mientras los protagonistas de toda esta historia se jugaban el futuro de la magia dentro de La Muralla.

No sé cuántos hombres perecieron bajo mi espada y no me detuve a pensarlo. No quería ver sus rostros, ni sus miradas; no quería ver nada que me recordara que eran humanos. Solo había lugar para la guerra y la sangre y para el intenso frío, que me recordaba a cada minuto que debía estar pendiente del hechizo térmico.

Empezaba a notar el cansancio entumeciendo mis músculos y, cuando mis soldados tuvieron (más o menos) la zona controlada, retrocedí hasta donde se situaban los arqueros y cambié la espada por el arco, sintiéndome así mucho más ligera.

¡Disparad! —grité y, como coreando la mía, una lluvia de flechas surcó el cielo.

Otras tantas venían en dirección contraria. Vi perecer a muchos de los hombres que estaban a mi cargo, pero no podíamos entretenernos con ritos funerarios. Conjuré un escudo mágico para protegerme y logré desviar las flechas, pero algunas llegaron a hacerme rasguños en los brazos. «Tenéis que entrar en La Muralla cuanto antes», apremié a Xehanorth. «Cuanto más tiempo tardemos, mayor será el número de víctimas».

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Re: Capítulo I: Comienza la Batalla

Mensaje  Raven el Miér Dic 12, 2012 8:36 pm

Refuerzos... no importa. Cualquier ataque adicional contra nuestro ejército sería una acción inútil.

Los zombies de Amy comenzaban a arrasar entre nuestras filas. Aquellos soldados de piedra eran una obra mía y de Titannia... no puedo perdonarlos. Sin duda, ha llegado la hora de demostrarles el verdadero poder de un miembro de los 6 Secretos. Y sin más dilación, pronuncié las palabras mágicas:

Ash Nän Tót Iak Màm Ash Gaja Iak Ash

La sensación que recorrió mi cuerpo entonces fue... increíble. Mi corazón comenzó a latir a una velocidad vertiginosa y de mis poros surgía un líquido viscoso y oscuro. Mientras sobrevolaba el campo de batallo gracias al conjuro "Nube Oscura", el líquido fue tomando forma en mi espalda, hasta convertirse en una figura humana sin rostro. En su máscara llana y su oscuro manto se podía divisar el firmamento. Era la Mano Negra.

Me dirigí hacia el ejército zombie de Amy. Y uniendo mis manos, pronuncié las palabras mágicas:

Sasel Ewë Lindur Lindur Oblêv Ash Pùther Lindur Iak Chahl Ash Reve

De la máscara de la Mano Negra surgió un ojo. Un ojo cuyo iris rebosaba de rabia, dolor, perjurio y ansias de venganza. Todos aquellos sentimientos afloraron el campo de batalla... y bastó una sola mirada para que la magia de Amy desapareciera del lugar, provocando que aquel ejército de muertos vivientes se desvaneciese de un plumazo.

Hace diez segundos se estaba librando una cruenta batalla... ahora solo reinaba el silencio. Los refuerzos del Concilio de Magos cesó su ataque, y nuestras tropas se detuvieron. Todos quedaron asombrados ante lo que acababa de ocurrir.

Tal era el poder de la Mano Negra.

Sonriendo, pronuncié las palabras mágicas que devolverían a la figura humanoide de mi espalda a su plano:

Màm Ash Nän Oblêv Nän Ewë Gaja Reve Ash Dòh Uv Ewë Reve Màm Ewë

Y la Mano Negra desapareció sin dejar rastro. Note como el corazón ardía, a medida que la aguja de mi reloj avanzaba. Había gastado diez minutos. Diez minutos muy bien invertidos en mi opinión.

Los duelos están a punto de comenzar. Será mejor que me prepare.
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Re: Capítulo I: Comienza la Batalla

Mensaje  Araspop el Vie Dic 14, 2012 7:47 pm

Amelia no me respondia pensaba si no le habria llegado el mensaje telelepatico o no me querria hacer caso o estaria en sus asuntos tenia cierto temor que pasaria conmigo y si no la encontraba y si me tenia que haber que dado en la fortaleza porque esta no era mi guerra era la de amelia y los demas en el caso me sentia invecil al no saver que hacer al respecto tenia temor, angustia y necesita tranquilizarme en aquel momento habia que estar alerta me podia pasar cualquier cosa si no estaba atenta podria pasarme de todo tenia que estar tranquilizada para usar bien mi magia y no lo estaba en aquel momento la angustia se me comia por dentro el temor me ponia nerviosa no sabia que debia de hacer marcharme a la fortaleza seguir andando para encontrar a Amelia no posia ser mis nervios no me dejaban pensar con claridad.


Última edición por araspop el Miér Dic 26, 2012 10:51 am, editado 1 vez

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Re: Capítulo I: Comienza la Batalla

Mensaje  Joseph Winterose el Sáb Dic 15, 2012 11:37 am

El ojo de la Mano Negra brilló sobre todos nosotros y no solo arrasó con el ejército de no-muertos, sino que fue capaz de detener incluso la cruenta batalla. Yo percibí su poder y supe que era inmenso y oscuro, un poder sobrehumano. Era eso contra lo que luchábamos, lo que pretendía arrebatarnos a todos la magia. Y, después de haberla visto, ya no me quedaba ninguna duda de que sería capaz de hacerlo.

Cuando la Mano Negra desapareció, La Muralla entera quedó en silencio. Mis ojos aprovecharon para clavarse en la persona que la había invocado: una maga oscura de cabellos negros y voluminosos. Raven. Tenía que ser ella. La portadora del Secreto de la Oscuridad y mi contrincante en los duelos. Esa era mi misión: obtener el Secreto que daba poder a la Fortaleza de Aressher y, de esta manera, matar dos pájaros de un tiro (librábamos el Secreto de malas manos y a la escuela de magia negra de su fuente de poder).

Sabía que me estaba jugando mi propia vida, pero no tenía miedo, porque, si vencía, obtendría muchas cosas por las que valía la pena arriesgar la vida. Tomé las riendas de mi caballo y avancé por entre las filas de mi ejército.

¡Luchad! ¡Luchad por vuestras familias, por vuestro honor, por vuestra propia alma! ¡LUCHAD POR NUESTRA LIBERTAD! —clamé.

Mis gritos cortaron el viento y consiguieron despertar a mi ejército del ensimismamiento que les había causado la Mano Negra. Sobre la sangre del suelo, caían copos de nieve blancos, pero nadie les prestaba atención. Tras el impacto de la invocación de Raven, en su campo de visión solo había lugar para el enemigo. Y así, nuevamente, se escuchó el estrépito de las espadas al chocar y el silbido de las flechas y el crujido de los arcos al ser tensados. «Michelle, encárgate de mantener el escudo mágico», le ordené. «Los duelos ya no pueden esperar más».

Alcé la mano y conjuré un rayo de luz dorada que se perdió entre las nubes, a fin de llamar la atención de Raven.

¡Raven Darkhole! Estoy aquí para enfrentarme a ti en los duelos y, por eso, yo, Joseph Winterose, en representación del Concilio, te reto. —Dicho esto, me dirigí a todos los Secretos y sus contrincantes—: Es lo mejor para todos que nos enfrentemos cuanto antes, ya no hay por qué demorarse más.

«Te espero en el interior de La Muralla», le comuniqué a mi contrincante, esta vez por telepatía. Mediante un conjuro de teletransportación, me planté en la parte alta de La Muralla, donde ya aguardaban otros combatientes de los duelos, y nadie puso ninguna objeción ni hizo amago de atacarnos, pues, independientemente del bando al que perteneciéramos, la ley de los duelos era sagrada y, aunque solo fuera por una simple cuestión de honor, todo guerrero que se precie la respetaba.

Ahora, con los duelos a punto de comenzar, el futuro de la magia estaba en nuestras manos.

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Re: Capítulo I: Comienza la Batalla

Mensaje  Xehanorth el Sáb Dic 15, 2012 9:11 pm

In... increíble. Todo el ejército de Amy había sido aniquilado en cuestión de segundos. ¿Era ese el poder de la Mano Negra?

De pronto el miedo comenzaba a correrme en el cuerpo. Ahora no había marcha atrás. Debo seguir adelante. Por Guzmán. Por Narshel. Por Cres. Por todo.

Padre, dame fuerzas. La lucha solo acaba de empezar.
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Re: Capítulo I: Comienza la Batalla

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