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El juicio

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Re: El juicio

Mensaje  Joseph Winterose el Vie Mar 29, 2013 1:51 pm

Presencié todo el juicio contra Narshel sin pronunciar palabra porque yo no tenía nada que hacer en aquel caso. Porque sabía que todo era una farsa. Porque solo estaba esperando el momento adecuado.

Sin embargo, sentí pena por Narshel y por Michelle y un poco por Crescent y por William. Yo sabía mejor que nadie la angustia que se siente al estar en el banco de los acusados y, para la Señora de la Torre, que era inocente, debía estar siendo aún peor.

Hernôt, Aliwen y Nienna, por ser los miembros más recientes del Concilio, no sabían nada. El pobre chico nunca había presenciado los horrores de la muerte y de la guerra y se vio muy afectado cuando sacaron el cuerpo de Catherine. Yo me limité a bajar la mirada y a cerrar el puño, porque sabía que el momento se acercaba y estaba nervioso.

Narshel nunca nos perdonaría lo que le estábamos haciendo. Pero eso no importaba cuando se trataba del líder de la Necravia, el nigromante que llevaba sembrando el mal en el mundo y escapándose de la justicia más de cuatrocientos años.

Riak habló desde su escondite en la mente de William y creyó que nos engañaba a todos cuando él era el verdadero engañado. Primero intentó culpar a la Señora de la Torre de la muerte de Catherine, manteniendo la teoría de los experimentos, pero luego debió perder el control sobre el chico porque cambió inmediatamente su versión. Aquellas eran, sin duda, las palabras de William, porque estaban teñidas de una emoción especial. Porque yo sabía que esos eran sus recuerdos con respecto a la muerte de Catherine.

«Le está costando controlar la mente de William», le dije entonces a Haku, que esperaba en la atalaya. «Ahora es el mejor momento; tendrá todos sus sentidos puestos en mantener el conjuro».

Riak volvió a dominar las palabras de William justo cuando el joven iba a delatarlo. Manipuló el discurso de forma loable y tal vez consiguió engañar a los que no sabían lo que estaba ocurriendo, pero, para nosotros, era inútil. Shewë continuó con su papel viviendo cada minuto con intensidad e incluso llegué a pensar que disfrutaba inculpando a Narshel, aunque fuera mentira.

¿Se declara entonces culpable de la muerte de Catherine, señor Arkwright? ¿Acusa a Narshel de experimentar con su cadáver? ¡Responda, William, y sea consciente de que caerá sobre ustedes dos todo el peso de la ley!

La jueza estaba presionando a William para que Riak no desviara su atención del hechizo de control mental. Si yo no hubiera sabido nada, me habría creído, sin duda, cada una de las cosas que estaban pasando en el juzgado. Y, si el nigromante permanecía allí, eso solo podía significar que nuestra estrategia había funcionado y que el Concilio se preparaba para un momento histórico.

«Preparad todo para que no escape. Lo que he hecho solo servirá para ganar un poco de tiempo, pero no tardará en encontrar la forma de deshacer todos los conjuros», me pidió Haku. Lord Strord sabía exactamente cómo actuar en aquellos casos y lo tenía todo preparado para atrapar a Riak con la mayor rapidez posible.

«No te preocupes por eso; está todo bajo control», le respondí. «¿Está todo listo?».

«Sí. Venid cuanto antes».

Bien, ya era hora de acabar con todo aquello. Avisé a Lord Strord por telepatía y él, discretamente, se introdujo por la puerta trasera del juzgado. Alice y Anaë’draýl me miraron y yo golpeé con disimulo un frasco de tinta que había sobre la mesa, derramando su contenido. El frasco sonó al romperse. Esa era la señal.

En menos tiempo del que dura un parpadeo, casi todos los archimagos del Concilio se teletransportaron y desaparecieron del juzgado. El resto de los presentes (los otros tres archimagos, Narshel, los magos y guerreros que ocupaban las gradas y los testigos) permanecieron atónitos, preguntándose qué estaba sucediendo.

¡TODOS A LA ATALAYA, RÁPIDO! —grité, poniéndome en pie—. ¡HAY UN NIGROMANTE ALLÍ, NO HAY TIEMPO QUE PERDER!

Confusos y entre preguntas y gritos, todos empezaron a teletransportarse. Yo corrí hacia Narshel y la liberé de sus cadenas.

Lo siento, Narshel, ya te lo explicaremos todo. Corre, ve a la atalaya —le dije, en voz baja. La archimaga me miró sin entender y dudó unos momentos; hizo ademán de pedirme explicaciones, pero luego se teletransportó.

Finalmente, la sala se quedó casi vacía. Yo era el único archimago que quedaba y me acerqué a William y a la camilla donde reposaba el cuerpo de Catherine. Caroline corrió hacia nosotros, seguramente tan atónita como todos, pero, si dijo algo, no la escuché.

Tú te vienes con nosotros —le comuniqué a William, sin liberarlo de sus cadenas.


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Re: El juicio

Mensaje  William el Vie Mar 29, 2013 8:10 pm

Iba a responder a la pregunta de Shewë cuando, de pronto, todos empezaron a desaparecer de la sala. Joseph les descubrió a todos la presencia de Riak en Ekhleer y, aunque al principio no supe cómo reaccionar, luego caí en la cuenta de que el nigromante había desaparecido de mi mente y de que pronto sería capturado.

Narshel fue liberada y entonces me pregunté si todo aquello había estado planeado desde el principio, si había sido una estrategia para apresar a Riak. No lo sabía, pero, dentro de mi desgracia, me sentía mejor porque él por fin iba a pagar por todo el daño que nos había hecho.

«Tú te vienes con nosotros», me dijo Joseph.

Yo lo miré. Supuse que yo también pagaría por mis crímenes y era lo justo. Si me condenaban a morir lo aceptaría de buen grado, porque en el Otro Lado podría ver a Catherine de nuevo y le pediría perdón por todas las cosas que hice.

El archimago tomó el cuerpo de Cathy entre sus brazos y nos pidió a Caroline y a mí que nos acercármos. No lo miré, no dije nada. Aún estaba como en una nube. Después pronunció las palabras del hechizo de teletransportación y desaparecimos del juzgado del Concilio.

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